LA FUERZA DEL VOTO

Hace siete meses robaron mi información personal para hacer uso de ella en beneficio de las elecciones. Se supone que el culpable fue un candidato independiente a la presidencia. En aquellos momentos, después de la deleznable cita con la FEPADE, se me prometió que, al poco tiempo, se atraparía al culpable. Una institución pirata e hipócrita, la INE, vino, descaradamente, a buscarme para aclarar el asunto. Me negué. Yo tenía que ir a aclarar las cosas porque no supieron (?) que ellos fueron quienes desviaron la información desde su misma base de datos: información que me fue dada por la FEPADE.

Transcurrieron los meses, y nunca apareció el pirateador de votos y de firmas espurias; no se le encarceló. La FEPADE prometió que al poco tiempo brotarían las notas en los periódicos sobre el infractor. La FEPADE no volvió a llamarme; en el periódico no hubo notas sobre el presunto pirateador. Lo único que sucedió, para mi satisfacción, es que en las redes fue esparcido un video sobre el total fracaso de la INE, como institución electoral: ridículos trabajadores que no hacen su oficio, información filtrada, y una gorda que no sabía qué decir frente a las cámaras y el notario.  IFE, INE, y ¿ahora qué sigue?

Luego, Marychuy, quien parecía la más limpia entre todos, no calificó –o más bien, la descalificaron quién sabe por qué razones- para la candidatura y los debates: la prensa y el pueblo gentil no hizo demasiada mención sobre qué aconteció con Marychuy. Luego, vinieron los debates de cinco verduleros: una mujer sin talante e incapaz de expresarse oralmente –que además, como quien dice, no aguantó los putazos y se salió-; un ridículo que corta manos y quien probablemente espureó mi información;  un mocosillo que en videos, speaking english, afirma que con sus technologys enterprises logrará el cambio –no sé de qué cambio habla-, pero totalmente lo contrario de lo que sostuvo hacer como líder; otro tonto sacado del Parque Jurásico que dice que va a ganar sin fraude, pero que amenaza a los trabajadores para que voten por él, y el menos peor que nunca toma postura, se siente mesías y promete ver por los jodidos –a ver si es cierto-.

La lucha por el poder simboliza una cosa: hurtar a toda costa, acción que se refleja no únicamente en las altas esferas, sino hasta en los más jodidos.

En una ocasión, un viejillo ciego –o que se hacía el ciego, uno nunca puede estar seguro con estos artilugios de prestidigitadores- que se encontraba en las afueras de Bellas Artes quiso venderme mota en forma de pulseritas a la par que un adolescentillo barroso y repugnante que hacía las veces de ladrón, se acercaba para examinar cuánto me podía robar. Cuando respondí al ciego de la manera más amable que no requería de ellas, me insultó y me increpó con denominaciones contra las que justamente he procurado combatir con mis pocos recursos durante gran parte de mi breve vida.

¿A quién irle? Si a los jodidos o a los más venerables, es una pregunta de dudable respuesta. Tal vez no la tenga, y la que se acomoda egoístamente es: yo no estoy del lado de nadie porque nadie está de mi lado. Pero es la más plausible.

Más adelante, la democracia se viene abajo con la emulación de votos informados. Los intelectuales sacan a relucir todo lo que no vomitaron en seis años desde el fraude del copetudo. Entonces, durante mis horas de soledad literaria, el Pericles de Tucídides desaparece ante las críticas de redes sociales, y el ridículo mexicano, como degollando a Nicias, se metamorfosea en un ciudadano con derechos y deberes civiles: “Hay que votar, porque votar es un derecho.” ¿Derecho a qué? ¿A olvidarme por seis años del entero desmadre de un estado casi caído?

Las camisetas ya no sólo son verdes y charras, sino que son politólogas, filósofas, letradas, cultas, políticas, economistas, financieras, ambientales, científicas, jurídicas, psicólogas, médicas, ingenieras y no sé qué otro título más. ¡A arrogarse un papel a partir del cual nadie me ha preguntado nada! La contradicción lógica se hace patente en la excesiva argumentación, y el mexicano se vanagloria de ello. Argumentación que jamás salió a flote cuando tuvo que verse en los constantes problemas acontecidos en seis años, que ya no voy a enumerar porque ya se los saben de memoria.

Después, cercana la fecha de opípara controversia, gran parte del país es consciente de sus derechos y sus poderes; y muchos otros conocen de memoria lo que es la democracia. Yo sigo sin entender qué carajo significa esa forma de gobierno; creo que de nada me ha servido leer a Aristóteles ni de experimentar los látigos de la vida. Lo único que observo cada vez más es la falta de referentes para comprender los problemas del país; por otro lado, veo que casi todos están muy informados y que entienden mejor que yo esos problemas (¿¡cómo le hacen!?).

Después, muchos vienen a darme clases de las mil y una democracias existentes; después, yo vomito que estamos más perdidos que nunca, ¿cómo vamos a decidir así?; y luego me responden que las democracias de ahora son sistemas preestablecidos en los que ya no puede uno participar directamente en la política, pero que siguen siendo bien democráticos (ya no entendí qué significa esa palabra; entonces, a revisar el griego, otra vez…); entonces yo comento que no es democracia; entonces me responden que lo que a mí me corresponde es el deber ciudadano de votar, y que uno no puede tener todo claro y que por eso hay que ir a lo más próximo -creo que se refieren a ser pragmático-; y entonces yo digo que entonces no es que estemos muy informados y actuemos con deber ciudadano, sino al chilazo, como todo en este país; y entonces, me reafirman, desviándose, que la democracia es de diferentes tipos; y entonces yo ya no quiero seguir en el juego aburrido de la argumentación circular. Quedo derrotado porque hay un argumento sólido y victorioso: que no estamos tan perdidos porque llevamos tres meses conociendo a los candidatos; no estamos tan perdidos porque sí tenemos claro quiénes gobernarán; no estamos tan perdidos porque sabemos que tenemos un deber, el de votar, y entonces sí tenemos referentes.

