LA FUERZA DEL VOTO

Hace siete meses robaron mi información personal para hacer uso de ella en beneficio de las elecciones. Se supone que el culpable fue un candidato independiente a la presidencia. En aquellos momentos, después de la deleznable cita con la FEPADE, se me prometió que, al poco tiempo, se atraparía al culpable. Una institución pirata e hipócrita, la INE, vino, descaradamente, a buscarme para aclarar el asunto. Me negué. Yo tenía que ir a aclarar las cosas porque no supieron (?) que ellos fueron quienes desviaron la información desde su misma base de datos: información que me fue dada por la FEPADE.

Transcurrieron los meses, y nunca apareció el pirateador de votos y de firmas espurias; no se le encarceló. La FEPADE prometió que al poco tiempo brotarían las notas en los periódicos sobre el infractor. La FEPADE no volvió a llamarme; en el periódico no hubo notas sobre el presunto pirateador. Lo único que sucedió, para mi satisfacción, es que en las redes fue esparcido un video sobre el total fracaso de la INE, como institución electoral: ridículos trabajadores que no hacen su oficio, información filtrada, y una gorda que no sabía qué decir frente a las cámaras y el notario.  IFE, INE, y ¿ahora qué sigue?

Luego, Marychuy, quien parecía la más limpia entre todos, no calificó –o más bien, la descalificaron quién sabe por qué razones- para la candidatura y los debates: la prensa y el pueblo gentil no hizo demasiada mención sobre qué aconteció con Marychuy. Luego, vinieron los debates de cinco verduleros: una mujer sin talante e incapaz de expresarse oralmente –que además, como quien dice, no aguantó los putazos y se salió-; un ridículo que corta manos y quien probablemente espureó mi información;  un mocosillo que en videos, speaking english, afirma que con sus technologys enterprises logrará el cambio –no sé de qué cambio habla-, pero totalmente lo contrario de lo que sostuvo hacer como líder; otro tonto sacado del Parque Jurásico que dice que va a ganar sin fraude, pero que amenaza a los trabajadores para que voten por él, y el menos peor que nunca toma postura, se siente mesías y promete ver por los jodidos –a ver si es cierto-.

La lucha por el poder simboliza una cosa: hurtar a toda costa, acción que se refleja no únicamente en las altas esferas, sino hasta en los más jodidos.

En una ocasión, un viejillo ciego –o que se hacía el ciego, uno nunca puede estar seguro con estos artilugios de prestidigitadores- que se encontraba en las afueras de Bellas Artes quiso venderme mota en forma de pulseritas a la par que un adolescentillo barroso y repugnante que hacía las veces de ladrón, se acercaba para examinar cuánto me podía robar. Cuando respondí al ciego de la manera más amable que no requería de ellas, me insultó y me increpó con denominaciones contra las que justamente he procurado combatir con mis pocos recursos durante gran parte de mi breve vida.

¿A quién irle? Si a los jodidos o a los más venerables, es una pregunta de dudable respuesta. Tal vez no la tenga, y la que se acomoda egoístamente es: yo no estoy del lado de nadie porque nadie está de mi lado. Pero es la más plausible.

Más adelante, la democracia se viene abajo con la emulación de votos informados. Los intelectuales sacan a relucir todo lo que no vomitaron en seis años desde el fraude del copetudo. Entonces, durante mis horas de soledad literaria, el Pericles de Tucídides desaparece ante las críticas de redes sociales, y el ridículo mexicano, como degollando a Nicias, se metamorfosea en un ciudadano con derechos y deberes civiles: “Hay que votar, porque votar es un derecho.” ¿Derecho a qué? ¿A olvidarme por seis años del entero desmadre de un estado casi caído?

