SONATA A PIE DITIRÁMBICO MENOR EN ANTISTROFAS ACENTUADAS PARA CORAZÓN NERVIOSO NO. I

Sonata a pie ditirámbico menor en antístrofas acentuadas para corazón nervioso no. I

o

Fantasías prosimétricas & variaciones futuristas a la manera de los Schumann:

Semper tibi devotus, et tuo amante

 

 

I

 

En alguna sonata

te esconderé cuidadosamente.

¡Oh! Cómo me llamarás con angustia,

incorregible culpable,

por haberte acercado a mí

durante un instante.

Tu sueño, desaparición

donde la muerte es apenas holocausto al silencio.

 

  • De Séptimo libro, ciclo Poemas de medianoche. Llamado. A.A.

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PLACERES ANTIGUOS, PLÁTICA CON JOY DIVISION

 

Desearía ser una pintura de Dalí que adorna tu muro.

Desearía ser una pieza heroica de Ricardo

a que prestaras atención.

Si tú quieres, quizá,

una Tragedia abierta en tus manos,

O tal vez, una crisoelefantina del maestro Fidias.

 

Añoro volverme danza que coquetea a tus pies

y piernas, cual tango apasionante

en fantástica

estructura barroca

de los siglos coloniales.

 

Si me pertenecieran tales espíritus destrozados,

poseería toda la magia

y posible sería

para mí grabártela en cinta

de película

o montarla en escenografía.

 

Eso fuera agradable.

 

Un loco Quijote que perdido en el bosque

de las Furias sigue buscándote;

un delicado rostro y joven

negociado

por el Demonio.

 

O el pequeño Poe

o tal vez Benedetti.

 

Si los antiguos poseían el mito de Troya,

yo tengo el mito de ti.

Si los púnicos a Dido,

yo te tengo a ti.

Si Colatino a la casta Lucrecia,

yo a ti.

 

No podría compararte ni siquiera con las bellezas

de la vieja Babilonia, porque son viejas respecto de ti.

Ni siquiera las Sibilas

se asemejan a tu encanto,

inspirado en Apolo.

 

Y mucho menos el círculo de pitagóricas

que, reunidas, podían hiptonizar a los hombres;

pues tú, mirando,

helas al varón,

como poderosa Medusa.

 

Mi amor, no seremos

desgarrados

de nuevo por el amor.

🙂

 

Imagen de portada tomada de:

http://indiespace.com.mx/resena-joy-division-unknown-pleasures/

 

LA FUERZA DEL VOTO

Hace siete meses robaron mi información personal para hacer uso de ella en beneficio de las elecciones. Se supone que el culpable fue un candidato independiente a la presidencia. En aquellos momentos, después de la deleznable cita con la FEPADE, se me prometió que, al poco tiempo, se atraparía al culpable. Una institución pirata e hipócrita, la INE, vino, descaradamente, a buscarme para aclarar el asunto. Me negué. Yo tenía que ir a aclarar las cosas porque no supieron (?) que ellos fueron quienes desviaron la información desde su misma base de datos: información que me fue dada por la FEPADE.

Transcurrieron los meses, y nunca apareció el pirateador de votos y de firmas espurias; no se le encarceló. La FEPADE prometió que al poco tiempo brotarían las notas en los periódicos sobre el infractor. La FEPADE no volvió a llamarme; en el periódico no hubo notas sobre el presunto pirateador. Lo único que sucedió, para mi satisfacción, es que en las redes fue esparcido un video sobre el total fracaso de la INE, como institución electoral: ridículos trabajadores que no hacen su oficio, información filtrada, y una gorda que no sabía qué decir frente a las cámaras y el notario.  IFE, INE, y ¿ahora qué sigue?

