LECTORICIDAS

Leer, verbo simple, fácil de pronunciar. Es un verbo que a algunos les sonríe (miren esas dos “ee”) y a otros les pesa como un ladrillo. En parte depende de los caminos que uno ha sabido tomar: como sucede con el acto de vivir, algunos leen por obligación y otros lo hacen por gusto; pero para la sociedad contemporánea los lectores de verdad son los primeros, y los segundos son más bien demasiado relajados como para ser tomados en serio (también, igual que vivir).

Para los segundos la época creó Lectoricidas, que son una serie de estrategias y artefactos para acabar con esta mugrosa especie de escépticos y ociosos desinteresados; para los primeros, en cambio, creó especialidades, becas y otros incentivos bastante ridículos.

Pero no se trata de hacer bandos contrarios, no es el punto ser enemigos. A menudo, ambos seres lectores encarnan en uno solo, o conviven en las librerías, bibliotecas y cafés. Lo que sí, es que son reducidísimos los lectores en general y que los que suelen fastidiar más son los lectores por obligación, pues pretenden imponer esa misma obligación en el resto de la gente presentándose como ejemplos a seguir. Para ello crean cursos, talleres, campañas de difusión de la cultura y congresos, entre otras cosas, como si las personas no tuvieran suficiente con el trabajo, la familia, la escuela, los gastos y deudas… Son Lectores Lectoricidas, es decir, sabotean su propio trabajo porque mientras crean van destruyendo; mientras hacen van deshaciendo. Viven y no dejan vivir.

A este espíritu traidor del que formamos parte en mayor o menor medida, se suman ahora sí los Lectoricidas puros, nuestros verdaderos enemigos, que suelen ser los patrones del trabajo, nuestras tías ignorantes, nuestros amigos ingenieros o de ciencias, los pedagogos frustrados, los lingüistas de academia que no escriben, los actores y productores y directores de teatro y cine que se la pasan en Facebook y haciendo campaña, la policía, los grupos de choque y demás géneros porriles de la UNAM, los maestros de la UNAM, los directivos de la UNAM, las compañías de televisión, las niñas y niños guapos pero huecos que van a las plazas comerciales, los maestros de Idiomas del CELE de la UNAM, los funcionarios públicos, los ruidosos automovilistas… y un largo y eterno etcétera.

Así que lean y dejen leer.

ESTAR LISTO

Ahora los poetas crean frases a partir de pequeñeces y detalles que siguen más el flujo cotidiano del pensamiento que una intensión ajustada al ritmo, la métrica y la rima.

Si esas pequeñeces representan algo para ellos, suelen ponerlo como un verso, aunque a veces les apena la pobreza de su pensamiento y entonces decoran un poco las palabras, o buscan otra metáfora que purifique un poco su agua de mente sucia.

Así, visto de cerca, se parece mucho a lo que hacen los funcionarios contemporáneos. Tal vez por eso esos poetas son publicados por el Fonca o una de esas instituciones aburridas.

Y ciertamente de eso va hoy la poesía y la política: de ajustar pequeñeses en las palabras. En México, hoy, cada tema delicado se parlotea con indolencia y sistemática especialización. Por ejemplo, están a punto de aceptar la creación (aquí ya empezó la poesía de la política) de “La Guardia Nacional”. Y pululan miles de argumentos a favor y en contra… Mientras tanto, el tema vivencial y cotidiano es si los pobladores sin voz ni voto, sin especialización en “temas de seguridad” y además desarmados, es decir, la mayoría de los mortales, estamos listos para morir.

Mujeres, estudiantes, periodistas aguerridos, defensores de causas difíciles y el peatón o poblador común y corriente se pregunta cómo vivir su vida y al mismo tiempo si está listo para morir. Espero esta frase pequeña, “estar listo para morir”, represente algo, pues creo que pone en palabras si acaso los muertos de los últimos tiempos lo estaban o los tomó por sorpresa y dejaron muchos asuntos pendientes.

PARENTÉTICAS PARAGRÁFICAS

(No se acostumbra hacer largas parentéticas en los textos, pues se supone que simplemente funcionan como explicaciones prescindibles para el sentido de nuestras hermosas oraciones, nuestros contundentes párrafos, y por ello no hay que romper mucho la regla haciendo extenso aquello que olvidaremos al primer cambio de párrafo.