Las camisetas ya no sólo son verdes y charras, sino que son politólogas, filósofas, letradas, cultas, políticas, economistas, financieras, ambientales, científicas, jurídicas, psicólogas, médicas, ingenieras y no sé qué otro título más. ¡A arrogarse un papel a partir del cual nadie me ha preguntado nada! La contradicción lógica se hace patente en la excesiva argumentación, y el mexicano se vanagloria de ello. Argumentación que jamás salió a flote cuando tuvo que verse en los constantes problemas acontecidos en seis años, que ya no voy a enumerar porque ya se los saben de memoria.

Después, cercana la fecha de opípara controversia, gran parte del país es consciente de sus derechos y sus poderes; y muchos otros conocen de memoria lo que es la democracia. Yo sigo sin entender qué carajo significa esa forma de gobierno; creo que de nada me ha servido leer a Aristóteles ni de experimentar los látigos de la vida. Lo único que observo cada vez más es la falta de referentes para comprender los problemas del país; por otro lado, veo que casi todos están muy informados y que entienden mejor que yo esos problemas (¿¡cómo le hacen!?).

Después, muchos vienen a darme clases de las mil y una democracias existentes; después, yo vomito que estamos más perdidos que nunca, ¿cómo vamos a decidir así?; y luego me responden que las democracias de ahora son sistemas preestablecidos en los que ya no puede uno participar directamente en la política, pero que siguen siendo bien democráticos (ya no entendí qué significa esa palabra; entonces, a revisar el griego, otra vez…); entonces yo comento que no es democracia; entonces me responden que lo que a mí me corresponde es el deber ciudadano de votar, y que uno no puede tener todo claro y que por eso hay que ir a lo más próximo -creo que se refieren a ser pragmático-; y entonces yo digo que entonces no es que estemos muy informados y actuemos con deber ciudadano, sino al chilazo, como todo en este país; y entonces, me reafirman, desviándose, que la democracia es de diferentes tipos; y entonces yo ya no quiero seguir en el juego aburrido de la argumentación circular. Quedo derrotado porque hay un argumento sólido y victorioso: que no estamos tan perdidos porque llevamos tres meses conociendo a los candidatos; no estamos tan perdidos porque sí tenemos claro quiénes gobernarán; no estamos tan perdidos porque sabemos que tenemos un deber, el de votar, y entonces sí tenemos referentes.

Así son las nuevas formas de los 30 tiranos en la nueva boleta:

La fuerza del voto es un deber ciudadano.

La fuerza del voto, como título de novela teatral y dramática de Moreno.

La fuerza del voto, hacer las cosas al chilazo.

La fuerza del voto, ejercer la libertad de expresión en face y ponerse una camiseta sabionda, y andar gritando frases esperanzadoras y sabias (dizque).

La fuerza del voto, robarse información e integrar firmas espurias.

La fuerza del voto, hacer y hacer Institutos Electorales, a ver si chicle y pega.

La fuerza del voto, escoger al menos pior.

La fuerza del voto, argumentar y argumentar hasta que se me acabe la tinta porque en realidad, soy un ignorante más que necesita güacarear que es inteligente.

La fuerza del voto, una eterna repetición de pendejadas.

La fuerza del voto, impunidad y desigualdad sempiternas.

La fuerza del voto, marchar e integrarse a las hordas multiculturalistas.

La fuerza del voto, olvidarnos de las problemas sociales, económicos y culturales, y no sé qué otro adjetivo similar.

La fuerza del voto, abordar el tren del mame de todos los pendejos que tiene una postura democrática, sea lo que sea que esta palabra signifique.

La fuerza del voto, sentir que ahora sí va a haber un cambio.

La fuerza del voto, resignarse al mal gobierno.

La fuerza del voto, dejarle a los futuros un país caído.

La fuerza del voto, elegir una carrera y prepararse y ser alguien en la vida y después darse cuenta del fracaso interno que es uno mismo.

La fuerza del voto, fracasar desde un principio y ser un don nadie.

La fuerza del voto, decir cosas que realmente no sostenemos a capa y espada.

