EL CERDO HA HABLADO

A mí no me engañas, ¡Cerdo!, ¡Gran Cerdo! Bueno sí. Llevo poco más de diez años pagando el servicio celular que ofreces. Pero incongruencias aparte, no me engañas.

A ti nunca te ha importado este país. Te he visto ya varias veces y sueles aconsejar de dientes para afuera. Propones y propones pero no pones el ejemplo. Eres un farsante más en este mundo de farsantes y haz contribuido como todos al hundimiento de este país de pobres, de hipócritas y de mustios como tú.

Eres lo mismo oportunista que Cerdo. Ahora resulta que llamas a la borregada de reporteros de los medios nacionales para darte una vez más tus aires de grandeza. Ojalá construyas tu aeropuerto y por fin, ya contento con el usufructo, guardes un perenne silencio del alcance de tu ambición.

Yo no creo que se hunda el aeropuerto, ¡Si no se han hundido con el peso de tu ambición y corpulencia, Gran Cerdo, ya nada puede hundirse más en este país hundido!

Una de las grandes virtudes de la lengua española es esa facilidad con la que puede usarse para dar envolturas inocentes y tiernas a las palabras de los más grandes hijos de puta de la nación. Entonces, ahora tú emites humildes opiniones en pro del beneficio de la nación. La nación de la que te has atascado como el Cerdo que eres para alcanzar el poder que le da sentido a tu vida, el combustible de tu ambición. Bien por ti.

A mí me da gusto que mis compatriotas se superen día a día: me da gusto que Aurelio Nuño termine de ler sus libros; me da gusto que Andrés gane amigos de entre, incluso, sus enemigos; me da gusto que Anaya viaje por el mundo y amplíe sus horizontes; me da gusto que Peña haya acabado la carrera con mención honorífica por la tan chingona tesis que se aventó a escribir, contra todo pronóstico por su deficiente intelecto, y le haya demostrado al pueblo iletrado lo que es un hombre de ciencia y letra con valentía y honestidad; me da gusto que cada día seas más rico, Cerdo. Neta.

El Sátiro y yo, Leo Müller, te enviamos un abrazo y a ver qué día que no estés tan ocupado hablando de negocios, nos echamos un vinito y unas putas extranjeras. Adiós.

LOS RIDÍCULOS

A veces uno tiene que encontrar la forma de no desaparecer de la consabida y borrega opinión pública, porque desaparecer implicaría que la manada ha descubierto que la carroña es la mierda de la cadena alimenticia y que ya no es necesario comportarse como plantas.

Así es como Meade (lamento mucho tener que mencionarlo), un dizque candidato a la presidencia, entiende las cosas: ¿o por qué entonces usa frases hiperbólicas cargadas de mentiras tan cómicas? ¿Por qué se ha apropiado del lenguaje popular alguien que creció en las altas esferas de la sociedad mexicana, desde donde nos ha mirado con lástima y desprecio? ¿Por qué le cambia el nombre a lo que ya lo tiene? ¿Por qué sobreactúa sus participaciones y poses?

Afortunadamente para mí, desafortunadamente para él, en su caso nadie ha dicho ni puede decir que está guapo. Ya de entrada, ahí se ve por qué este personaje no puede ganar la presidencia en un país que critica a los hombres por pensar con el pito pero cuyas mujeres aún nadie se atreve a decir que piensan con la vagina. Yo sí lo puedo decir.

Pero volvamos. El tipo este se rasga las vestiduras en prometer que va a cumplir lo que no se puede prometer porque no está a discusión, porque siempre ha debido ser así, por ejemplo: que va a ganar sin fraude alguno. Caballero, ¿y a usted quién le preguntó? Eso usted no me lo tiene que decir porque para mí es obvio: uno paga impuestos y vive en una sociedad civilidemocrática porque las cosas deben funcionar de cierta manera, sin fraudes, maldito cínico.

Sé bien que el paisaje político de nuestro país nunca estaría completo sin el candidato del PRI. Hemos aprendido que la vida es un bodrio de telenovela a lo Azteca Noticias o a lo Loret de Mola-López Dóriga, lo sé, no lo critico. Somos un país de ridículos que viajan en auto con reggetón a todo volumen, de parejitas que pelean en el metro, de pleitos familiares y de puestos de revista repletos de mujeres desnudas: somos ridículos.

Al pasar por el territorio nacional, los mayores avances tecnológicos y las más grandes ideas parecen un chiste ridículo porque aquí el Progreso es un sueño que se narra cada seis años para acudir a poner un tache en un costoso papel para luego dejar que todo siga igual. Así que yo espero que Meade gane la presidencia porque representa lo que somos. Nadie puede entendernos mejor que este tipo hablador, fingido, perdedor, tramposo y feo.

Vota por Meade. ☺

leo.muller.platz@gmail.com

 

Imagen tomada de https://goo.gl/xRpSFK