Pero como en este país (como me explicó un taxista hace poco) todo es posible (es decir, no hay reglas (o se pueden romper)) y la única regla es que no hay reglas (contradictoriamente), la constancia y el orden son algo así como un invento muy sofisticado, particularmente en cuanto al pensamiento.

A ver, vamos a abstraer, no se asuste. En cuanto al pensamiento, logramos dejar en suspenso la línea de pensamiento general para pasar a explicaciones prescindibles, fuera de la semántica fundamental. Dejamos atrás, muy atrás, difuminando hacia la subordinación lo principal y volviendo principal lo circunstancial, los puntos que creíamos más importantes.

Así, los miles de desaparecidos y asesinados, las miles de mujeres violadas y explotadas, el tráfico de drogas, el lavado de dinero, la falta de educación y oportunidades, las fracturas a los derechos humanos, la corrupción, las ordas de desplazados, marginados y abandonados, la pésima salud, la mole de la violencia y el control de las calles por grupos delictivos, la nula afectividad de cualquier institución (del ramo que sea), el cinismo de nuestros gobernantes, la dificultad para convivir con nuestros compatriotas, la sobrepoblación, los periodistas asesinados, al igual que activistas… son cosas que algún día fueron principales pero que ahora se encuentran desplazadas por un largo largo largo paréntesis: las elecciones.

Entonces, una vez terminada esta parentética paragráfica electoral, habrá que retornar al principio del texto para redescubrir de qué hablábamos, qué era lo principal, qué vamos a desarrollar primero). 🙂

AGRESIONES SEXUALES EN LA UNAM

A veces los chamaquitos se alocan. Incluso, por tantos problemas que uno carga cuando es joven, busca meterse en otros tantos, ya incluso asegurado el lugar en la universidad. Por eso mismo debe pensarse que las protestas para denunciar las agresiones sexuales acometidas por parte de maestros de historia, de informática y de un humilde trabajador de una cafetería en Prepa 5, Prepa 9 y CCH Vallejo respectivamente, son un invento más de la chamacada alocada fiestera.

De parte de algunos que aprovechan estos sucesos para ejercer su inalienable derecho  a la apatía y la indiferencia, o sea, de aquellos que no tienen de qué quejarse porque a ellos no les pasó nada, podemos esperar un silencio que, a decir verdad, no viene nada mal, porque no suelen tener nada interesante qué decir en ningún momento, sino siempre puras banalidades; y de parte de las autoridades de la universidad no cabe esperar nada nuevo: lo negarán siempre todo, incluso antes de investigar.

A algunos (la mayoría), les parece esto una contradicción: ¿cómo? ¿En la máxima casa de estudios (epíteto rimbombante, que suena como a penal de máxima seguridad de Almoloya), lugar donde se enseña el método científico, no se investigan los casos de agresiones sexuales contra sus alumnas? Pues no. La tradición escolar dicta que el alumno nunca tiene la razón.

En realidad, el modo en que funcionan las escuelas consiste en hacerle creer al alumno que se le está dando algo que nunca aparece: criterio, conocimiento, interés, entrega, creatividad y sobre todo, aquello que el discurso nacionalista exalta, ideas para mejorar nuestro país.

Pero ya ven, todo mundo quiere estar allí y todos se sienten parte de una gran misión celestial cuando acceden a la UNAM. Se obnubila el alma cuando en esa utopía general pasa algo que no concuerda, y siempre será mejor encubrirlo, no creerlo, taparlo, negarlo, porque si no, el sueño pierde esa aura áurea dentro de la cual todos parecemos diosas y dioses, héroes y heroínas (véase la gaceta de la UNAM).

Pero ahora cada vez es más difícil ocultar lo pedestre y silvestre de nuestras instituciones. Aunque el rector se empeña en difundir que en su territorio todo es lindo y aséptico, ahora también sabemos cuán incompetentes son las áreas jurídicas de la UNAM y cuán cerdos pueden llegar a ser su profesores hombres.

Heidegger fue discípulo de Husserl; Freud lo llegó a ser de Charcot; Marx lo fue de Hegel. Eso, en los libros, significa que aprendieron a refutar a sus maestros, a discutirlos, a contradecirlos. ¡Y miren qué resulto!

En cambio, yo fui discípulo (hace tiempo) de la maestra Reynalda, que daba pena; y hoy lo soy de otros tantos ridículos, ya en la polis sofocósmica. Y eso en la realidad quiere decir que si yo quisiera discutir con ellos sería imposible, ya sea porque no les interesa, ya sea porque piensan que yo debo obedecer y aprender, ya sea (lo peor) porque no saben, porque son más ignorantes.