Luego, Marychuy, quien parecía la más limpia entre todos, no calificó –o más bien, la descalificaron quién sabe por qué razones- para la candidatura y los debates: la prensa y el pueblo gentil no hizo demasiada mención sobre qué aconteció con Marychuy. Luego, vinieron los debates de cinco verduleros: una mujer sin talante e incapaz de expresarse oralmente –que además, como quien dice, no aguantó los putazos y se salió-; un ridículo que corta manos y quien probablemente espureó mi información;  un mocosillo que en videos, speaking english, afirma que con sus technologys enterprises logrará el cambio –no sé de qué cambio habla-, pero totalmente lo contrario de lo que sostuvo hacer como líder; otro tonto sacado del Parque Jurásico que dice que va a ganar sin fraude, pero que amenaza a los trabajadores para que voten por él, y el menos peor que nunca toma postura, se siente mesías y promete ver por los jodidos –a ver si es cierto-.

La lucha por el poder simboliza una cosa: hurtar a toda costa, acción que se refleja no únicamente en las altas esferas, sino hasta en los más jodidos.

En una ocasión, un viejillo ciego –o que se hacía el ciego, uno nunca puede estar seguro con estos artilugios de prestidigitadores- que se encontraba en las afueras de Bellas Artes quiso venderme mota en forma de pulseritas a la par que un adolescentillo barroso y repugnante que hacía las veces de ladrón, se acercaba para examinar cuánto me podía robar. Cuando respondí al ciego de la manera más amable que no requería de ellas, me insultó y me increpó con denominaciones contra las que justamente he procurado combatir con mis pocos recursos durante gran parte de mi breve vida.

¿A quién irle? Si a los jodidos o a los más venerables, es una pregunta de dudable respuesta. Tal vez no la tenga, y la que se acomoda egoístamente es: yo no estoy del lado de nadie porque nadie está de mi lado. Pero es la más plausible.

Más adelante, la democracia se viene abajo con la emulación de votos informados. Los intelectuales sacan a relucir todo lo que no vomitaron en seis años desde el fraude del copetudo. Entonces, durante mis horas de soledad literaria, el Pericles de Tucídides desaparece ante las críticas de redes sociales, y el ridículo mexicano, como degollando a Nicias, se metamorfosea en un ciudadano con derechos y deberes civiles: “Hay que votar, porque votar es un derecho.” ¿Derecho a qué? ¿A olvidarme por seis años del entero desmadre de un estado casi caído?

Las camisetas ya no sólo son verdes y charras, sino que son politólogas, filósofas, letradas, cultas, políticas, economistas, financieras, ambientales, científicas, jurídicas, psicólogas, médicas, ingenieras y no sé qué otro título más. ¡A arrogarse un papel a partir del cual nadie me ha preguntado nada! La contradicción lógica se hace patente en la excesiva argumentación, y el mexicano se vanagloria de ello. Argumentación que jamás salió a flote cuando tuvo que verse en los constantes problemas acontecidos en seis años, que ya no voy a enumerar porque ya se los saben de memoria.

Después, cercana la fecha de opípara controversia, gran parte del país es consciente de sus derechos y sus poderes; y muchos otros conocen de memoria lo que es la democracia. Yo sigo sin entender qué carajo significa esa forma de gobierno; creo que de nada me ha servido leer a Aristóteles ni de experimentar los látigos de la vida. Lo único que observo cada vez más es la falta de referentes para comprender los problemas del país; por otro lado, veo que casi todos están muy informados y que entienden mejor que yo esos problemas (¿¡cómo le hacen!?).

