SONATA A PIE DITIRÁMBICO MENOR EN ANTISTROFAS ACENTUADAS PARA CORAZÓN NERVIOSO NO. I

Sonata a pie ditirámbico menor en antístrofas acentuadas para corazón nervioso no. I

o

Fantasías prosimétricas & variaciones futuristas a la manera de los Schumann:

Semper tibi devotus, et tuo amante

 

 

I

 

En alguna sonata

te esconderé cuidadosamente.

¡Oh! Cómo me llamarás con angustia,

incorregible culpable,

por haberte acercado a mí

durante un instante.

Tu sueño, desaparición

donde la muerte es apenas holocausto al silencio.

 

  • De Séptimo libro, ciclo Poemas de medianoche. Llamado. A.A.

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A Pushkin

15483989996084924379211814786628.jpgQuerido Pushkin,

Hace tiempo que no me hablas de tus aventuras por el Cáucaso & de las palabras magnánimas de los profetas, de cómo la libertad puede lograrse a fuerza de creencia en un mundo descreído; ya no me has hablado de las prisiones del hielo, las memorias secretas de los ateos & de cómo los gatos sabios cuando toman la vuelta izquierda cantan música secreta & a la derecha cuentan cuentos para el atento.
Bueno, amigo, sabrás que en esta distancia temporal & en esta época hipócrita, los hombres ya no se entregan a nada, a no ser al vacío inmediato de la brevedad, ¡vaya! Ni los poetas cantan palabras con sangre o carne, el canto encarnado ya no existe.
Seguro eso te desilusionará. Ya nadie te lee a profundidad, te volviste un aburrido libro de poesías e historias encuadernado para un conjunto de idiotas que no sienten nada, algo así como Eugenios de un siglo bastardo; nadie, como tú lo hiciste, lleva un vivir con nervios & arterias inflamadas, nadie como tú sobrelleva el exilio de una manera auténticamente carnal; lo cierto es que nadie en esta época piensa a la romántica ni a la irónica. Nadie como tú morirá ahora en duelo por una mujer, ni nadie vivirá como tú por una mujer hasta la muerte. Ahora te tachan de mujeriego & de pobre tonto, de loco sin causa & de imberbe.
Te entristecerá enterarte que ahora los pueblos se matan más horrendamente, que las creencias se han rasgado en fragmentos, que el histriónico discurso escolar se afirma con mayor CUADRATURA & que los amantes se han transformado, los unos a los otros, en adornos de sueños irrealizables en favor del bienestar personal & la individuación & otras cosas más & también otras cosillas más & otras cositititas más diminutas.

Visité tu monumento hace unas cuantas semanas durante la noche erial. Te encuentras ahí solo, como nosotros ahora, nadie te voltea a ver ni te presta atención. ERES UNA PIEDRA SIN SENTIDO. En otra época, chavos como yo, sobre tu monumento habrían escrito poemas y versos sueltos del corazón o el hígado. Nadie sabe que fuiste Aleksandr Serguéyevich Pushkin, un poeta chingón que amó sin finalⁿ, pero ahora sólo eres un recuerdo miserable a punto de perderse, al igual que toda la poesía pasada y que sobrevendrá.

Mi viejo amigo, los hombres de esta época están entregados ávidamente a la nada total & a la horrible descreencia. Ni siquiera somos hombres, somos cachitos de hombres. Hablan de coodepencia & de autoestima, de promesas de bienestar & de superación individual. Todo ello aumenta en los cerebros de cada uno. Pero de fondo pareciera haber sólo escape, huida sin salida, simulación & camuflaje de problemas irresolubles. No lo sé…, lo dejaré a tu consideración, pues te tomo por un hombre más juicioso & sincero.
Viejo amigo, ya me puse triste. Ya sabes que así me pongo al leerte.
Me voy. Cuídate siempre.

Tu mejor amigo a la distancia, L. S.