Así, cuando un alumno tiene un ideario, un criterio, una pasión (que se supone que es lo que las escuelas se atribuyen fomentar en sus alumnos), las figuras de autoridad de las escuelas se dedican a ignorarlo y a callarlo, y a poner peros y trabas. Y si las alumnas de las escuelas dicen que sus profesores hombres las acosan y pretenden abusar sexualmente de ellas, las califican de mil maneras y las cuestionan (como no se permitiría hacer a ningún maestro o director); luego, las figuras de autoridad se hacen chiquitas chiquitas y dicen ignorar: perros mentirosos. 🙂

 

Imagen de portada tomada de:

https://www.animalpolitico.com/2018/02/abuso-sexual-cch-vallejo/

FIRMAS ESPURIAS

 

En efecto, ya se acerca la fecha con fama de opípara controversia sobre la que debo opinar: las elecciones mexicanas. Pocos casos tan particulares en los cuales se me antoja trasladar el significado del verbo opinar al de la palabra vomitar, y viceversa.

Soy proclive a declarar que las cosas grandilocuentes en este país, cuando se requiere de su fuerza y seguridad, se hacen chiquitas chiquitas. Así las Instituciones de esta gran nación que, ante las cosas más simples, resuelven como resolvería uno de esos animales bípedos llamados ciudadanos que cada vez que producimos en mayor volumen y en menos tiempo.

Hay una frase mexicana (como tantas frases pendejas que aprendemos aquí) que ajusta muy bien con lo que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación acaba de resolver sobre la validez de la candidatura independiente del llamado grandilocuentemente (a lo macho feminicida) El Bronco: ¡Tengan tantita madre!

Ya rebajado el discurso al nivel popular, que es el que se consume como pan caliente, permítame ahora ir cuesta arriba en la expresión verbal. Quiero pensar que este pueblo gentil del que tanto me burlo está cansado de los fraudes. Desde cierto momento en la vida cualquiera entiende que falsificar una firma es algo inapropiado, ilegal, tramposo y motivo suficiente de un gran castigo.

Cuando cursaba la secundaria existía un profesor que nos exigía que algún padre o tutor firmara las crónicas de clase (que él llamaba resúmenes) para que fueran aceptadas para la calificación. Solía amenazarnos diciendo que sin firma no aceptaba nada, pero como nadie era tan teto como para andar solicitando las firma a nuestro padre o tutor, pues la falsificábamos. Bueno, yo la falsificaba. Pero estamos hablando de una estúpida crónica de una estúpida clase que solicitaba un estupendo profesor.

Lo que aquí acaba de acontecer (como diría un policía mexicano) es una falta grave a la Ley y a los Procedimientos. No hay justificación. Además, si usted ya leyó Votos piratas, de mi amigo Lucio Severiano, se habrá enterado de los atropellos (figurados) a los humildes e inocentes ciudadanos (exceptuando a Lucio) que el tribunal acometió. El Tribunal necesita un Tribunal que lo Juzgue por la forma en que acaba de Juzgar.

Ésa es mi humilde vomitada.  🙂

 

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https://www.google.com.mx/url?sa=i&rct=j&q=&esrc=s&source=images&cd=&cad=rja&uact=8&ved=2ahUKEwjM7Oa1pO3bAhXip1kKHSViAjcQjhx6BAgBEAM&url=http%3A%2F%2Fanapaulaordorica.com%2Fel-pan-insiste-en-la-reimpresion-de-boletas-electorales%2F&psig=AOvVaw2zVf41TdyTFiCXlRBi-ny2&ust=1529963522095189

 

EL CERDO HA HABLADO

A mí no me engañas, ¡Cerdo!, ¡Gran Cerdo! Bueno sí. Llevo poco más de diez años pagando el servicio celular que ofreces. Pero incongruencias aparte, no me engañas.

A ti nunca te ha importado este país. Te he visto ya varias veces y sueles aconsejar de dientes para afuera. Propones y propones pero no pones el ejemplo. Eres un farsante más en este mundo de farsantes y haz contribuido como todos al hundimiento de este país de pobres, de hipócritas y de mustios como tú.

