PROTAGONISMO

Por Leo Müller.


Sobre los falsos líderes.

 

Hay ocasiones en que se siente la ausencia de verdaderos líderes. Sin embargo, algunos agudos observadores se habrán percatado de que nuestra época carece del contexto y tecnología para producirlos de calidad. Lo anterior se debe a una confusión que a menudo privilegia la superficialidad de la pose sobre la autenticidad; por ello, a menudo se toma por liderazgo lo que es puro protagonismo.

El protagonismo es algo falso. Es la simple pretensión de ser el principal para centrar la acción y la atención en una historia también falsa… bueno, digamos ficticia. Algo se trata de obtener sólo para disfrute propio del que busca el protagonismo en toda situación.

Generalmente se ve a grupos de lambiscones alabando al protagonista para obtener el favor de tener también su simulación de gloria a costa de los que podrían más que merecer el título de principales, si de verdad el título existiera.

Es conocido que esta definición de protagonismo cobra dimensiones más que prácticas en el ámbito de la burocracia pues ¿dónde más se puede recibir tan prestigiosa instrucción, que dentro del esquema vertical que vive de producir falsas historias para enaltecer a los más grandes ignorantes e incompetentes de nuestra sociedad actual?

Así pues, tenemos que cuando se les necesita, los que hacen gala de protagonismo no saben qué hacer cuando, supongamos, sucede un terremoto. Pretenden seguir usando las mismas frases y estrategias que usan a diario para dirigir u opinar de todo, pero ahora su inautenticidad, su ignorancia y su chafés se muestra a la vista de todos. En medio de la necesidad cada uno saca a relucir el cobre.

Pero de pronto, muchos de antemano anónimos cobardes, en medio de la catástrofe siguen siendo anónimos pero se envalentonan para ayudar. Y nadie sabe cómo ni cuándo pero se organizan, en medio de las complicaciones nuevas más las cotidianas y muestran que algo sucede con la colaboración anónima sin protagonismos. Por supuesto, esto hace resentir a los protagonistas porque ahora nadie se fija en ellos y entonces, los identificará con más facilidad porque exagerarán aún más su falso y malo histrionismo protagónico.

De cualquier forma y lamentablemente, en algún momento, lo común es que los anónimos pierden estabilidad y se percibe la ausencia de algo, de una pieza, de un líder tal vez. En ese momento se desdibuja lo que al principio era puro nervio y músculo y, como no hay ejemplos a seguir, nadie quiere ser líder. Pocos logran tomar ese papel con autenticidad y se les agradece. Pero luego alguien les ofrece el puesto de líder y allí se jodió la cosa: extrañamente el título de líderes los vuelve inútiles.

Con este ciclo absurdo de circulación de líderes y protagonistas se regresa muy pronto a la normalidad, que en el fondo es lo que el protagonista quiere, pues es obvio que sólo dentro de la mediocre normalidad tienen efecto sus esquemáticas simulaciones, donde ningún adicto a las selfies podrá reprocharle su obsesiva insistencia en querer ser siempre el principal en todo.

 

Ciudad Universitaria, México.

leo.muller.platz@gmail.com

Imagen de portada tomada de

http://www.liadiznoticias.com/2016/11/nuestros-politicos-ganan-mas-que-la.html

Autor: Leo Müller

Caminante de la Ciudad, adicto al café. Especialista en nada.

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