BORRÓN & CUENTA NUEVA

La última vez que me tomé el tiempo de escribir un texto para la revista satírica fue más o menos hace medio año. E iba -me parece- sobre la furia imparable de la pujanza democrática: un poco de chanchullo perteneciente a las voces hiper críticas de nuestros días, como es usual.
Los discursos repentinos ahora se guardan en el baúl del sin recuerdo.
Borrón & cuenta nueva.
Semejante a mis ganas de escribir, algo intermitente, por espacios, así como de vez en cuando, de tanto en tanto. Porque así como me aburro rápido de escribir, creo que igual en general nos aburrimos de criticar (berrear). & ¿Luego? & Luego lo que sigue.
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PLACERES ANTIGUOS, PLÁTICA CON JOY DIVISION

 

Desearía ser una pintura de Dalí que adorna tu muro.

Desearía ser una pieza heroica de Ricardo

a que prestaras atención.

Si tú quieres, quizá,

una Tragedia abierta en tus manos,

O tal vez, una crisoelefantina del maestro Fidias.

 

Añoro volverme danza que coquetea a tus pies

y piernas, cual tango apasionante

en fantástica

estructura barroca

de los siglos coloniales.

 

Si me pertenecieran tales espíritus destrozados,

poseería toda la magia

y posible sería

para mí grabártela en cinta

de película

o montarla en escenografía.

 

Eso fuera agradable.

 

Un loco Quijote que perdido en el bosque

de las Furias sigue buscándote;

un delicado rostro y joven

negociado

por el Demonio.

 

O el pequeño Poe

o tal vez Benedetti.

 

Si los antiguos poseían el mito de Troya,

yo tengo el mito de ti.

Si los púnicos a Dido,

yo te tengo a ti.

Si Colatino a la casta Lucrecia,

yo a ti.

 

No podría compararte ni siquiera con las bellezas

de la vieja Babilonia, porque son viejas respecto de ti.

Ni siquiera las Sibilas

se asemejan a tu encanto,

inspirado en Apolo.

 

Y mucho menos el círculo de pitagóricas

que, reunidas, podían hiptonizar a los hombres;

pues tú, mirando,

helas al varón,

como poderosa Medusa.

 

Mi amor, no seremos

desgarrados

de nuevo por el amor.

🙂

 

Imagen de portada tomada de:

http://indiespace.com.mx/resena-joy-division-unknown-pleasures/

 

A LEO M.

Estimado Leo, mi vida ha corrido a tropezones los últimos meses. Ésa es la razón final para excusarme por no haberte contestado la carta que me enviaste en abril. ¡Han ya pasado tres meses! Y ninguna palabra me ha sido posible escribirte. La culpa está en mí. Penitencia. Y tú más que nadie ha sabido el estado de ánimo en el que me he encontrado y cuánto de pesar e incertidumbre me ha costado el sobrellevarlo. La vida nos da vueltas a una velocidad similar a los rieles de las bicicletas, ¿cómo podríamos leer en bicicletas destartaladas y sin frenos que cada vez más aceleran su velocidad? Eso es cosa de misterio; espero que en tu próxima carta me lo expliques –si no es molestia- porque mi chirimoya no da una.

De asincerarme, me vería obligado pues, a referirte de nuevo que no me encuentro del todo bien: he salido de los dolores de estómago, las infecciones, el colon hinchado ha regresado a la normalidad (¿te acuerdas, Leíto, cómo me encontraba en los primeros días? ¡A punto del suicidio, y no el meramente lógico!); le bajaré a las colillas de las Vanguardias, lo prometo; tomo mis vitaminas para las jaquecas precipitadas. Las más de las veces reflexiono en lo que pudo ser (¿sabes?) esa nueva vida en otra dimensión, la que no pude alcanzar; a tres meses lo único que me queda comentarte es que sigo imbuido de amor, por lo cual a veces me mortifico por mis errores que no pude resarcir. No sabes cuánto la amo, no sabes cuánto me arrepiento de mis fracasos… Y en los peores momentos –que siempre están presentes-, me percibo como en una cercanía a la par que una lejanía. Eso es cosa de admirar; también espero, abusando de tu amabilidad, que en tu respuesta a estas líneas, me expliques de nuevo aquel poema tuyo, el de la órbita, magnífico, no te hagas güey. Con tu diligencia, seguramente no te costará nada dibujarlo para mí.