Eres lo mismo oportunista que Cerdo. Ahora resulta que llamas a la borregada de reporteros de los medios nacionales para darte una vez más tus aires de grandeza. Ojalá construyas tu aeropuerto y por fin, ya contento con el usufructo, guardes un perenne silencio del alcance de tu ambición.

Yo no creo que se hunda el aeropuerto, ¡Si no se han hundido con el peso de tu ambición y corpulencia, Gran Cerdo, ya nada puede hundirse más en este país hundido!

Una de las grandes virtudes de la lengua española es esa facilidad con la que puede usarse para dar envolturas inocentes y tiernas a las palabras de los más grandes hijos de puta de la nación. Entonces, ahora tú emites humildes opiniones en pro del beneficio de la nación. La nación de la que te has atascado como el Cerdo que eres para alcanzar el poder que le da sentido a tu vida, el combustible de tu ambición. Bien por ti.

A mí me da gusto que mis compatriotas se superen día a día: me da gusto que Aurelio Nuño termine de ler sus libros; me da gusto que Andrés gane amigos de entre, incluso, sus enemigos; me da gusto que Anaya viaje por el mundo y amplíe sus horizontes; me da gusto que Peña haya acabado la carrera con mención honorífica por la tan chingona tesis que se aventó a escribir, contra todo pronóstico por su deficiente intelecto, y le haya demostrado al pueblo iletrado lo que es un hombre de ciencia y letra con valentía y honestidad; me da gusto que cada día seas más rico, Cerdo. Neta.

El Sátiro y yo, Leo Müller, te enviamos un abrazo y a ver qué día que no estés tan ocupado hablando de negocios, nos echamos un vinito y unas putas extranjeras. Adiós.

LOS RIDÍCULOS

A veces uno tiene que encontrar la forma de no desaparecer de la consabida y borrega opinión pública, porque desaparecer implicaría que la manada ha descubierto que la carroña es la mierda de la cadena alimenticia y que ya no es necesario comportarse como plantas.

Así es como Meade (lamento mucho tener que mencionarlo), un dizque candidato a la presidencia, entiende las cosas: ¿o por qué entonces usa frases hiperbólicas cargadas de mentiras tan cómicas? ¿Por qué se ha apropiado del lenguaje popular alguien que creció en las altas esferas de la sociedad mexicana, desde donde nos ha mirado con lástima y desprecio? ¿Por qué le cambia el nombre a lo que ya lo tiene? ¿Por qué sobreactúa sus participaciones y poses?

Afortunadamente para mí, desafortunadamente para él, en su caso nadie ha dicho ni puede decir que está guapo. Ya de entrada, ahí se ve por qué este personaje no puede ganar la presidencia en un país que critica a los hombres por pensar con el pito pero cuyas mujeres aún nadie se atreve a decir que piensan con la vagina. Yo sí lo puedo decir.

Pero volvamos. El tipo este se rasga las vestiduras en prometer que va a cumplir lo que no se puede prometer porque no está a discusión, porque siempre ha debido ser así, por ejemplo: que va a ganar sin fraude alguno. Caballero, ¿y a usted quién le preguntó? Eso usted no me lo tiene que decir porque para mí es obvio: uno paga impuestos y vive en una sociedad civilidemocrática porque las cosas deben funcionar de cierta manera, sin fraudes, maldito cínico.

Sé bien que el paisaje político de nuestro país nunca estaría completo sin el candidato del PRI. Hemos aprendido que la vida es un bodrio de telenovela a lo Azteca Noticias o a lo Loret de Mola-López Dóriga, lo sé, no lo critico. Somos un país de ridículos que viajan en auto con reggetón a todo volumen, de parejitas que pelean en el metro, de pleitos familiares y de puestos de revista repletos de mujeres desnudas: somos ridículos.

Al pasar por el territorio nacional, los mayores avances tecnológicos y las más grandes ideas parecen un chiste ridículo porque aquí el Progreso es un sueño que se narra cada seis años para acudir a poner un tache en un costoso papel para luego dejar que todo siga igual. Así que yo espero que Meade gane la presidencia porque representa lo que somos. Nadie puede entendernos mejor que este tipo hablador, fingido, perdedor, tramposo y feo.

Vota por Meade. ☺

leo.muller.platz@gmail.com

 

Imagen tomada de https://goo.gl/xRpSFK

 

PREPOTENTES

Por Leo Müller.