Así son las nuevas formas de los 30 tiranos en la nueva boleta:

La fuerza del voto es un deber ciudadano.

La fuerza del voto, como título de novela teatral y dramática de Moreno.

La fuerza del voto, hacer las cosas al chilazo.

La fuerza del voto, ejercer la libertad de expresión en face y ponerse una camiseta sabionda, y andar gritando frases esperanzadoras y sabias (dizque).

La fuerza del voto, robarse información e integrar firmas espurias.

La fuerza del voto, hacer y hacer Institutos Electorales, a ver si chicle y pega.

La fuerza del voto, escoger al menos pior.

La fuerza del voto, argumentar y argumentar hasta que se me acabe la tinta porque en realidad, soy un ignorante más que necesita güacarear que es inteligente.

La fuerza del voto, una eterna repetición de pendejadas.

La fuerza del voto, impunidad y desigualdad sempiternas.

La fuerza del voto, marchar e integrarse a las hordas multiculturalistas.

La fuerza del voto, olvidarnos de las problemas sociales, económicos y culturales, y no sé qué otro adjetivo similar.

La fuerza del voto, abordar el tren del mame de todos los pendejos que tiene una postura democrática, sea lo que sea que esta palabra signifique.

La fuerza del voto, sentir que ahora sí va a haber un cambio.

La fuerza del voto, resignarse al mal gobierno.

La fuerza del voto, dejarle a los futuros un país caído.

La fuerza del voto, elegir una carrera y prepararse y ser alguien en la vida y después darse cuenta del fracaso interno que es uno mismo.

La fuerza del voto, fracasar desde un principio y ser un don nadie.

La fuerza del voto, decir cosas que realmente no sostenemos a capa y espada.

La fuerza del voto, tomarse fotos afuera de las casillas enseñando las chichotas.

La fuerza del voto, vender la propia dignidad por unos cuantos pesos y unas pancartas afuera de tu casa.

La fuerza del voto, hacerse pendejo durante todo el sexenio de Peña, de Calderón y así y así.

La fuerza del voto, participar como vigilante que vigila las vigilias de las boletas para que no suceda nada negro, ¿pero quién te vigila a ti, mano?

La fuerza del voto, mancharnos el dedito de negro y hacer presión sobre una boleta que de antemano sabemos que piratearán.

La fuerza del voto, no ir a votar.

La fuerza del voto, anular el voto,

La fuerza del voto, anular las instituciones.

La fuerza del voto, anular las academias.

La fuerza del voto, anular el mal gobierno,

La fuerza del voto, anularte a ti mismo.

Y, ustedes, ¿qué opción tacharán?

 

 

Por mí, el voto, las opiniones, argumentaciones, debates y todo este mame democrático pueden irse a chingar a su puta madre. Bótense a la verga, cerdos hipócritas…

Mejor seguiré trabajando como lo he hecho: de forma clandestina. Nos vemos dentro de seis años. 🙂

 

Ciudad de México. Domingo, 01 de julio, 2018.

 

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Anular el voto o votar con convicción. ¿Qué es mejor?

 

AGRESIONES SEXUALES EN LA UNAM

A veces los chamaquitos se alocan. Incluso, por tantos problemas que uno carga cuando es joven, busca meterse en otros tantos, ya incluso asegurado el lugar en la universidad. Por eso mismo debe pensarse que las protestas para denunciar las agresiones sexuales acometidas por parte de maestros de historia, de informática y de un humilde trabajador de una cafetería en Prepa 5, Prepa 9 y CCH Vallejo respectivamente, son un invento más de la chamacada alocada fiestera.

De parte de algunos que aprovechan estos sucesos para ejercer su inalienable derecho  a la apatía y la indiferencia, o sea, de aquellos que no tienen de qué quejarse porque a ellos no les pasó nada, podemos esperar un silencio que, a decir verdad, no viene nada mal, porque no suelen tener nada interesante qué decir en ningún momento, sino siempre puras banalidades; y de parte de las autoridades de la universidad no cabe esperar nada nuevo: lo negarán siempre todo, incluso antes de investigar.

A algunos (la mayoría), les parece esto una contradicción: ¿cómo? ¿En la máxima casa de estudios (epíteto rimbombante, que suena como a penal de máxima seguridad de Almoloya), lugar donde se enseña el método científico, no se investigan los casos de agresiones sexuales contra sus alumnas? Pues no. La tradición escolar dicta que el alumno nunca tiene la razón.

En realidad, el modo en que funcionan las escuelas consiste en hacerle creer al alumno que se le está dando algo que nunca aparece: criterio, conocimiento, interés, entrega, creatividad y sobre todo, aquello que el discurso nacionalista exalta, ideas para mejorar nuestro país.

Pero ya ven, todo mundo quiere estar allí y todos se sienten parte de una gran misión celestial cuando acceden a la UNAM. Se obnubila el alma cuando en esa utopía general pasa algo que no concuerda, y siempre será mejor encubrirlo, no creerlo, taparlo, negarlo, porque si no, el sueño pierde esa aura áurea dentro de la cual todos parecemos diosas y dioses, héroes y heroínas (véase la gaceta de la UNAM).