Después, muchos vienen a darme clases de las mil y una democracias existentes; después, yo vomito que estamos más perdidos que nunca, ¿cómo vamos a decidir así?; y luego me responden que las democracias de ahora son sistemas preestablecidos en los que ya no puede uno participar directamente en la política, pero que siguen siendo bien democráticos (ya no entendí qué significa esa palabra; entonces, a revisar el griego, otra vez…); entonces yo comento que no es democracia; entonces me responden que lo que a mí me corresponde es el deber ciudadano de votar, y que uno no puede tener todo claro y que por eso hay que ir a lo más próximo -creo que se refieren a ser pragmático-; y entonces yo digo que entonces no es que estemos muy informados y actuemos con deber ciudadano, sino al chilazo, como todo en este país; y entonces, me reafirman, desviándose, que la democracia es de diferentes tipos; y entonces yo ya no quiero seguir en el juego aburrido de la argumentación circular. Quedo derrotado porque hay un argumento sólido y victorioso: que no estamos tan perdidos porque llevamos tres meses conociendo a los candidatos; no estamos tan perdidos porque sí tenemos claro quiénes gobernarán; no estamos tan perdidos porque sabemos que tenemos un deber, el de votar, y entonces sí tenemos referentes.

Así son las nuevas formas de los 30 tiranos en la nueva boleta:

La fuerza del voto es un deber ciudadano.

La fuerza del voto, como título de novela teatral y dramática de Moreno.

La fuerza del voto, hacer las cosas al chilazo.

La fuerza del voto, ejercer la libertad de expresión en face y ponerse una camiseta sabionda, y andar gritando frases esperanzadoras y sabias (dizque).

La fuerza del voto, robarse información e integrar firmas espurias.

La fuerza del voto, hacer y hacer Institutos Electorales, a ver si chicle y pega.

La fuerza del voto, escoger al menos pior.

La fuerza del voto, argumentar y argumentar hasta que se me acabe la tinta porque en realidad, soy un ignorante más que necesita güacarear que es inteligente.

La fuerza del voto, una eterna repetición de pendejadas.

La fuerza del voto, impunidad y desigualdad sempiternas.

La fuerza del voto, marchar e integrarse a las hordas multiculturalistas.

La fuerza del voto, olvidarnos de las problemas sociales, económicos y culturales, y no sé qué otro adjetivo similar.

La fuerza del voto, abordar el tren del mame de todos los pendejos que tiene una postura democrática, sea lo que sea que esta palabra signifique.

La fuerza del voto, sentir que ahora sí va a haber un cambio.

La fuerza del voto, resignarse al mal gobierno.

La fuerza del voto, dejarle a los futuros un país caído.

La fuerza del voto, elegir una carrera y prepararse y ser alguien en la vida y después darse cuenta del fracaso interno que es uno mismo.

La fuerza del voto, fracasar desde un principio y ser un don nadie.

La fuerza del voto, decir cosas que realmente no sostenemos a capa y espada.

La fuerza del voto, tomarse fotos afuera de las casillas enseñando las chichotas.

La fuerza del voto, vender la propia dignidad por unos cuantos pesos y unas pancartas afuera de tu casa.

La fuerza del voto, hacerse pendejo durante todo el sexenio de Peña, de Calderón y así y así.

La fuerza del voto, participar como vigilante que vigila las vigilias de las boletas para que no suceda nada negro, ¿pero quién te vigila a ti, mano?

La fuerza del voto, mancharnos el dedito de negro y hacer presión sobre una boleta que de antemano sabemos que piratearán.

La fuerza del voto, no ir a votar.

La fuerza del voto, anular el voto,

La fuerza del voto, anular las instituciones.

La fuerza del voto, anular las academias.

La fuerza del voto, anular el mal gobierno,

La fuerza del voto, anularte a ti mismo.

Y, ustedes, ¿qué opción tacharán?

 

 

Por mí, el voto, las opiniones, argumentaciones, debates y todo este mame democrático pueden irse a chingar a su puta madre. Bótense a la verga, cerdos hipócritas…

Mejor seguiré trabajando como lo he hecho: de forma clandestina. Nos vemos dentro de seis años. 🙂

 

Ciudad de México. Domingo, 01 de julio, 2018.

 

Imagen de portada tomada de:

Anular el voto o votar con convicción. ¿Qué es mejor?

 

750 CARACTERES

Por Fernanda del Monte.