Hace tiempo que nos han dado muestra de incapacidad absoluta, pero se empeñan en ocultarlo. Y tan difícil es, que se gastan muchos recursos en el juego de las simulaciones, en el retoque digital de la identidad. Su mejor pose es aquella en la que aparentemente detentan el poder. ¡Ay las autoridades, los puestos de poder!

Aunque ni siquiera haga falta, porque su fetidez, su pésimo uso de la lengua hablada, abundante en palabras demasiado manoseadas, su nula habilidad para escribir y su comportamiento calculadísimamente correcto los delata, de vez en cuando alguien los investiga y sale a la luz lo sabido por todos: que son unas finísimas personas.

Todo el tiempo buscan el modo de presumir sus logros, lo cual nos hace cuestionarnos en qué momento pudieron lograr lo que presumen si no se callan y se los ve siempre haciendo su autocampaña publicitaria: ¿a qué hora leen, trabajan, estudian, construyen?

Sus discursos acaban siempre con un autoelogio disfrazado de moraleja que, a decir verdad, para los que los escuchamos es un insulto que se antoja devolver, porque nos tratan como si fuéramos los humildes servidores de su saber y su éxito, mientras nosotros nos esforzamos en seguir siendo mediocremente unos don nadie.

Sienten que poseen algo que todos desean, es decir, ser el mandilón de una autoridad respetable; al resto de los mortales se nos congestiona la risa porque es evidente que ser mandilón no es nada deseable y que ninguna autoridad es respetable… ¿Pues qué no se enteraron de que Dios ha muerto? ¡Hay que ‘ler’ más eh!

Ante tan cómico estereotipo barato de personalidad que se cargan, su inconsciente suele convertirlos en algo así como un monstruo muy ridículamente tenebroso, es decir, en un prepotente: es algo así como un ñoño con una pistola, de esos que abundan en culturas angloparlantes. Ante el ñoñazo con pistola uno se reserva la risa para otro momento, pero el ñoño sabe que su poder se reduce a la cantidad de balas que le queden.

Desde niños los obligaron a ser los mejores, así que por ese simple hecho creen que lo son. La única forma de superación que conocen es a través del sufrimiento y luego, en sus ratos de soledad, esos ratos para ellos insoportables (porque en esa soledad no hay nadie a quien presumir nada), se preguntan por qué ningún hombre ni mujer los soporta. A menudo resuelven este problema con los hombres y mujeres comprándolos; aunque ante la sociedad se les note el odio que les tienen a las personas, nunca dejarán de sentir lo mucho que las necesitan ¿qué difícil no?

Todas estas grandes virtudes que los definen, virtudes cargadas de mucho histrionismo, hacen pensar en lo que popularmente se sabe: dime de qué presumes y te diré de qué careces. A todas luces son inútiles hasta para hacerse un sándwich y aún así creen que podrán resolver los conflictos mundiales con sólo alcanzar el puesto político más alto.

Ahora bien, todo parece estar dándoles la ventaja a pesar de que sabemos lo que valen… ¿por qué? Porque el orden actual nos hace creer que tienen poder, un poder que con un poco de organización hará ver lo que tienen bajo los calzones. El orden actual se muestra obsoleto cuando con un mínimo de poder cualquier loco bota la canica. Luego además, la sociedad les abre el paso a puestos directivos, rectorías y hasta presidencias.

Su palabra favorita es dictar y su inteligentísima estrategia de acción es implantar mecanismos para que todos se callen el hocico. Afortunadamente la abundancia de este tipo de personajes nos hace ver un horizonte muy prometedor, con oportunidades para todos. Ya ven que cuando la gente se harta, sale de vez en cuando un hermoso canto de protesta: de entre la cobardía reinante de hombres y mujeres, alguien por fin es congruente con los valores modernos. Lamentablemente en lugar de aprovechar que alguien ha alzado la voz para hacer coro, la mayoría decide callar como le gusta al prepotente: ya se ve porqué este espécimen animal llega tan lejos.

leo.muller.platz@gmail.com

 

Imagén de Diego Chacón®.

LA REGLA DEL JUEGO

Por Mauricio Bastida.