La fuerza del voto, tomarse fotos afuera de las casillas enseñando las chichotas.

La fuerza del voto, vender la propia dignidad por unos cuantos pesos y unas pancartas afuera de tu casa.

La fuerza del voto, hacerse pendejo durante todo el sexenio de Peña, de Calderón y así y así.

La fuerza del voto, participar como vigilante que vigila las vigilias de las boletas para que no suceda nada negro, ¿pero quién te vigila a ti, mano?

La fuerza del voto, mancharnos el dedito de negro y hacer presión sobre una boleta que de antemano sabemos que piratearán.

La fuerza del voto, no ir a votar.

La fuerza del voto, anular el voto,

La fuerza del voto, anular las instituciones.

La fuerza del voto, anular las academias.

La fuerza del voto, anular el mal gobierno,

La fuerza del voto, anularte a ti mismo.

Y, ustedes, ¿qué opción tacharán?

 

 

Por mí, el voto, las opiniones, argumentaciones, debates y todo este mame democrático pueden irse a chingar a su puta madre. Bótense a la verga, cerdos hipócritas…

Mejor seguiré trabajando como lo he hecho: de forma clandestina. Nos vemos dentro de seis años. 🙂

 

Ciudad de México. Domingo, 01 de julio, 2018.

 

Imagen de portada tomada de:

Anular el voto o votar con convicción. ¿Qué es mejor?

 

PARENTÉTICAS PARAGRÁFICAS

(No se acostumbra hacer largas parentéticas en los textos, pues se supone que simplemente funcionan como explicaciones prescindibles para el sentido de nuestras hermosas oraciones, nuestros contundentes párrafos, y por ello no hay que romper mucho la regla haciendo extenso aquello que olvidaremos al primer cambio de párrafo.

Pero como en este país (como me explicó un taxista hace poco) todo es posible (es decir, no hay reglas (o se pueden romper)) y la única regla es que no hay reglas (contradictoriamente), la constancia y el orden son algo así como un invento muy sofisticado, particularmente en cuanto al pensamiento.

A ver, vamos a abstraer, no se asuste. En cuanto al pensamiento, logramos dejar en suspenso la línea de pensamiento general para pasar a explicaciones prescindibles, fuera de la semántica fundamental. Dejamos atrás, muy atrás, difuminando hacia la subordinación lo principal y volviendo principal lo circunstancial, los puntos que creíamos más importantes.

Así, los miles de desaparecidos y asesinados, las miles de mujeres violadas y explotadas, el tráfico de drogas, el lavado de dinero, la falta de educación y oportunidades, las fracturas a los derechos humanos, la corrupción, las ordas de desplazados, marginados y abandonados, la pésima salud, la mole de la violencia y el control de las calles por grupos delictivos, la nula afectividad de cualquier institución (del ramo que sea), el cinismo de nuestros gobernantes, la dificultad para convivir con nuestros compatriotas, la sobrepoblación, los periodistas asesinados, al igual que activistas… son cosas que algún día fueron principales pero que ahora se encuentran desplazadas por un largo largo largo paréntesis: las elecciones.

Entonces, una vez terminada esta parentética paragráfica electoral, habrá que retornar al principio del texto para redescubrir de qué hablábamos, qué era lo principal, qué vamos a desarrollar primero). 🙂

FIRMAS ESPURIAS

 

En efecto, ya se acerca la fecha con fama de opípara controversia sobre la que debo opinar: las elecciones mexicanas. Pocos casos tan particulares en los cuales se me antoja trasladar el significado del verbo opinar al de la palabra vomitar, y viceversa.

Soy proclive a declarar que las cosas grandilocuentes en este país, cuando se requiere de su fuerza y seguridad, se hacen chiquitas chiquitas. Así las Instituciones de esta gran nación que, ante las cosas más simples, resuelven como resolvería uno de esos animales bípedos llamados ciudadanos que cada vez que producimos en mayor volumen y en menos tiempo.

