BATALLAS

Es preciso que no nos demoremos en elegir nuestra batalla del catálogo infinito de batallas cotidianas que debemos pelear aunque sea sólo emotiva o mentalmente…

Por Leo Müller.


El funcionamiento cotidiano.

 

Izquierda contra Derecha; UNAM vs Politécnico; Estados Unidos contra México; México contra Venezuela; Inmigrantes contra Nativos; Humanidades contra Ciencias; Ubers contra taxis; Santo contra Blue Demon; Batman contra Guasón; Humanos contra Extraterrestres… Hombres contra Mujeres; Feminismo contra Machismo.

Es preciso que no nos demoremos en elegir nuestra batalla del catálogo infinito de batallas cotidianas que debemos pelear aunque sea sólo emotiva o mentalmente: ¡todo sea por no perder mi identidad! Si no sabe cuál es su batalla, elíjalas todas y, conforme lo demande el flujo informativo, indígnese y emita imágenes y discursos de repudio por sus redes sociales. Organícese una marcha y después vuelva a empezar y vuelva a empezar y vuelva a empezar. Pelee, pelee, pelee. De golpes al vacío y grite a la pared lo mucho que la odia.

Sabremos con el tiempo, tal vez un día que vaya caminando (porque usted camina, no puede ir en automóvil) que estamos condenados al fracaso y a la falsedad. Esa es la idea. Usted sentirá de pronto que carga con una especie de cansancio interior, un cansancio como del alma. Una vez que haga conciencia de esto, recordará todos los esfuerzos que ha hecho por evitar vivir con esa carga y sabrá que todo es inútil. Usted está obligado a elegir la batalla, a defender y emitir una opinión, aunque se canse. Cada batalla generará otra batalla y otra y otra y otra. Todas de alguna manera virtuales, todas de alguna manera derivadas de la realidad.

Hay una especie de aire de ira, desprecio, odio y miedo en nuestra sociedad. Anquilosada como ha sido durante tanto tiempo, dura y violenta, nuestra sociedad trata de evitar esta lúgubre ambientación de sí con las luces emitidas por la pantallitas de sus celulares, con los faros de sus autos, con las series de televisión y el cine, con los libros y los títulos y cargos de toda índole, es decir, con todas esas cosas que difícilmente le reflejarán su monstruosidad. Porque si acaso algo sostiene nuestra común convivencia es nuestro gran gusto por el desparpajo y el disimulo, por la calma y el ritmo ininterrumpido de la vida, aquella que defendemos con actos sólo en nombre de nosotros mismos, pero de palabra en nombre de las grandes causas ya caducas desde hace tiempo. Por eso me parece extraño este circo de sombras que de mañana va a la escuela y por la tarde comenta en Facebook aquello que le preocupa de la sociedad, no de sí mismo, no la autocrítica sino la cursi y llana emisión de sonidos de falso compromiso. Hoy crítico de la epistemología literaria, mañana defensor de los masacrados… ya mañana violaran a una mujer y será mi compromiso incansable el que hable por mí. Total, si no lo hago yo, tarde o temprano alguien lo hará.

Así como algunos no pudimos con el fanfarrón de la esquina cuando éramos niños, algunos nunca pudieron cogerse a la modelo de televisa por zarrapastrosos, pobres y feos y quedaron con el rencor ahogado… y ahogados ahogaron lo único que de luz puede arrojar el mundo: luces falsas y viejas y burdas… como de putero. Porque ¿no es acaso que el mundo es el teatro que a diario me muestran todos cuando dicen vivir por las causas y los supremos bienes civilizatorios y comunes? ¿Yo? ¿Identificarme con alguna lucha? Sí, la de contra todo y por nada a cambio, porque para qué, si hoy puedo disfrutar el fruto prohibido que no probaría nunca si luchara por sus causas estúpidas. No se hagan, hijos de puta: ¿Quién lucho por mí para que no quedara zarrapastroso, pobre y feo?  ¡Cuántos prefieren financiar el teatro de la civilización en lugar de mirar el gratuito paisaje de pobreza y miseria en silencio! Sin opinar, porque aunque no lo parezca nadie les preguntó. Y si acaso tuvieran algo que decir ¡luchen una y otra vez hasta el cansancio!

Mientras usted hace eso yo me encargo de las regulaciones, los impuestos, las culpas, las sentencias, las compras, las importaciones, las exportaciones, la diplomacia, las multas, las leyes, el conocimiento, los pactos, los arreglos, la corrupción, la vigilancia, los castigos, el orden, la educación, el hambre, los descuentos, las comunicaciones, las calles, la iluminación… y como Hidra de Lerna me invento una institución (falsisisisisisísimo uso de la palabra institución) más y una más y una más y una más porque el teatro (falsisisisisisísimo uso de la palabra teatro) que usted paga es de gran producción. No lo olvide.

Otra cosa que regulo son las credenciales para el uso de adjetivos que además yo pongo a circular entre ustedes, ovejas del lenguaje que, cuando yo comienzo a ponerme muy abstracto y usted se espanta, adjetivan con gusto y sin freno: feminazi, chairo, burgués, puta, retrógrada, pendejo. Ahí diviértanse, vulgares y pobres ciudadanos del cosmos. Y si me necesitan, no se preocupen, estoy entre ustedes… infiltrado por supuesto. Tengo pretensiones de pastor del ganado que ustedes siempre representarán para mí.

Ciudad Universitaria, México.

leo.muller.platz@gmail.com

Imagen de portada tomada de

http://noticiastln.com/todossomosmara-justicia-para-mara/

Autor: Leo Müller

Caminante de la Ciudad, adicto al café. Especialista en nada.

Un comentario en “BATALLAS”

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