La otra vez estuve a punto de largarme. Enrico me invitó a Yucatán, me dijo que allá podría trabajar para él. Tal vez de corrección, o alguna cosa por el estilo. Estuve así de aceptar. No lo hice. Me he querido ir a vagabundear, pero no tengo el valor aún, ni el varo. Es más que probable que dentro de poco vaya un tiempo a Guatemala. Quién sabe.

¿La novela? Ahí va…, la verdad es que tiene tres semanas que no escribo ni un punto. Me he atorado en la justificación, aunque tengo temas en la cabeza que tocar aún; se podría decir que, de la justificación, no llevo ni la mitad. Como bien sabes la justificación, el principio, la primera parte, es la mitad de la novela, pese a que hace las veces del final, o de un primer final de la obra; la otra mitad es propiamente la narración de las aventuras traviesas de mi héroe. No me preguntes ahora por qué la disposición invertida; no es casual, es totalmente intencional. Y seguro que me preguntarás por qué razón llamo héroe a mi personaje, siendo un tipo tan execrable. Eso es asunto de otro costal que en diferente ocasión me tomaré el tiempo de contártelo. Leyendo los Detectives se me ocurrió un epílogo que probablemente me podría dar pautas para hacer una secuela. Eso ya no lo sabemos con certeza. No comas ansias.

Me he alejado un poco de los sacramentos de la novela por causa de la lascivia del Sátiro; más bien es que la que recorre mi lengua y me susurra al oído es la burla satírica en estos precisos momentos. Todo este pancho y revuelo sobre la democracia y la política en este país de desorientados me ha puesto a pensar una cosa: que te sigues equivocando, amigo mío; que Castoriadis se ha vuelto un librito para hacer chocolate caliente y que eres un iluso por seguir creyendo en ese régimen de locos. Ni si quiera los hombres más sabios duraron con esa forma de gobierno. ¿Cuánto tiempo fue desde la época de Pericles hasta la muerte de Sócrates sin contar el tiempo de los Treinta? Ay, amigo, en tu nobleza te van a chingar los innatos demócratas.

Tenemos muchas cosas que hablar, sobre todo en torno a lo que ahora te está pasando. Primero serénate, aquí me tendrás por cualquier cosa. Debes ir al doctor, no vayas empeorar. No te quiero ver igual que yo.

Luego nos vamos a recorrer la ciudad. Tengo muchas cosas que decirte. Muchas cosas que planear. No te hagas güey, te las enumero, porque eres medio idiota para los números, al igual que yo: Reformar el Sátiro y sus secciones; la novela a cuatro manos, establecer la trama y personajes; planear la entrevista a Pablito –está recotorro ese viejito-, ir a Amsterdam a ver si nos encontramos al loquito de la Puta… y otras cosas que se me han olvidado.

¡Mira qué cosas! Esto ya se extendió más de lo debido. Espero tu carta próxima, viejo amigo. No olvides a tus amigos, porque en el momento que lo hagas, te olvidarás a ti mismo.

P.D., Los Consejos están poca madre. Gracias por presentarme este nuevo mundo que, dos veces visto, no es tan nuevo para nosotros.

Tu amigo. L.S.

03 de julio, 2018.

🙂

Imagen de portada tomada de:

https://despuesdelhipopotamo.com/2015/02/18/bolano-archivo-exposicion/los-detectives-salvajes/

UN DÍA EN UN CALL CENTER

Por Eduardo G.


 

Seguro estoy de que todos, en algún momento, hemos sido víctima (y en muchos casos, en los momentos más inoportunos) de algún asiduo vendedor que, por vía telefónica, trata de ofrecernos un producto que, con seguridad, no sólo no queremos o no necesitamos, sino que hemos rechazado infinidad de veces… dentro de la misma semana (o incluso, no lo sé… dentro del mismo día). Esta labor, que pudiera parecer molesta o monótona, parece cada vez más ponerse de moda entre los jóvenes, sin importar de qué rubro social provengan, o bien, llámese estudiante o cabeza de familia. Sin embargo, pocos conocen la naturaleza de un trabajo como éste, lo que implica y la relativa dificultad que exige para poder desempeñarse como es debido.

