MANIFIESTO DEL SÁTIRO

Por Lucio Severiano y Leo Müller.


 

Sobre las fuentes: el conocimiento pequeñito.

La época actual, donde todo es información, manifiesta como su símbolo característico lo que llamamos las nuevas tecnologías de la comunicación y la información. Todos tenemos acceso a todo y tenemos contacto con todos a través de nuestros juguetes favoritos. Esto nos ha hecho olvidar a menudo que vivimos con una falsa investidura de sabelotodo y sensación de omnipresencia que poco demuestra su efectividad en lo que respecta a la vida diaria, pues, si se mira con atención, al parecer lo que sucede es que con el cuento del conocimiento para todos se ha consolidado una nueva y más efectiva forma de manipulación. A menudo nuestro pensamiento toma la forma de la fuente de la que obtiene su supuesto conocimiento.

Según el bando al que ha sido obligado a pertenecer, usted adquiere el hábito de consultar ciertas fuentes de información y no otras. Ante dicho panorama tan erudito proponemos que no se olvide del papel que representa en este juego para los dueños del manejo y la producción de información: no es usted más que un simple contenedor. De lo que se trata es que usted reciba todo lo que le sea dado hasta el hartazgo; lo procese como pueda, como una computadora, y ejecute lo que se le ha bien ordenado que ejecute, en  la mayoría de las ocasiones en forma de voto.

Por ello el Sátiro dicta que abandone su pose de superioridad y reconozca que usted difícilmente poseerá algún día el acceso al Conocimiento con mayúscula, lo cual le deja con la sola opción de valorar el conocimiento pequeñito de todos los días. Ello lo invita a jugar de otra manera el juego diario de los manipuladores: dese la oportunidad de descubrir que lo que sucede todo el tiempo es un juego literario, gramatical e imaginario. Eso que dice el Presidente, lo que aparece en los periódicos y los libros que los universitarios leen (cuando los dejan), es un juego literario, es una forma de decir las cosas pero ni de cerca es susceptible de análisis o trasfondo porque no vale por su contenido sino por su forma. Lo único que queda es proponer su propia forma de jugar literariamente y a ver si así, de paso, nos topamos con algún contenido de verdad.

Sobre las letras: la verdaderamente benéfica pero falsa utilidad de las letras.

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Así visto, lo que proponemos es que no se angustie tanto por buscar la verdad ni por poseerla, porque de antemano eso es caer directo en la trampa de la manipulación. Ahora bien, tampoco crea que escapa a la manipulación: más bien se trata de que haga como que no se ha dado cuenta de que está siendo manipulado. Créasela pues. Y ni por asomo dé muestras de que no le importa en absoluto lo que sucede a su alrededor, aunque así sea. Antes bien juegue literariamente, busque significados escondidos hasta en las recetas médicas; diga que subió al baño y allí Dios le ha dictado los diez mandamientos, los cuales usted ha plasmado con suma fidelidad en un rollo de papel de baño que dentro de siglos los grandes filólogos estudiarán. Juegue con las formas, con los colores de lo que lee y escríbase algo con el mismo lenguaje de su fuente y hágale creer que es lo mejor que ha leído, visto, escuchado en su vida.

Entonces, en resumen, el Sátiro dicta que trate a sus fuentes como el séquito del Presidente trata al mismo Presidente, como si fuera lo mejor, aunque en el fondo no lo sientan.

Esta innovadora e interesantísima propuesta se fundamenta en lo que los científicos y filósofos actuales, sí, llaman la verdaderamente benéfica pero falsa utilidad de las letras. No sabemos si lo entendimos bien pero echando a perder se aprende. Lo que queremos transmitirle es el papel que juega la cultura escrita e intelectual hoy día. No es que creamos que no sirve pero sí que es merecedora de escarnio y burla, simplemente porque la clase que representa hoy a las letras es la que principalmente se arroga la misión de difundir el conocimiento todo y la que más anda por los pasillos de las universidades con esa falsa investidura de sabelotodo y sensación de omnipresencia, aunque no los conozcan más que en su casa y no salgan nunca de su cubículo del instituto.

Sobre la política: a la par de los intereses actuales.