 

El séptimo arte, el arte de las masas, tan aplaudido y tan prostituido, lenguaje relativamente nuevo y verdaderamente bello, es una pena que se haya convertido en una actividad económica desalmada y haya dejando atrás su propiedad primigenia de exploración y búsqueda de la belleza. Pero no todo es amargura, aún hay numerosos creadores que hacen cine con el respeto que cualquier arte se merece, la mayoría de las veces con pocos recursos pero muchas ideas, realizadores que aportan a la cultura cinematográfica; pero a falta de canales suficientes para su promoción, su recomendación y su distribución es muy difícil dar con ellos.

El propósito de este escritor novel y amante del cine es crear un canal accesible donde quepan las propuestas más interesantes del séptimo arte, sin importar la nacionalidad, el estilo, la época o si es independiente o comercial, como quien dice, poner mi granito de arena para la exploración de nuevos horizontes, o si gusta, para poder hincar el diente en lo más sabroso, sin más pretensión que compartir mi opinión con el lector, dejando atrás esa vaga y necia tendencia a calificar numéricamente una película ¿Alguna vez ha visto la calificación de un Goya o de un Turner?

Truffaut decía “todos tienen dos oficios: el suyo y el de crítico de cine” y yo que no soy ningún Bazin ni ningún Truffaut, no me siento con el derecho de decirle qué ver y qué no ver. Cada quien tiene su libre albedrío, su servicio de streaming favorito y su cine más cercano. Con tantas opciones para escoger sólo pretendo ser un guía, escarbar en el mar de opciones y rescatar algo interesante.

Hoy las buenas películas nacen en cualquier nación, hoy se hacen películas hasta con el celular, pero lamentablemente hay pocos ojos que volteen a ver. Hollywood ha creado el sistema perfecto de producción, para nuestra buena o mala suerte, no nos deja un fin de semana sin una nueva opción, sin dulces visuales fácilmente asimilables. No los condeno, a quien no le gusta pasar la tarde divirtiéndose con una nueva entrega de James Bond o de Star Wars, pero lamentablemente esa sobre exposición nos ha atrofiado, el lenguaje cinematográfico hollywoodense se ha impregnado en nuestras venas, ya nos hemos acostumbrado a su sintaxis. Espero no me lo tomen a mal es un estilo hermoso si es utilizado con maestría, como lo han hecho Scorsese o Coppola, entre muchos otros ¿pero por qué rehuir diferentes miradas y relatos? se requiere un esfuerzo lo sé, se requiere paciencia para ir asimilando ritmos distintos, diferentes rostros en la pantalla, otros estilos.

El cine como cualquier otra disciplina artística, requiere de estudio, no solo para la creación, también para la apreciación, se necesita un poco de paciencia para amarlo completa e irremediablemente, se necesita una sumergida con verdadera curiosidad en ese mundo maravilloso donde una película puede conmover intensamente y dejar su huella de por vida.

 

Imagen de portada tomada de :

http://pacificmeridianfest.ru/peoples/siro-gerra

DE GUAJOLOTAS Y EMPUTAMIENTOS

Por Amaranta Armadillo.


 

 

Cada día me levanto emputada, y no es por problemas gástricos ni por lo que algunos lectores avezados diagnostiquen como “mis días” (como si no hubiese una mejor explicación para la indignación femenina que no sea estar al borde de la locura uteral o sobrepasada de hormonas, esas cosas del diablo que al parecer los hombres-hombres no tienen). No, me temo que no es indigestión, ya he probado de todas las medicinas y ya ni el pepto me hace efecto. Aún así, siento como si trajera media guajolota atorada en el pescuezo del estómago, como si  el café de la mañana me hubiera terminado de joder los riñones ya de por sí machacados por la estática del oficio (o perjuicio) de ser tesista.

“A de ser el pinche colchón que no me dejó dormir otra vez”. Pero no, esto se siente como una bronca que está esperando a ser despertada, como un pleito aguardando en medio de un puño cerrado… que me quiero comer un pollito con alguien, pues… pero con quién y por qué (antes de empezar a repartir golpes hay que hacer al menos esas dos preguntas  para que los efectos de la tranquiza no le toquen a un pobre desprevenido que sólo vaya caminando por ahí).

Bueno, ya hay que despertarse, hacer el cuarto y bajar a desayunar para salir corriendo al trabajo. Mamá ya está levantada como siempre antes de las seis. Ya fue a la leche y ya está haciendo el desayuno y el café, se irá a correr en cuanto acompañe a su esposo a la salida para después hacer las compras del día y volver a casa para despertar a los hermanos que quedan aún guardados en sus camas, después aseo y más aseo, lavará como más de tres kilos de ropa, se peleará con sus hijos por ver quién va por las tortillas, esperará a que le dejen poner su “ruido” (la radio) y ponerse a tejer, después a que le suelten la tele y pueda ver algo que le guste (su telenovela de las ocho) y a preparar de nuevo comida para su marido, esperarlo para irse a dormir y empezar de nuevo otra vez.