Con frecuencia, uno, al responder a este tipo de llamadas, puede pensar que se puede tratar de una broma, de una extorsión o, simplemente, un asedio total de una empresa para que termines comprando, sí o sí, el servicio o producto en cuestión (algo que, sobra decir, está más que penalizado… pero, claro, hablamos de nuestro México lindo y querido). Nada más  lejos de la realidad.

Para resumir de forma concisa la experiencia de estar del otro lado del teléfono (aunque en realidad, usamos una computadora), es necesario decir que un ejecutivo telefónico no es más que una víctima de las rigurosas políticas de la empresa para la cual trabaja, sometidos a un monitoreo constante de su labor con el fin de verificar que en todo momento, se cumplan con los estándares de calidad requeridos por la empresa en cuestión. El ejecutivo telefónico no tiene opción, debe de contestar la llamada que “le caiga”, sí o sí, y así la persona que conteste exprese de forma un tanto… efusiva que no le interesa el adquirir producto (o bien, el servicio) que se le está ofreciendo; es obligación del ejecutivo mencionar la oferta comercial al cliente y no sólo eso…: ¡Y HACER, CONTRA VIENTO Y MAREA, QUE LO ADQUIERA!

Obviamente en la inmensa mayoría de los casos, esto último no se logra, teniendo en su lugar una violenta oposición por parte del cliente final; pero a lo que voy es a que, por más molesta que pueda resultar una llamada de ese tipo, finalmente quien la realiza no tiene alternativa. Así el producto haya sido rechazado por esa misma persona varias veces o se queje de un continuo asecho por parte de la empresa que llama, el trabajo debe de realizarse, y con toda la presión que los supervisores ejercen sobre su personal.

Oh, cierto, no he mencionado las jerarquías dentro de un Call Center convencional. En realidad no es tan importante y las mismas no son muy complejas, simplemente podemos decir que el ejecutivo telefónico está en la base de la pirámide, mientras que los supervisores simplemente están un escalón (o dos) por encima de los responsables de “hostigar” al cliente. En resumen, los supervisores son los que se encargan de “mejorar la productividad” de un determinado Staff (equipo de trabajo conformado por un supervisor y un conjunto de ejecutivos telefónicos), dicho en otros términos…: se encargan de exigir ventas a sus subordinados sin importarles las dificultades que se puedan suscitar durante la labor.

La jornada laboral promedio de un Call Center es de 6 horas, con solo 10 minutos para ir al baño y 20 minutos para comer. El sueldo base suele ser paupérrimo, y sólo tienes oportunidad de expandirlo por medio de las comisiones que generas al concretar tus ventas. Para resumir, sólo quisiera hacer una cordial invitación a quien tenga la oportunidad de leer este texto, a que, cuando les llegue a surgir este tipo de llamadas, simplemente respondan con amabilidad. Hay que recordar que el operador telefónico no tiene forma de evitar un número telefónico que ha sido “quemado”, y de cualquier forma tiene que continuar con su script de venta. 🙂

 

Imagen de portada tomada de:

https://www.abc.es/internacional/abci-nueva-esclavitud-trabajo-call-center-33-centimos-hora-tarento-italia-201802271432_noticia.html

LA FUERZA DEL VOTO

Hace siete meses robaron mi información personal para hacer uso de ella en beneficio de las elecciones. Se supone que el culpable fue un candidato independiente a la presidencia. En aquellos momentos, después de la deleznable cita con la FEPADE, se me prometió que, al poco tiempo, se atraparía al culpable. Una institución pirata e hipócrita, la INE, vino, descaradamente, a buscarme para aclarar el asunto. Me negué. Yo tenía que ir a aclarar las cosas porque no supieron (?) que ellos fueron quienes desviaron la información desde su misma base de datos: información que me fue dada por la FEPADE.