 

750 caracteres, son como los 750 lados de un caleidoscopio sin función alguna.

Las imágenes por sí solas no hablan. Tampoco los muertos ni los cadáveres.

Mi madre me educó siempre mal. Mi padre… él no educaba, vivía. Mal. Malvivía. Trabajaba mucho. Murió por no poder respirar. Me dicen que siempre soy autorreferencial. No conozco otra cosa que mi memoria. La construcción de la vida es artificial. La memoria también. He borrado los nombres de muchos hombres con los que salí. He borrado el nombre de las calles de las casas de mis amigas. No recuerdo los días en la escuela ni las clases que tomé de adolescente. Pero recuerdo las parábolas de la Biblia, los versos de Rosario Castellanos y el libro de las Ciudades Invisibles de Calvino. Pienso que como las ciudades, construyo mi vida a partir de imágenes y recuerdos que no tienen ninguna función. Lo único importante es en qué tipo de barco vamos navegando. El mío es de remos y vela. El viento lo mueve. Mientras que yo cada tanto suelto otra lágrima más, porque mi madre me educó siempre mal. Mi padre… mi padre malvivía. Yo. Me desnudo y escribo. Sin ningún fin. 🙂

 

Ciudad de México, 2018

 

Imagen de portada tomada de:

http://ventana-almundo.blogspot.com/2012/01/como-funciona-un-caleidoscopio.html

Sobre la autora:

FERNANDA DEL MONTE

(Ciudad de México, 1978) Dramaturga, ensayista, narradora, investigadora y directora teatral. Sus obras se han llevado a escena en Canadá, Argentina, España y México. Mantiene un vínculo constante con el trabajo teatral a través de talleres y de escritura constante acerca de diversos temas y por medios diversos. Recibió el Premio Airel de Teatro Latinoamericano, Toronto, 2013 por su obra Palabras Escurridas y el Premio Internacional de Ensayo Teatral 2013 por Territorios textuales. Sus relatos se editan tanto en México como en España.

Fuente:

http://www.tierraadentro.cultura.gob.mx/author/fernanda-del-monte/

 

 

BIGOTITOS

“En una playa próxima a cierto golfo crece un robusto y verde roble. Un gato sabio, sujeto al tronco por una cadena de oro, da vueltas sin cesar en torno a él. Cuando corre  a la derecha, entona una canción, y cuando corre a la izquierda se pone a contar un cuento.”

Ruslán y Liudmila. A. S. Pushkin

 

Ayer, 25 de junio del 2018, cerca de las siete de la tarde, vibró mi celular, anunciándome con un mensaje una noticia lamentable. La leucemia terminó la vida de Milito.

La lluvia fuerte caía de un cielo negro. Me encontraba en la biblioteca con mi último mejor amigo. Estábamos alegres, brinque y brinque, salte y salte, risa y risa porque teníamos las aceras para nosotros solos. Siempre estuvimos cansados de la sabiondería habitual. Y la risa visceral es la única que nos queda para no encarrilarnos en vías de la insanidad cotidiana. La alegría estaba en nosotros, un poco de escarnio y gracia nos hacen el día. Él pagaba una multa, el muy deudor, y me prestaría también los Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce; en cambio, yo buscaba poemas de Mario Santiago, que en esas cumbres de los estantes empolvados nadie leerá.

La vibración en mi bolsillo, como un ronroneo, mensaje leído, boca en pausa. Yo me puse amargo, el mensaje no lo avizaba, y por el momento, a mi amigo el infra yo no le avisé.

Milito era un gatito muy serio, como un teniente, en constante firmeza, bien parado, al menos yo así lo conocí. Las más de las veces, pese a la firmeza, se le veía taciturno, con los ojos achicopalados, delicados, como en x, como diciendo que estaba agotado. Tengo en la vaga memoria el amable recuerdo de que siempre comía pollo hervido. Le encantaba esperar por el pollo, mientras que con su mirada melancólica se sentaba en una silla de madera, y observaba y observaba a por el pollo.