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Hoy todos estamos hartos de la política. Mañana todos sabemos todo de política y opinamos con soltura. Pasado mañana la política es una mierda. Al siguiente día queremos que el delegado nos resuelva pronto. En las universidades se recuerda al viejo Aristóteles, pobre Aristóteles, y sólo se dicen unas cuantas líneas de algún libro suyo que habla de la política (¿cuál era?). La Política es importantísima.

Mientras, en los pasillos, los alumnos escupen sobre Grecia inmersos en la luz matamoscas de sus celulares: ¿qué miran tan atentos? Miran, faltaba más, las noticias. Están muy interesados en el acontecer del mundo, en los hechos que revelan el estado actual de las cosas, sí. Por supuesto, no están mirando esas nimiedades de las redes sociales, ni videos de sus ídolos, no. La política es importantísima, dicen. Están indignadísimos por los feminicidios, la corrupción, la migración, la pobreza, la desigualdad, los miles de muertos, la impunidad, la ignorancia, el analfabetismo, la guerra, los ecosistemas, el agua, las culturas, el respeto, la ciencia, la educación, la justicia, la memoria, el hambre, la locura, la independencia, la sobrepoblación, la ciudad, los transportes… ¡híjole no de veras!

Por lo tanto, en su labor solidaria y a la par del ambiente juvenil actual, sí, el Sátiro dicta que debemos estar interesados en la política, lo que sea que ésta sea, e indignarnos de las aberraciones de la época actual.

Sobre la sociedad: donde se revela la inutilidad de la palabra.

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Por favor, miré dos veces, tres, cuatro, cinco… antes de hablar. La desusada realidad se ha vuelto muy  cruel con usted, que un día descubrió que tenía lengua y comenzó a usarla más y más y más para… ¿hablar? No sabía usted ni se imaginaba el poder que tenía su lengua, ese insignificante pedazo de carne, hasta que comenzó a criticar al gobierno. ¿Un taquito?

El hecho de traerla integrada le sirvió para asumir demasiadas cosas, demasiado de prisa, a saber: que usted tiene derecho a expresarse. No antes habían terminado de decirle que tiene algún derecho y usted ya daba su opinión sobre todas las cosas existentes. ¡Ay, la democracia! ¡Tan viva, más viva que nunca!

La materialidad de su expresión depositada en la lengua era insuficiente para la raza humana y entonces vino algo todavía mejor: la era digital. Usted, que antes no escribía ni un recado, de pronto se encontró con la novedad de que la escritura sí servía, servía como una extensión de su lengua y su mensaje en código democrático. No antes le dijeron que tenía derecho a… cuando usted ya era un ferviente usuario de cuanta red social le invitara a participar. Desde ese día se ha comportado como un escritor consagrado.

La cuestión es que la facilidad con la que usted ascendió de puesto político, si es el caso, o con la que evolucionó al homo digitalis o zoon doxón (animal opinador, ¿quién puede corregirme el griego?) sin haber leído un solo libro ni entender menos que la gramática elemental, a pesar de estar ya en la universidad, se desprende de que usted desde siempre sintió que la cualidad abstracta de las palabras difícilmente podía influir en la materialidad de la realidad. Desilusiones aparte, cada mañana usted se encontraba con que el Reptil Mayor parlaba igual o peor que usted y eso no lo demeritaba, todo lo contrario: volvía chistoso el juego de la democracia burlarse de lo idiota que se mostraba.

Las palabras son muy volátiles como para tomarlas con cuidado, no debe pasar gran cosa en el ya de por sí arruinado planeta si hago una opinioncita chiquita, aunque sea misógina. En realidad, las palabras son un lujo que usted se atreve a ejercer porque se lo ha ganado a fuerza de trabajo.

Gracias a que usted comparte el orgullo de pertenecer a la especie que escupe mágicamente cosas que no se ven sino que se escuchan y que desaparecen al momento en que usted ya realiza una tarea menos democrática, como robar, violar o matar, ¡nuestro régimen funciona de maravilla!

¡Enhorabuena, felicidades por su espíritu democrático!

Imagen de portada tomada de 

http://www.firenzefiesolemusei.it/percorso1tappa6sdp/

Autor: Leo Müller

Caminante de la Ciudad, adicto al café. Especialista en nada.

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