Transcurrieron los meses, y nunca apareció el pirateador de votos y de firmas espurias; no se le encarceló. La FEPADE prometió que al poco tiempo brotarían las notas en los periódicos sobre el infractor. La FEPADE no volvió a llamarme; en el periódico no hubo notas sobre el presunto pirateador. Lo único que sucedió, para mi satisfacción, es que en las redes fue esparcido un video sobre el total fracaso de la INE, como institución electoral: ridículos trabajadores que no hacen su oficio, información filtrada, y una gorda que no sabía qué decir frente a las cámaras y el notario.  IFE, INE, y ¿ahora qué sigue?

Luego, Marychuy, quien parecía la más limpia entre todos, no calificó –o más bien, la descalificaron quién sabe por qué razones- para la candidatura y los debates: la prensa y el pueblo gentil no hizo demasiada mención sobre qué aconteció con Marychuy. Luego, vinieron los debates de cinco verduleros: una mujer sin talante e incapaz de expresarse oralmente –que además, como quien dice, no aguantó los putazos y se salió-; un ridículo que corta manos y quien probablemente espureó mi información;  un mocosillo que en videos, speaking english, afirma que con sus technologys enterprises logrará el cambio –no sé de qué cambio habla-, pero totalmente lo contrario de lo que sostuvo hacer como líder; otro tonto sacado del Parque Jurásico que dice que va a ganar sin fraude, pero que amenaza a los trabajadores para que voten por él, y el menos peor que nunca toma postura, se siente mesías y promete ver por los jodidos –a ver si es cierto-.

La lucha por el poder simboliza una cosa: hurtar a toda costa, acción que se refleja no únicamente en las altas esferas, sino hasta en los más jodidos.

En una ocasión, un viejillo ciego –o que se hacía el ciego, uno nunca puede estar seguro con estos artilugios de prestidigitadores- que se encontraba en las afueras de Bellas Artes quiso venderme mota en forma de pulseritas a la par que un adolescentillo barroso y repugnante que hacía las veces de ladrón, se acercaba para examinar cuánto me podía robar. Cuando respondí al ciego de la manera más amable que no requería de ellas, me insultó y me increpó con denominaciones contra las que justamente he procurado combatir con mis pocos recursos durante gran parte de mi breve vida.

¿A quién irle? Si a los jodidos o a los más venerables, es una pregunta de dudable respuesta. Tal vez no la tenga, y la que se acomoda egoístamente es: yo no estoy del lado de nadie porque nadie está de mi lado. Pero es la más plausible.

Más adelante, la democracia se viene abajo con la emulación de votos informados. Los intelectuales sacan a relucir todo lo que no vomitaron en seis años desde el fraude del copetudo. Entonces, durante mis horas de soledad literaria, el Pericles de Tucídides desaparece ante las críticas de redes sociales, y el ridículo mexicano, como degollando a Nicias, se metamorfosea en un ciudadano con derechos y deberes civiles: “Hay que votar, porque votar es un derecho.” ¿Derecho a qué? ¿A olvidarme por seis años del entero desmadre de un estado casi caído?

Las camisetas ya no sólo son verdes y charras, sino que son politólogas, filósofas, letradas, cultas, políticas, economistas, financieras, ambientales, científicas, jurídicas, psicólogas, médicas, ingenieras y no sé qué otro título más. ¡A arrogarse un papel a partir del cual nadie me ha preguntado nada! La contradicción lógica se hace patente en la excesiva argumentación, y el mexicano se vanagloria de ello. Argumentación que jamás salió a flote cuando tuvo que verse en los constantes problemas acontecidos en seis años, que ya no voy a enumerar porque ya se los saben de memoria.

Después, cercana la fecha de opípara controversia, gran parte del país es consciente de sus derechos y sus poderes; y muchos otros conocen de memoria lo que es la democracia. Yo sigo sin entender qué carajo significa esa forma de gobierno; creo que de nada me ha servido leer a Aristóteles ni de experimentar los látigos de la vida. Lo único que observo cada vez más es la falta de referentes para comprender los problemas del país; por otro lado, veo que casi todos están muy informados y que entienden mejor que yo esos problemas (¿¡cómo le hacen!?).