Pero ahora cada vez es más difícil ocultar lo pedestre y silvestre de nuestras instituciones. Aunque el rector se empeña en difundir que en su territorio todo es lindo y aséptico, ahora también sabemos cuán incompetentes son las áreas jurídicas de la UNAM y cuán cerdos pueden llegar a ser su profesores hombres.

Heidegger fue discípulo de Husserl; Freud lo llegó a ser de Charcot; Marx lo fue de Hegel. Eso, en los libros, significa que aprendieron a refutar a sus maestros, a discutirlos, a contradecirlos. ¡Y miren qué resulto!

En cambio, yo fui discípulo (hace tiempo) de la maestra Reynalda, que daba pena; y hoy lo soy de otros tantos ridículos, ya en la polis sofocósmica. Y eso en la realidad quiere decir que si yo quisiera discutir con ellos sería imposible, ya sea porque no les interesa, ya sea porque piensan que yo debo obedecer y aprender, ya sea (lo peor) porque no saben, porque son más ignorantes.

Así, cuando un alumno tiene un ideario, un criterio, una pasión (que se supone que es lo que las escuelas se atribuyen fomentar en sus alumnos), las figuras de autoridad de las escuelas se dedican a ignorarlo y a callarlo, y a poner peros y trabas. Y si las alumnas de las escuelas dicen que sus profesores hombres las acosan y pretenden abusar sexualmente de ellas, las califican de mil maneras y las cuestionan (como no se permitiría hacer a ningún maestro o director); luego, las figuras de autoridad se hacen chiquitas chiquitas y dicen ignorar: perros mentirosos. 🙂

 

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https://www.animalpolitico.com/2018/02/abuso-sexual-cch-vallejo/

SOBRE LOS ÁNGELES POETAS Y MÚSICOS

Por Ureboros.


 

En la mente de un hombre lleno de propósitos, el mundo es como un bello paisaje sobre el plano de un campo de batalla.”

                -Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, Vol. II, 436.

La mayoría de nosotros no somos brillantes porque somos inadaptados, y podríamos ser catalogados como esperpentos caminantes, delirantes y sucios, muertos andantes que no “gozan” del placer de cierta clase de comidas, bebidas, olores y sabores. Arruinados y sin aparente rumbo, andamos como peregrinos y pareciera que pedimos limosna.

Pero lo que no se sabe es que se busca el vacío, la nada. El poeta y el músico lo saben. Pero, ¿qué de importante hay en el vacío? Todo. El vacío es el espacio donde el danzante conjura los movimientos del sexo y la primavera, de la muerte y el mar, donde el poeta se desgañita la garganta al cantar el dolor de su existencia y la de sus hermanos; es allí donde existe el silencio que la música necesita para enseñarnos a contar metafísicamente las cadencias del 1, 4, 5, 1 desde la profundidad de nuestro espíritu a través de intervalos musicales. ¡Es el silencio amigos, el que buscamos para llenarlo! Y solo aquellos libres de la necesidad pueden acceder a él ¡Y es que solo un Dios o un poseído pueden hacer uso de la nada sin volverse loco! Ecce causa del peregrinaje.

Parecería que al salir de casa hay estridencia de sonidos y de emociones pero en realidad es la nada y ahí es donde el poeta y el músico se convierten en demiurgos. Se camina como un pordiosero para aquellos razonables que son sabios, pero para los despiertos, los hombres de destino, se camina como un dios porque se sueña. Novalis dice: “El hombre es un Dios cuando sueña, y un mendigo cuando piensa.”. ¡Nadie más perito en sueños que el poeta y el músico! Los sueños y los símbolos nos guían a tientas tras las posibilidades futuras de nuestra esencia humana.

¿Saben qué tipo de ángeles somos? Los ángeles caídos. Y somos ángeles porque cantamos y no por otra cosa. Nos sabemos siniestros y caóticos, sin poder controlar el apetito, con el espíritu inflamado de arrebato y con placeres y comidas fáciles. Todo esto se resume en una palabra: mundanidad. Pero tengamos cuidado de saber diferenciar lo mundano de lo vulgar, pues lo mundano no significa ser siempre vulgaridad, sin embargo lo vulgar siempre es mundano y engendra mundanidad. Todo está en saber cantar.

Hay mundanos que sueñan, que tienen contacto con Dios a través de la melodía y la poesía, y a pesar de la mundanidad que los ahoga, tienen el poder de decir que lo feo es hermano gemelo de lo bello. Los poetas y los músicos, nosotros, somos capaces de pintar el deseo con los colores del arcoíris en las tinieblas de la vida, los que podemos encender la luz brillante del deseo. A veces es necesario imponernos, ser más feos para tocar lo bello. ¿Cómo conviertes lo feo en bello? Expresándolo con honestidad. Lo Honesto es acabar con los muros del pudor y la vergüenza, a pesar de que los “adaptados” lo miren hostiles y con desconfianza. La honestidad aspira a la belleza puesto que todo lo honesto es amable. La violencia se justifica en nombre de la más vieja de las virtudes, la honestidad, contra la vergüenza de ser uno mismo. Lo mundano no es siempre es vulgar..

“…¡ser honrado, Incluso en la maldad!… es mejor perderse en sí mismo que en las costumbres de la tradición; el hombre libre puede ser bueno o malvado, pero el hombre esclavo es una vergüenza de la naturaleza y no participa de ningún consuelo celestial o terreno…”

– Friedrich Nietzsche, La ciencia Jovial, 99.