Milito tuvo hace tiempo un último mejor amigo también, Solecito. Ambos eran el dúo dinámico de la mininidad. Ambos de pelaje dorado eran, prestos a las corretizas y al jugueteo gatuno. Eran muy, muy íntimos amigos, se les notaba a leguas. Solecito era como el cabo del general Milito, y aquél iba siempre a probar primero la comida. Si a Solecito no le gustaba, era sabido que a Milito tampoco le agradaría. En muchas ocasiones se notaba cómo Milito regañaba a Solecito, ignoro los motivos. Así es la amistad, aunque dura, se habla desde la abundancia del corazón, y las boquitas de los felinos también maúllan desde sus coranzoncitos.  Solecito hace tiempo que había pasado a mejor plano. Desde entonces, Milito nunca fue el mismo tampoco. ¿Cómo se puede ser la misma persona cuando se ha ido de nosotros el más amado, el compañero de idas y venidas? Y sin que hayamos podido evitarlo… lo perdemos, lo perdimos…

La gordita Chiquis, cariño de grisáceo, también hace dos meses que murió, creo que de leucemia también. La última vez que la vi, estaba ya muy enfermita. Babeaba. Siempre su actitud fue muy amedrentada, como temblorosa, podría decirse que una timidez solitaria. Su hermanito el Gordito, el gato más grande y más carnoso que he visto en mi vida, le sobrevivió. En su momento le decíamos que estaba bobito porque se nos quedaba mirando con una inocencia eterna. El Gordito quería mucho a su hermanita, la bañaba al lamerla. Cuánto de cariño entre hermanos gemelos puede existir, es sólo algo que ellos conocen y  sienten en su corazón par.

Al buen Benito poco lo llegué a tratar, lejanas memorias fragmentadas encuentro a pesar de todo, y completadas por las anécdotas familiares, permanece la remembranza de un gatito chiquito chiquitito, gordito y pachonsito, que ronroneaba al momento de abrazar tu pie. Unos bigotitos y unas patitas es lo que en claro tengo en mi memoria, la carita se me difumina entre su pelaje oscuro. Y su pechito, también su pechito. Adiós Benito, me hubiese encantado conocerte durante más tiempo, hubiese querido que llenarás de pelitos mis playeras negras.

Así la vida, se nos escapa de las manos como un gato trepador, pero el poco tiempo que la abrazamos, podemos regocijarnos abiertamente como cuando acariciamos el lomo de un animal añorado.

La familia aún sigue viva, la familia no se rompe todavía. El amor de familia no se quebranta, se fortalece en los pesares y las durezas momentáneas, vicisitudes que se esfuman con fe y amor auténtico. La familia sigue viva, y la manadita: La Güizzita, nerviosita hasta más no poder; Rabito, el gatito loco de inquietud; Manchitas o Rabita, hermana de Rabito, guardiana de la puerta del WC; Yuyita, argéntea en pelaje y fuerte como una leona; Smooky el gris también nombrado el Malito, el gato más malvado de bondad en el mundo; Danilito, gritoncito de ojos azules, felino de nieve; Negrita, flaquita trepadora; el Gordito, el gato más corpulentamente inocente del mundo; Pintito, lleno de amor y mordidas repentinas; el Güero güerito, calzón de cuerito; Morenito, morenazo de fuego, güapo como ninguno; Negrito, el que no maúlla sino que ladra, eternamente empolvadito en su pelaje; por poco se me olvida el Carolín, de cara aplastada y vista enojada; y la más sabia y adulta entre todos, la líder, la jefecita, la de más respeto, la mayor, de visión gastada por la edad, la madre, de una u otra manera, de todos, la pequeña Kitty, con su campanita entorno al cuello.