Terminado el desayuno, a correr. Toca subirse a la combi, apretada hasta los huesos, esperando que no se me mallugue la mercancía que voy cargando. El vato que va a mi lado ya perdió el control de su cuerpo y viene desparramado encima de mí. Veo de qué forma no importunarlo tanto, pero que no se pase de lanza. Es interesante verle las caras a las mujeres: todas con un no sé qué de incomodidad que no sé si viene de los morros desparramados cual queso en comal o de las patotas abiertas que se cargan, como muy a la huevos de oro (pinches lingotes de papel maché que se cascan de sólo decirles que cierren el escaparate, que nadie anda buscando impresionarse y si lo buscáramos lo haríamos con los precios del transporte público y no con su frágil virilidad).

Ya, al metro. Sección de mujeres a fuerzas, porque al menos acá no andan queriendo probar la calidad de mis enaguas en cada frenón que damos. Vale cheto, somos un chingo, ¿por qué solo tres vagones para nosotras? No manchen, ya ni me puedo mover… literal. Al menos una señora se ha ofrecido a cargarme la bolsa, ya saben para que no estorbe y no se vuelva un arma mortal saca-costillas.

Pantitlán y sin división de secciones, vamos a guardarnos todo, hasta las piernas de ser posible. ¿Ese man me está tocando o sólo es el movimiento del metro? Y aunque lo fuera, puede quitar la mano ¿no? Momento de cambiar la bolsa puntiaguda de lado y pegarnos al tubo, abraza el tubo, el tubo es tu amigo, así ningún flanco queda sin resguardo. Bien, lo logramos, línea tres… Sección de mujeres, sección de mujeres… ¡Maldita sea, aún no está la división! Tapate las piernas, recárgate en la puerta, ya no falta mucho.

Quevedo, corre al camión, pero no tan rápido y no muevas tanto la cadera que luego se la toman personal y creen que va con dedicatoria. Otra vez el compa del microbús, chance si no le ves la cara no te hace plática. ¿A las cuántas veces de decirme que me veo bonita espera que suceda algo que no sea un “ya me voy”?

Por fin, tarde pero seguro, llegué al trabajo. En la koperativa (con k porque somos panks) somos al menos cinco mujeres y nunca he entendido porqué siempre le preguntan los precios y le quieren pagar a los vatos, aunque no sean de ahí. No sabía que se necesitaba un pene para contar… Después de unas cinco horas, o más, terminamos jornada.

De regreso paso por el puesto de revistas en lo que espero el trolebús. ¡Mira es un retrato perfecto del capitalismo! Ahí tenemos las revistas que gritan “invierte, endéudate y se un emprendedor” (con o), las otras que te susurran más bajito, pero más constante “gasta, gasta, que para eso se hizo el dinero, hay carros, video juegos y más… gasta comprador” (con o), después la ciencia al servicio de la técnica y las universidades como escaparate de la modernidad. ¿Hay alguna revista en la que aparezcan mujeres? Sí, claro, ellas también deben consumir (se). Belleza y producto: “Cómo perder veinte kilos en un mes”, “El secreto de (inserte nombre de famosa aquí) al alcance de tu mano”, y después, “Ve a (inserte nombre de famosa aquí) como nunca antes la habías visto”, “Mamacitas que también hay que festejar en este diez de mayo”… ¡Ay, de nuevo la guajolota!

Vamos para la casa: pégate a la puerta, ve atenta, recuerda lo que pasó la última vez por ir en otro mundo, ponte la chamarra, pégate al tubo, no sonrías tanto o creerán que coqueteas, seria, haz fuerza en la espalda y no dejes que te avienten o que te remitan a la esquina, camina rápido ya es de noche, voltea adelante-atrás-adelante, ten las llaves en la mano. Llegaste a casa, pasaste la puerta, estás bien (¿bien?).

Cada día me levanto emputada, ¿acaso ustedes sabrán por qué?

 

Imagen de portada tomada de:

https://culturacolectiva.com/arte/zachariah-johnsen-explosiones-de-color/