🙂

 

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https://observandoelparaiso.wordpress.com/2014/08/07/la-virgen-rodeada-de-angeles-de-william-adolphe-bouguereau/

 

SÍNDROME CARLOS FUENTES

Por Edgarovich.


Carlos fuentes

Quizás nunca se había escrito tanto como ahora, en este momento de la civilización humana, con tanta gente con tanto acceso a tantos medios masivos para propagar nuestras tantas ocurrencias. Pero esto significa que también los perjuicios de la mala escritura se propagan más que nunca.

Hay un síndrome en particular que es muy común y muy pocas veces se nombra, pero afecta a los entusiastas de la escritura en sus múltiples facetas: literaria, filosófica, científica, periodística… y sí, también la twittera, facebookera y las que más han crecido en los últimos años. Es importante nombrarlo y hablar sobre él, pues es cosa seria que nos daña, nos impide desarrollar nuestra creatividad y, sobre todo, resulta molesto: hablamos del síndrome del escritor que no tiene sentido del humor. Pero como ese nombre no logra dimensionar la gravedad del asunto, preferimos llamarle síndrome de Carlos Fuentes.

Describir este síndrome no es fácil, pero podemos empezar por el auto-diagnóstico, que en cambio sí es muy fácil. Se trata en realidad de un problema de actitud, pero deriva en malformaciones a la hora de escribir. Para realizar un simple test casero sólo se requiere un espejo y uno o dos minutos de su tiempo. Acérquese al espejo y adopte una expresión seria, severa, de gente que piensa. De gente que desprecia a todos, pero de forma inteligente. Entorne los ojos y levante la barbilla. Encuentre en su rostro la expresión de la superioridad intelectual. También gire la cabeza ligeramente hasta que encuentre su ángulo más atractivo. Elija sólo uno. Ponga cara de Carlos Fuentes, para acabar pronto.

El punto es que cuando se vea a sí mismo con esa expresión altiva y solemne, se diga en voz alta: “mi trabajo es cosa seria, soy un escritor serio”. Si no se le retuercen las entrañas por la risa al decir esto, padece usted de nada más y nada menos del síndrome del escritor que no tiene sentido del humor. O síndrome de Carlos Fuentes. Claro que ese test no sirve si uno quiere diagnosticar a alguien más sin que se dé cuenta y, admitámoslo, ésa es siempre la mejor parte. Comenzaremos explicando algunas pruebas para el ámbito de la escritura en facebook, pues resulta la más actual y, admitámoslo, las demás ya no le importan a casi nadie.

Las pruebas consisten en provocar al sospechoso con distintos estímulos y observar sus reacciones, en el mismo espíritu del procedimiento médico que consiste en agujerear a un paciente con objetos punzocortantes para ver si puede sentir dolor. Aquí también hay espacio para ponerse creativo con las pruebas. Por ejemplo, digamos que reacciona usted con un “me da risa” a sus tratados ideológicos de dos párrafos que pone como estado de facebook y la persona reacciona enojándose, entonces padece Carlos Fuentes. Digamos que le pide usted un resumen con dibujitos de sus comentarios que parecen más bien ensayos en sus pseudo-debates, explicándole que no está dispuesto a leer comentarios de más de cincuenta líneas y digamos que la persona se enoja por esta burla, pues entonces padece Carlos Fuentes. Si usted responde con memes altamente cómicos para dar fin a un debate innecesario, irrelevante y tonto, y la persona nunca les da ni un me gusta y además se enoja con usted, padece Carlos Fuentes.

Todo esto, además de enriquecer nuestro entendimiento de la psicología a través de la escritura y de la escritura a través de la psicología, tiene la ventaja de que es divertido imaginar que Carlos Fuentes se hubiera comportado de esta manera de haber manejado alguna vez una cuenta personal de facebook. También puede uno imaginárselo fallando la prueba del espejo una y otra vez. En fin.

 

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http://alternativo.mx/2016/11/un-dia-como-hoy-nace-carlos-fuentes/

 

FILÓLOGOS ANTE EL DESASTRE

Por Leo Müller.

¿Para qué sirve un filólogo en un terremoto?

 

Sin duda los filólogos son los más habituados a buscar entre los escombros. De entre las ruinas de la historia han rescatado textos que valen por su calidad literaria, su profundidad filosófica y su invaluable testimonio de tiempos olvidados.

A pesar de su demostrada capacidad para lidiar con los desastres, nadie solicitó un filólogo el día del terremoto; en cambio, se solicitaron ingenieros, arquitectos, psicólogos y abogados. Incluso, pasados algunos días, se solicitaron artistas para recaudar fondos en un conciertazo en el Zócalo, se solicitaron políticos para hacer valer la ley, se solicitaron empresarios para que aportaran recursos económicos y reconstruir lo que tuviera que reconstruirse.

Yo no voy a culpar a nadie por no requerir a los filólogos ante el desastre, pero los estudiantes de Letras Clásicas de la UNAM se pusieron nostálgicos, casi grises, porque nadie los invitaba a participar, y como nos les bastaba con aportar a los centros de acopio porque: ¿cómo? Soy un estudiante de la alta cultura Griega y Romana, soy importante, soy importante y debo poder ayudar con el poder de las letras, comenzaron a buscar formas de ayudar, de solidarizarse como dicen.

Así fue como pronto idearon una forma de ayudar, ya antes vista y súper reconocidísima por todos, a saber: leer poesía en las calles. Después, ya entrados en confianza, iniciaron la rifa de libros para recaudar fondos. Este tipo de iniciativas, como suelo pensar, rebajan la magnitud del problema y me dejan frente a un triste panorama: los compañeros estudiantes no saben qué hacer.