No es tiempo de llorar, es tiempo de mover los pies con paso alterno, es momento de corretear y de volcarnos barriga arriba, es momento de ronronear y demostrar cariño, porque dice un poeta perdido que el alma del hombre es pura, pese a la monstruosidad que ahora aparece, y que, cuando vemos los ojos cándidos de un gatito, un animalito, sentimos su inocencia, y nuestra alma retorna a este estado primigenio de pureza.

Y es cierto. Siempre que llego a casa, hastiado de los problemas mundanos, desconsolado, frustrado y decepcionado de la vileza del hombre, dos bigotitos me reciben en la puerta: dos mininos, mi Blanquito de ojos celestes y mi Güerito de ojos doraditos, dos criaturitas llenas de cariño y de inquietud gatuna. Basta con ver sus ojitos pizpiretos para que me imbuyan un sentir de serenidad, y junto con su ronroneo y volteretas barriga arriba, me instan a que juegue con ellos y los acaricie. Mi amargura cede a una sonrisa. Se da carrera a la alegría.

Si el mito no miente –así debe ser-, Milito, Solecito, Chiquis y Benito, y todos los gatos del mundo, se van a rencontrar en un lugar mejor. En el reino inmenso y majestuoso de los gatos.  ¡Que así sea!

 

Y allí estuve yo… Bebí dulcísimo hidromiel, vi aquel roble verde, y también, a su sombra, al gato sabio, que me contó buenos cuentos de los suyos. Y uno de ellos lo recuerdo, y voy a contarlo ahora al mundo entero…”

🙂

 

Imagen de portada perteneciente a Lucio Severiano*.

SALTO DE FE

El Sátiro al Poeta.


 

¡Levántate, poeta! Mira, intenta no cometer los mismos errores. Problemas siempre habrá. La cuestión es no cometer los mismos errores; habrá errores, que sean nuevos, no los mismos. No sé qué pase por tu vida para que estés en conflicto, pero intenta cosas nuevas. No sé. Sé que es fácil ponerse poético cuando no es uno el que se está revolcando en el excremento. No sé… constantemente el entorno y ciertos tipos de circunstancias nos mantienen en este estado complicado. A veces los inconvenientes momentáneos influyen mucho en nuestros colosales fracasos, y sucede de tal modo injusto que no podemos hacer nada.

Es cierto… en muchas ocasiones dramatizamos y exageramos las cosas, empeorándolo todo, corroyéndolo todo, cansándolo todo, rindiéndolo todo, hastiándolo todo…: dramatizamos demasiado en la inmediatez creyendo que una u otra acción tornará y conducirá las cosas por un recto camino y afable, mas sólo le damos más rápido en la torre al asunto endeble, y así perdemos inevitablemente lo más preciado para nosotros. Lo perdemos. Lo perdimos. Dramatizamos las cosas a tal punto que los errores desgarran el corazón humano del otro, y la tristeza, acompañada de la destrucción, engulle nuestras vidas, derroca los sueños prometidos.

Sin embargo, no creo tampoco que eso sea en su totalidad malo. Crecemos poco a poco, fracaso tras fracaso, a golpes, a tropezones, a narizazos. Somos poetas que, como dice la nostálgica canción, golpe a golpe, verso a verso, hacemos nuestro camino al andar. Y es parte de nuestro proceso de aprendizaje.

En múltiples ocasiones nuestros errores nos cuestan muy caro; nos arruinan nuestras relaciones con los cercanos y los amados… la familia. He ahí justamente lo difícil, lo arduo, porque tras el derrumbe, no hay marcha atrás. No hay argumentación, no hay postulados que se siguen los unos de los otros. Al final, lo que queda es sólo la fe. Somos humanos, no somos perfectos. Y duele tanto, tanto, tanto… no obstante creo que eso también es algo lindo de la naturaleza, ¡de la intimidad humana!: ser imperfecto a la misma vez que luchamos por resarcir nuestros equívocos. No siempre funciona, pero una acción así ya es titánica y digna de alabar.

