FRÍA LEY, CÁLIDO DIOS

Por Leo Müller.


¿Cómo se gobierna la sociedad?

 

Existe un tipo de hombre fácilmente identificable porque siempre, como hombre de instituciones que es, va trajeado y advierte con todo el debido respeto que todos estamos mal menos él mismo. De allí que se diga que su trabajo es pelear y estar siempre en conflicto con los demás. A menudo irritan a las bondadosas almas ciudadanas que con su cariñosa calidez suelen resolver las cosas, las cositas, los asuntitos. Mientras que los primeros hablan de hechos y leyes, los pobres ciudadanos hablan de maldad y bondad.

Los ciudadanos están convencidos de que la ley es un frío instrumento de los malos para acabar con la felicidad de los buenos. Todo lo que sale mal es por la maldosa maldad de los malos. Su requeteinteligente razonamiento de antemano los excluye, porque los hace ver como los buenos, y, si no es que son puramente buenos, al menos lo que hacen lo hacen porque son guiados por el bondadoso bien. Miel, azúcar, flores y cursilería. Pero sobre todo, en palabras de ellos, es calidez. “Es que los extranjeros se sorprenden de nuestra calidez” “Es que los artistas extranjeros aman a México por la calidez con la que los reciben”.

Tratar de convencerlos de que la calidez es más bien un defecto y una posible causa de todos nuestros males sería un interesante ejercicio dialéctico que acabaría con el cálido merecimiento a que te partan la madre, como dirían con folclórico cariño.

Por otro lado tenemos que la ley es fría, firme, dura. Cargar con su pesadez, aceptar las limitaciones que nos impone y asumir la responsabilidad de nuestros errores ante ella, son los sacrificios que debemos asumir para mantener el orden y la convivencia entre todos. Los hombres que se sustentan en ella están convencidos de que el problema principal de nuestro país es que la ley no se aplica al pie de la letra.

Así pues, resulta que estar en contra de la ciudadanía es estar en contra de la bondad y estar en contra de la ley es contravenir el orden. Ambos son ataques contra la sociedad. Unos dicen “está en contra de las instituciones”, los otros que “está en contra de lo bueno, que es usted malo, amargado, contrario”.

Claro que esto es simple y llanamente lo que cada bando se dice a sí mismo y a los demás para explicar sus actos, para mentir y no quedar mal ante alguien. Ese alguien para el bando de la legalidad seguramente es el dinero, las influencias y el poder, tal vez un superior, el jefe, el presidente, el director, el rector. Por eso tanto énfasis en el orden. El orden es la estructura que les permite seguir haciendo de las suyas; el orden es la repetición cotidiana de lo mismo.

Ese alguien para el bando de la calidez es nada más y nada menos que Dios. Dios es un dios, en su caso, muy particular. Este dios no es precisamente Dios, sino Dios, porque Dios no permitiría ciertas maldades, pero su Dios sí, su Dios permisivo, compasivo, caritativo, flexible… ¿Confundidos?

El interés principal de los ciudadanos no es la bondad ni la maldad sino salvar su alma, es decir, mantener su consciencia tranquila y convencida de que ellos se merecen siempre algo mejor porque se han portado bien. Se merecen vacaciones, prestaciones, riqueza, educación, amor, belleza, sexo heterosexual, hijos preciosos e inteligentes y sueldos muy muy elevados y hasta se merecen un lugar paradisiaco para después de morir… ¡hágame el favor! ¿Y su nieve?

Estos dos bandos están en constante conflicto porque la firme creencia en el valor propio de cada bando le resta fuerza al contrario. Sin embargo, se necesitan mutuamente, porque el aval del otro para cometer sus crímenes es la mejor forma de mantenerse impunes, incluso ante el acto más perverso, esclavista, criminal y asesino que pudiera imaginarse. En ocasiones ese odio que se tienen se difumina brevemente cuando se intercambian despensas por votos, indultos por influencias, tranquilidad por poder. Es por ello que instituyeron aquella forma civilazada de arreglar los problemas con acuerdos, negociaciones.

Lo que queda frente al Gobierno del Orden por estos dos bandos incultos, mentirosos y ambiciosos, es una imagen apocalíptica del futuro, sino es que vacía. Mirada con atención, esa visión apocalíptica les permite justificar su existencia, pues si el mundo no se ha vaciado por completo, según ellos, es gracias a la Ley y a Dios.

Vivir en una sociedad donde uno tiene que adherirse a la fría ley y a un cálido Dios, mientras a diario ni lo divino ni las instituciones logran resolver nuestros problemas más próximos, cuando no creemos ni sentimos pertenecer a ninguno de los dos bandos, nos hace ver fríos porque no creemos en nada y demasiado ígneos porque todo nos irrita. Somos la nueva síntesis donde se ubica el devenir del Gobierno del Orden.

 

leo.muller.platz@gmail.com

Imagen de portada tomada de

https://lasillarota.com/congreso/senadores-de-pan-y-prd-critican-veto-parcial-de-pena-en-ley3de3/117125 

Autor: Leo Müller

Caminante de la Ciudad, adicto al café. Especialista en nada.

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