No saber qué hacer es válido y reconocerlo es un buen principio; sentirse obligados a ayudar y hacerlo por hacerlo es una farsa. Faltos de guía, consuelo y explicación, los estudiantes continuaron con la fiesta de las rifas y la nostalgia triste menguó, se alivianó con el tiempo. Aun así, nunca supieron por qué nadie los solicitó y la cuestión sigue abierta, sin respuesta, a discusión.

Para soliviantarlos y comenzar una alegre disputa alrededor de aquella incógnita, ya instalada la deseada normalidad burocrática de las universidades, expondré mi reflexión para que no se les gangrene el cerebro colectivo, para que no se enfríen gargantas y palabras, por la cuales siento, yo también, tanto amor.

Para comenzar por lo más sencillo, como siempre, es evidente que muchos mexicanos apenas y han leído las novelas de José Emilio Pacheco, y eso porque se las dejaron en la secundaria; también, el habitante promedio de nuestra folclórica nación repudia a Cervantes desde la primaria y cree que Cien años de soledad es la obra más grande de todos los tiempos porque así se lo informaron: no sabe ni porqué, ni le interesa. Así que: ¿cree usted que el pueblo sabe qué es un filólogo? ¡Pues por ello no los ha solicitado!

Letras Clásicas aún no ha difundido lo suficiente la utilidad de sus conocimientos ni las virtudes de su saber. Alguna vez hubo un intento de difusión. En inmemoriables e inenarrables tiempos, intentaron mezclar un poema con el reggeton y aquello no salió muy bien. Han ocultado esa vergüenza con recelo y a pesar de todo la mentira se ha guardado bien entre nosotros, como un parricidio planeado entre hermanos. Gracias a DJ Chango por su interés en difundir la cultura. (https://goo.gl/PiiwLt) Este video es una joya literaria y documental en “sí misma”.

Después de descubrir que siempre se puede estar peor, pasemos a la siguiente razón por la cual nadie solicitó un filólogo en el sismo: porque los filólogos no hacen cosas prácticas. Los filólogos trabajan con algo que el ciudadano vulgar, aquel que todo lo resuelve con los músculos, considera demasiado abstracto: la palabra. Aquella consideración fría, ignorante y descortés no ha sido desmentida por los estudiantes. Todo lo contrario, ha sido reafirmada. Se pusieron a leer poemitas en el centro de Coyoacán a cualquier vago que se les atravesara.

Ahora bien, si me preguntan, el título de ingeniero y arquitecto les quedó muy grande a los estudiantes de esas respectivas facultades. Lo único que tenían que hacer para evaluar los daños estructurales, según los cursillos que dieron en Arquitectura, era interpretar símbolos, es decir, grietas… un trabajo muy contemplativo para aquellas bestias. Ese trabajo era, más bien, para los filólogos.

La última razón que pienso dictar, porque ya me cansé y son muchas, y la cual considero que es muy importante, es que al ciudadano promedio no se le ocurre pensar que la literatura tenga algo que ver con los grandes problemas, y todo por una confusión entre palabras. Confusión que siempre existirá pero de la que no todos están conscientes.

Ahora sí, ya llegué a lo abstracto, afinen sus oídos y preparen sus refutaciones.

La Literatura, así en general, Universal o Local, afina algunos sentidos que bien desarrollados ni falta haría hacer la pregunta tan consabida: ¿y para qué sirve? Porque de entrada, una pregunta tan arrogante siempre es hecha por alguien que confunde demasiado las cosas. A ver, ¿cuántas cosas de las cuales hace usted a diario son útiles, querida tía Margarita? ¿A poco México es una nación útil, pragmática? ¿Esta sociedad pendeja que lee poemas y vota cada seis años para elegir a un mandril por líder es una sociedad de cosas útiles? Confundidos así, los preguntones creen que los ingenieros, los arquitectos, los abogados, los médicos, los rescatistas, los políticos son útiles sin haber pasado por la literatura porque de ella, por supuesto, no podrían obtenerse los conocimientos para saber actuar ante un desastre. De lo anterior se deduce que tales profesionistas no leen, cosa que no es tan complicado observar. Ya se ve por qué alaban tanto a una perra llamada Frida: la predilección mexicana por las analfabetas. Ay, si la perra hablara.

En fin. Para redondear, tampoco es que leer sea todo, nadie dijo eso. Ya sé ve qué pasa cuando sólo se lee: se pronuncian poemas ininteligibles y se rifan libros. Mal, mal, mal.

Alguna vez intentamos aportar también a la movilización por los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa. Tanta hipocresía disfrazada de interés me hizo ver lo mojigatos que son los universitarios y también me mostró la confusión en la que me encontraba sumergido, además de ver que lo que realmente les hace sentido es obtener un título que los haga sentirse mejor consigo mismos, cosa que no está del todo mal, pero eso no es lo que aparece en su discurso.

Ciudad Universitaria, México.

leo.muller.platz@gmail.com

 

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LA PERSISTENCIA DE LOS GRIEGOS

Por Lucio Severiano.


En respuesta a la conferencia ¿Por qué han persistido los griegos? hecha por Carlos García Gual.