¿Qué más te digo…? No sé si realmente ayuda, porque se continúa llorando y sufriendo a chorros. Finalmente eso somos. El proverbio latino contiene rica certeza: errare humanum est. Aunque también es cierto que nihil humanum a me alienum puto, pienso que nada de lo humano me es ajeno. Y tal vez, con un salto de fe –que es lo único que sostiene este mundo caóticamente adverso, y lo único que tenemos-, después de un largo aprendizaje; tal vez, una vez destruida la roca de Sísifo, digo, tal vez y sólo tal vez tengamos otra oportunidad. Ignoro cuál sea su modo o su medida de aparecer, pero puede que llegue. Sonreír por lo preciado de la vida, porque es realmente preciosa e inspiradora, como una musa blanca. Agradezcamos por las valiosas vivencias y deseemos lo mejor para aquellos que se han ido de nosotros.

Y pese a que la suma brevedad de la vida nos impida emprender una larga esperanza, nos queda el salto de fe, el amor sincero y creer fervientemente.

¡Aprende, poeta! ¡Avanza, poeta! ¡Álzate, poeta!

 

Imagen de Gibran Jalil Gibran, del Profeta.

LOS RIDÍCULOS

A veces uno tiene que encontrar la forma de no desaparecer de la consabida y borrega opinión pública, porque desaparecer implicaría que la manada ha descubierto que la carroña es la mierda de la cadena alimenticia y que ya no es necesario comportarse como plantas.

Así es como Meade (lamento mucho tener que mencionarlo), un dizque candidato a la presidencia, entiende las cosas: ¿o por qué entonces usa frases hiperbólicas cargadas de mentiras tan cómicas? ¿Por qué se ha apropiado del lenguaje popular alguien que creció en las altas esferas de la sociedad mexicana, desde donde nos ha mirado con lástima y desprecio? ¿Por qué le cambia el nombre a lo que ya lo tiene? ¿Por qué sobreactúa sus participaciones y poses?

Afortunadamente para mí, desafortunadamente para él, en su caso nadie ha dicho ni puede decir que está guapo. Ya de entrada, ahí se ve por qué este personaje no puede ganar la presidencia en un país que critica a los hombres por pensar con el pito pero cuyas mujeres aún nadie se atreve a decir que piensan con la vagina. Yo sí lo puedo decir.

Pero volvamos. El tipo este se rasga las vestiduras en prometer que va a cumplir lo que no se puede prometer porque no está a discusión, porque siempre ha debido ser así, por ejemplo: que va a ganar sin fraude alguno. Caballero, ¿y a usted quién le preguntó? Eso usted no me lo tiene que decir porque para mí es obvio: uno paga impuestos y vive en una sociedad civilidemocrática porque las cosas deben funcionar de cierta manera, sin fraudes, maldito cínico.

Sé bien que el paisaje político de nuestro país nunca estaría completo sin el candidato del PRI. Hemos aprendido que la vida es un bodrio de telenovela a lo Azteca Noticias o a lo Loret de Mola-López Dóriga, lo sé, no lo critico. Somos un país de ridículos que viajan en auto con reggetón a todo volumen, de parejitas que pelean en el metro, de pleitos familiares y de puestos de revista repletos de mujeres desnudas: somos ridículos.

Al pasar por el territorio nacional, los mayores avances tecnológicos y las más grandes ideas parecen un chiste ridículo porque aquí el Progreso es un sueño que se narra cada seis años para acudir a poner un tache en un costoso papel para luego dejar que todo siga igual. Así que yo espero que Meade gane la presidencia porque representa lo que somos. Nadie puede entendernos mejor que este tipo hablador, fingido, perdedor, tramposo y feo.

Vota por Meade. ☺

leo.muller.platz@gmail.com

 

Imagen tomada de https://goo.gl/xRpSFK