Después, muchos vienen a darme clases de las mil y una democracias existentes; después, yo vomito que estamos más perdidos que nunca, ¿cómo vamos a decidir así?; y luego me responden que las democracias de ahora son sistemas preestablecidos en los que ya no puede uno participar directamente en la política, pero que siguen siendo bien democráticos (ya no entendí qué significa esa palabra; entonces, a revisar el griego, otra vez…); entonces yo comento que no es democracia; entonces me responden que lo que a mí me corresponde es el deber ciudadano de votar, y que uno no puede tener todo claro y que por eso hay que ir a lo más próximo -creo que se refieren a ser pragmático-; y entonces yo digo que entonces no es que estemos muy informados y actuemos con deber ciudadano, sino al chilazo, como todo en este país; y entonces, me reafirman, desviándose, que la democracia es de diferentes tipos; y entonces yo ya no quiero seguir en el juego aburrido de la argumentación circular. Quedo derrotado porque hay un argumento sólido y victorioso: que no estamos tan perdidos porque llevamos tres meses conociendo a los candidatos; no estamos tan perdidos porque sí tenemos claro quiénes gobernarán; no estamos tan perdidos porque sabemos que tenemos un deber, el de votar, y entonces sí tenemos referentes.

Así son las nuevas formas de los 30 tiranos en la nueva boleta:

La fuerza del voto es un deber ciudadano.

La fuerza del voto, como título de novela teatral y dramática de Moreno.

La fuerza del voto, hacer las cosas al chilazo.

La fuerza del voto, ejercer la libertad de expresión en face y ponerse una camiseta sabionda, y andar gritando frases esperanzadoras y sabias (dizque).

La fuerza del voto, robarse información e integrar firmas espurias.

La fuerza del voto, hacer y hacer Institutos Electorales, a ver si chicle y pega.

La fuerza del voto, escoger al menos pior.

La fuerza del voto, argumentar y argumentar hasta que se me acabe la tinta porque en realidad, soy un ignorante más que necesita güacarear que es inteligente.

La fuerza del voto, una eterna repetición de pendejadas.

La fuerza del voto, impunidad y desigualdad sempiternas.

La fuerza del voto, marchar e integrarse a las hordas multiculturalistas.

La fuerza del voto, olvidarnos de las problemas sociales, económicos y culturales, y no sé qué otro adjetivo similar.

La fuerza del voto, abordar el tren del mame de todos los pendejos que tiene una postura democrática, sea lo que sea que esta palabra signifique.

La fuerza del voto, sentir que ahora sí va a haber un cambio.

La fuerza del voto, resignarse al mal gobierno.

La fuerza del voto, dejarle a los futuros un país caído.

La fuerza del voto, elegir una carrera y prepararse y ser alguien en la vida y después darse cuenta del fracaso interno que es uno mismo.

La fuerza del voto, fracasar desde un principio y ser un don nadie.

La fuerza del voto, decir cosas que realmente no sostenemos a capa y espada.

La fuerza del voto, tomarse fotos afuera de las casillas enseñando las chichotas.

La fuerza del voto, vender la propia dignidad por unos cuantos pesos y unas pancartas afuera de tu casa.

La fuerza del voto, hacerse pendejo durante todo el sexenio de Peña, de Calderón y así y así.

La fuerza del voto, participar como vigilante que vigila las vigilias de las boletas para que no suceda nada negro, ¿pero quién te vigila a ti, mano?

La fuerza del voto, mancharnos el dedito de negro y hacer presión sobre una boleta que de antemano sabemos que piratearán.

La fuerza del voto, no ir a votar.

La fuerza del voto, anular el voto,

La fuerza del voto, anular las instituciones.

La fuerza del voto, anular las academias.

La fuerza del voto, anular el mal gobierno,

La fuerza del voto, anularte a ti mismo.

Y, ustedes, ¿qué opción tacharán?

 

 

Por mí, el voto, las opiniones, argumentaciones, debates y todo este mame democrático pueden irse a chingar a su puta madre. Bótense a la verga, cerdos hipócritas…

Mejor seguiré trabajando como lo he hecho: de forma clandestina. Nos vemos dentro de seis años. 🙂

 

Ciudad de México. Domingo, 01 de julio, 2018.

 

Imagen de portada tomada de:

Anular el voto o votar con convicción. ¿Qué es mejor?