 

Una pregunta frecuente en mi mente es por qué han persistido a lo largo de tanto tiempo los diversos avatares y modos de aquel pueblo magnificente mejor conocido con el nombre de los griegos, dándome esto la impresión, no sin poca gracia, de que sólo existieron unos griegos, sólo unos griegos: Los Griegos. Consecuentemente, me veo acosado por una constante irritación acerca de cómo, ya extintos, con vigor han mantenido en épocas sucesivas su vasta influencia, incluyendo la nuestra y causando para ella más preguntas e indagaciones pretendientes de respuestas.

Este fenómeno cultural se ha dado a tal grado, no sin detrimento para la creatividad, que hace que algunos se pregunten la dirección de su propósito, de si generará efectividad o ineficacia para la acción en una sociedad tercermundista como la mexicana. Mi planteamiento no funda sus raíces en la utilidad, pues de hecho esta última ha sido una vía que la persistencia de la cultura griega ha tomado en la actualidad; sino que inserta su tronco en el campo de la pregunta por el ser de los griegos.

No me refiero a un ser monumental, forma que nuestros renombrados, especializados, eruditos filósofos, científicos y letrados han adoptado en búsqueda sin siquiera dudar -¡asunto que ha de extrañar! Puesto que a diario persisten en una perpetua búsqueda del conocimiento-, sino que, desde hace tiempo, desilusionado por nuestros más ilustres intelectuales, ando en búsqueda del ser de los griegos en acción, el ser de la grecolatinidad –permítaseme la extensión hacia los latinos también- que se arroja al acto para la transformación de nuestra realidad que decae cada vez más. Riendo para mis adentros después de tantas pavadas escolares,  me pregunto así cuál es la significación de los griegos en la cultura mexicana.

Con facilidad podemos identificar en la época presente los puntos de vista acerca de cómo se los concibe, y éstos suman tres: aquellos que, inevitablemente sumergidos en la supervivencia cotidiana, al oír la palabra griegos, se imaginan un mundo misterioso marmóreamente blanco, habitado por hombres barbudos y greñudos, y recubierto por un halo de mistificación mítica, considerando a este antiguo mundo sólo como dato turístico y conociendo de Grecia a un único hombre, a un tal Sócrates, con el cual se identifican con toda plenitud porque tampoco saben nada de nada, y por eso viven esclavizados.

Aquellos que se perfilan a los helenos como padres y madres de la cultura occidental, por lo cual se los estudia de todas las maneras doctas concebibles, fundándose en la objetividad, es decir, aquellos que escinden la genialidad helena de sus diversas manifestaciones para convertirla en lo siguiente: la monumentalidad racional hacia la construcción de la civilización, el utilitarismo e instrumentalismo pseudoartístico y el anticuarismo idealista –si me lo preguntan, anticuadísimos todos-, en donde se encuentra naturalmente nuestra élite intelectual entera, cuyos representantes son los tres tipos de académicos mencionados antes, ¡tan genios ellos!

Al final, tenemos a unos cuantos que, en conflicto y disidentes de los últimos dos círculos, perciben en los griegos una íntima cercanía creativa y una guía pedagógica que de una forma u otra los arroja hacia la actividad de transformación artística. De tal manera, cuestionando la futilidad epistemológica dicha con anterioridad y mostrándonos que ésta es en realidad destructora de los griegos, entienden que es preciso ubicar la helenidad en un marco concreto de la actualidad, hazaña que conlleva la supresión de la ya identificada futilidad epistemológica. Comprenden al fin que es esencial ubicar sus saberes con respecto a los griegos en referentes próximos y correspondientes a la cotidianidad mexicana.

Una vez conocido el panorama difuso, sería oportuno afirmar que la significación de los griegos y, más en concreto, su persistencia consistirían en la instrucción motivadora de una creación propia que tenga sus miras en la transformación social concreta y particular, incluso cuando ello venga acompañado de la alteración de la helenidad misma. Los griegos están muertos como modelos inamovibles o como regidores de formas y estructuras inertes. Su enseñanza artística más bien está encaminada a la reinvención tanto de uno mismo como de la sociedad presente, y debemos voltear nuestras miradas a ellos con la intención no ya de adorarlos cual figuras monolíticas, sino de adoptar sus efectividades para una recreación propia, íntima, cercana, concreta. Entenderemos la significación de los griegos cuando, en vez de examinarlos con tristeza enfermiza y obsesión fúnebre, lo hagamos con orgullo creativo y liberación jovial de modo que nosotros nos sepamos genios como alguna vez lo hicieron Los Griegos. Ese día llegará cuando nos pertenezcamos a nosotros mismos, reconociéndonos ahora como unos griegos. Ahí hemos de edificar nuestro oráculo de Delfos.

Biblioteca Vasconcelos, Ciudad de México.

lucius.severianus@gmail.com

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http://thephilosophersmail.com/virtues/the-philosophy-of-aristotle/

 

LETRITAS

Por Lucio Severiano.


El decaimiento de la intelectualidad.

 

Letras, letritas, letrititas, letritititas. Letras chiquitas, letras parvitas, pequeñas letras, chaparras letras o enanitas, letras puerilmente diminutas, sucintamente letras pueriles, letras cortas, letras en nimiedad, letras de brevedad, minucia de letras, resumen con letras menos sintéticas, letras mínimamente concisas, letrillas mínimas y letras minúsculas, de universidad, las académicas, de instituto y de tesis y tesinas, para best-sellers, de contrato, letras en negrita, con inanidad, por vaciedad, como oscuridad, en nihilidad, ni hilo en las letras, minuciosidad de bajas letras, efímeras como las versalitas y en tipografía Times New Roman tamaño 8, letras menores, letras de elitistas que no de la periferia, letras pobres, mediocres en comparación con las de los pobres y marginados, es decir, letrillas vanas, vacuas y ridículas ante las letras de la minoría, y minucia mucho menos minuciosa detrás de tal superficialidad letrada. Letrillas polvosas, de grano de arena, partículas, atómicas, miniletras, centímetras, milímetras, “intemporales”, tradicionales, arcaiquitas, antigüitas, decimonónicas, viejitas, ancianitas, ruquitas, senum severiorum,[1] decadentitas. Letritas gramaticales, cientifiquitas, etimológicas, grecolatinas, lingüísticas. Letritas clasiquitas y las modernitas y delefylítas y las enaltecidas celleítas recientemente llamadas enalltitas: γράμματα, litterae, letters, lettres, lettere, buchstaben, буквы, رسائل, 信, 편지, 手紙, מכתבים, अक्षर, bokstäver,  lletres,  letrak, scrisori, tlahtolmachiotl, Wooj, . Sí, en diminutivo y en redundancia: letritas filológicas. ¡A ti me dirijo, oh mi muchachito, mi niño, mi niñito, mi hermanito hipocritita![2] Nugae! ¡Tonterías![3] ¡Tonteriítas!

Ni en lo más mínimo, en serio, siendo otras las circunstancias, ni mínimamente me hubiera preocupado de estos temas de insulsos. Pero por mera vanidad y orgullo me veo arrojado a lanzar un poco de sangre contra una especie particular que olvidaron catalogarla los biólogos –tal vez porque no leen nada de nada, ni siquiera sus textos perogrulladamente científicos, ¿y así quieren catalogar?-; ah pues, la especie que sí lee un chingo y bien que también se la pasa catalogándolo todo (aun cuando no entienden a fin de qué lo hacen), es aquélla de hombres miniatura, homo insipiens[4] podría denominarse para tener yo el pretexto de lucirme aventando unos cuantos latinajazos.

Hubo una época en que estos homines insipientes no eran insipientes, sino que eran respetados por sus cualidades reflexivas y constituían la base de todo conocimiento y toda sociedad –eran así respetables,[5] si no me creen, vid., los adjetivos que utilizaban en sus escritos: eminentissimus, praeclarissimus, aestimadissimus; plus vid., ilustrissimus, doctissimus, sapientissimus; ultra vid., beatissimus, amatissimus, nominatissimus; super vid., doctor, clarus, admirabilis, magistrus, praeceptor; mega vid., opinatissimus, scrupulossisimus, promptissimus; recontra vid., subtilis et multus, brevis et commodus-.

Eratóstenes, verdadero todólogo griego, aportó el primer nombre (philólogos)[6] para aquella clase que a lo largo del tiempo degeneró en lo que ahora es: execratio, o sea, mierda. Este philólogos o filólogo era simplemente esto: amigo de las letras. Las letras, en aquella época prometeica, significaban, en mor de mi argumentación, conocimiento humano. Nada más. No había escisiones, no fragmentaciones. El científico era poeta (Arato), el médico, filósofo (Hipócrates), el historiador, político y militar (Tucídides), el poeta, gobernador (Solón), y así me puedo seguir con otro catálogo, pero me da la impresión de que si agrego uno más, me van a odiar los insipientes, como las mujeres al pobre Semónides y de paso a Hesíodo. Eso les pasa por machistas y patriarcales, me caga su pensamiento machista machistoso.

¿Mujeres Letradas? Luego salen Embarazadas y no pueden con una carrera, no pueden con el latín y quieren aprender otras lenguas… ¡Que aprendan español mejor! Para que no las engañen la copia dicendi y el summum eloquentiae studium[7] del novio y ergo las dejen empanzonadas, “gastronas”.[8] Sí, claro, las letras pertenecen sólo al vir, viri, viro, virum, vir, viro, viri, virum/orum, viris, viros, viri, viris. ¡Qué difícil! Mugre declinación tercera. ¿Mujeres? Que no confundan y mucho menos declinen esta palabra con fuerza, porque eso es muy machista. El manualito alemán de enseñanza diría: la puella docta non est. Eso sí no, no me hagan declinar puella, por favor, porque yo ya estoy hasta la madre.

Y ¿qué la voz letrada? – “Una verdadera sintaxis, enredada y estirada a tal punto que transvalora las funciones de las palabras”- vox populi dixit.  Un caso que no es ese caso. ¿Ah, cabrón? ¿Cómo es eso? AcÍ, ací, así merote, ésse, ésse, ése mero es el ejemplo, ¿cómo la vez? Ésas sí son lenguas chingonas, las de casos, y no estas mariconadas del español: sujeto, verbo, objeto directo. Pinche lengüita chafa.[9]

El más cae mal de todos aquellos insipientes antiguos, pero que decía una que otra cosa buena, es aquel que, como ellos mismos dicen, “llevó al límite el arte del decir (copia dicendi) y explotó la lengua latina hasta más no poder.” –“Oh sí, copia dicendi, una traducción más apropiada sería el arte de la argumentación.” ¡Sublime! Y para un escritor de la SOJEM, educado a la Mario Moreno, le vendría bien ésta: el arte de la verborrea. ¡Sublime! Y para todo letrado de la actualidad, yo propongo ésta: el arte de decir mierda. ¡Qué sublime! ¡Excelencia! Porque se la pasan diciendo pura mierda en todos y cada uno de los escritos que les leo, se parecen al chorero Odiseo, el Cantinflas de la antigüedad. Ya basta de burlas. Correctamente, precisamente, no exactamente, justamente, ciertamente, verdaderamente, efectivamente,  si ciceroneamos la traducción, queda: el arte retórica.

De tal manera, más o menos de ese señor calvo y gordo, precursor de SANTO Tomasito de Aquino, viene la idea del Letrado, EL LETRADO, el hombre de letras, homo litterarum. Era pues, una clase de todólogo que servía bien a la comunidad. Hombre a quien podía confiársele un cargo público para el bien de la comunidad. Letrado una palabra genérica que podía aplicársele a una clase de hombre, poseedor de conocimientos necesarios que lo capacitaban para una materia, para un servicio, verdaderos polytropoi[10]: gramáticos, juristas, médicos, filósofos, ingenieros, arquitectos, administradores, economistas, gobernantes, maestros de tal o cual tema, y naturalmente el mismísimo artista. Tal es la idea recordada sobre todo durante el Renacimiento. Sobra poner ejemplos de la época, época libresca.

Versados desde el Medioevo en Trívium y Quadrivium, esos letrados no concebían aún la escisión de teoría y praxis. Se forjaban tanto para la consideración como para la labor, y destacaban en la usanza de que la fundamentación y la acción forman un uno inseparable. Razón según la cual, si bien la fundamentación precede a la acción en términos convencionales, aquélla contiene rasgos operativos o características de acción, de modo tal que la reflexión ya en sí misma se develaba como un tipo de praxis: el acto de reflexionar. Pues no hay acción auténtica sin fundamento y no es concebible fundamento alguno carente de acción: reflexionando nos acercamos al acto, actuando percibimos lo necesario a reflexionar.

Los fuegos de la industria dejaron destruida nuestra Cartago,[11] y se le permitió la existencia al desvarío de los conocimientos: fragmentación, destrucción, escisión, desunión, o un nombre más apropiado según nuestra época, especialización. Las carreras proliferaron, las licenciaturas se reprodujeron, emergieron las maestrías y los doctorados se emanciparon: las ciencias olvidaron las filosofías, las matemáticas repudiaron la gramática, la historia engañó al arte y, por si fuera poco, la literatura se evaneció de los conocimientos. La objetivación y la producción maquinaron la ruptura del matrimonio por excelencia, las bodas de Filología y Mercurio; el ansia de objetivar y la sed de producción incubaron la discordia entre las hermanas liberales para que, en lontananza y desconocimiento, se miraran las unas a las otras con odios secretos, arraigados resentimientos, aunque, en lo muy profundo, con mutua añoranza.   La Vetusta Verdad dejó de rezar así: “Busquen y encontrarán, toquen y la puerta abriráse a ustedes.”[12]

Las letras quebráronse, cual vaso de vino sostenido por mano endeble. Los hombres de letras se refugiaron en historia monumental, en minuciosidades de la lengua y en consideraciones estéticas circulares, y de perspicaces e innatos creadores volviéronse engranes oxidados para un reloj desinteresado de ellos.  Las antiguas enseñanzas de aquellos grabados en manuscritos y papiros, aquella arquitectura ebúrnea,[13] aquellos monumentos más perenes que el bronce,[14] ante todo y sobre todo, el recuerdo escrito de la genialidad artística, pese a tenerlos tan cerca, tan lejos permanecen de nosotros. ¿Por qué? Ellos no existen en función de la acumulación sapiencial bruta y arrogante, tampoco del mecimiento idealista, rencoroso del ahora y productivo para el hoy, ni siquiera de la indiferencia para los aquí presentes, sino de la apropiación de los mismos entorno a y hacia la creación propia. Lección fundamental negada en nuestras instituciones educativas y prohibida por nuestro género de letrados. Traición para la literatura, con los mismos literatos en calidad de iniciadores, quienes no son sino los agentes mortíferos en pro de la destrucción de las letras propias.

El género narrativo he exprimido dado que agradó a mi espíritu. De aquí, deseo asir por los cabellos de nuevo a la burla dado que tengo un corazón ponzoñoso. Perdón, ya letraditos, dispénsenme, no quiero seguir molestándolos… bueno sí quiero, ¿qué haré? Pues es que la verdad, la verdad, la pura verdad… –¿eso es lo que están siempre buscando con sus ridículas minuciosidades, no? La verdad objetiva. ¡Guau!-, la mera verdad…, que tengo un hígado espinoso. ¿Sí me entiendes la referencia del hígado, verdad? ¿No que tú muy helenista? Jah, jah. Me cago de risa.[15]

Facultad de Filosofía y Letras, Ciudad Universitaria, México.

lucius.severianus@gmail.com

 

Fuentes consultadas:

[1] Catúlo. Cármenes.  V, 2.

[2] Baudelaire, Charles. Las flores del mal. “Al lector”. p. 28. Pocket. Francia. 2013.

[3] Persio. Sátiras.  I, 5.

[4] Anselmo de Canterbury. Proslógion. I, 3.

[5] Moro, Tomás. Utopía. I, 3.

[6]Suetonio. De los gramáticos y rétores. 10.

[7] Cicerón. De la invención retórica. I, 1.

[8] Erodas. Mimiambos. 5.

[9] Vallejo, Fernando. Entre fantasmas. p. 215. Alfaguara. México. 1993.

[10] Homero. Odisea. I, 1.

[11] Plutarco. Catón el Mayor. 27, 2.

[12] Mateo. 7:7.

[13] Ovidio. Metamorfosis. X, 275-276.

[14] Horacio. Cármenes. III, 30, 1.

[15] Persio. Sátiras. I, 11-12.

 

Imagen de portada tomada de

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