Hay una frase mexicana (como tantas frases pendejas que aprendemos aquí) que ajusta muy bien con lo que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación acaba de resolver sobre la validez de la candidatura independiente del llamado grandilocuentemente (a lo macho feminicida) El Bronco: ¡Tengan tantita madre!

Ya rebajado el discurso al nivel popular, que es el que se consume como pan caliente, permítame ahora ir cuesta arriba en la expresión verbal. Quiero pensar que este pueblo gentil del que tanto me burlo está cansado de los fraudes. Desde cierto momento en la vida cualquiera entiende que falsificar una firma es algo inapropiado, ilegal, tramposo y motivo suficiente de un gran castigo.

Cuando cursaba la secundaria existía un profesor que nos exigía que algún padre o tutor firmara las crónicas de clase (que él llamaba resúmenes) para que fueran aceptadas para la calificación. Solía amenazarnos diciendo que sin firma no aceptaba nada, pero como nadie era tan teto como para andar solicitando las firma a nuestro padre o tutor, pues la falsificábamos. Bueno, yo la falsificaba. Pero estamos hablando de una estúpida crónica de una estúpida clase que solicitaba un estupendo profesor.

Lo que aquí acaba de acontecer (como diría un policía mexicano) es una falta grave a la Ley y a los Procedimientos. No hay justificación. Además, si usted ya leyó Votos piratas, de mi amigo Lucio Severiano, se habrá enterado de los atropellos (figurados) a los humildes e inocentes ciudadanos (exceptuando a Lucio) que el tribunal acometió. El Tribunal necesita un Tribunal que lo Juzgue por la forma en que acaba de Juzgar.

Ésa es mi humilde vomitada.  🙂

 

Imagen de portada tomada de:

https://www.google.com.mx/url?sa=i&rct=j&q=&esrc=s&source=images&cd=&cad=rja&uact=8&ved=2ahUKEwjM7Oa1pO3bAhXip1kKHSViAjcQjhx6BAgBEAM&url=http%3A%2F%2Fanapaulaordorica.com%2Fel-pan-insiste-en-la-reimpresion-de-boletas-electorales%2F&psig=AOvVaw2zVf41TdyTFiCXlRBi-ny2&ust=1529963522095189

 

EL CERDO HA HABLADO

A mí no me engañas, ¡Cerdo!, ¡Gran Cerdo! Bueno sí. Llevo poco más de diez años pagando el servicio celular que ofreces. Pero incongruencias aparte, no me engañas.

A ti nunca te ha importado este país. Te he visto ya varias veces y sueles aconsejar de dientes para afuera. Propones y propones pero no pones el ejemplo. Eres un farsante más en este mundo de farsantes y haz contribuido como todos al hundimiento de este país de pobres, de hipócritas y de mustios como tú.

Eres lo mismo oportunista que Cerdo. Ahora resulta que llamas a la borregada de reporteros de los medios nacionales para darte una vez más tus aires de grandeza. Ojalá construyas tu aeropuerto y por fin, ya contento con el usufructo, guardes un perenne silencio del alcance de tu ambición.

Yo no creo que se hunda el aeropuerto, ¡Si no se han hundido con el peso de tu ambición y corpulencia, Gran Cerdo, ya nada puede hundirse más en este país hundido!

Una de las grandes virtudes de la lengua española es esa facilidad con la que puede usarse para dar envolturas inocentes y tiernas a las palabras de los más grandes hijos de puta de la nación. Entonces, ahora tú emites humildes opiniones en pro del beneficio de la nación. La nación de la que te has atascado como el Cerdo que eres para alcanzar el poder que le da sentido a tu vida, el combustible de tu ambición. Bien por ti.

A mí me da gusto que mis compatriotas se superen día a día: me da gusto que Aurelio Nuño termine de ler sus libros; me da gusto que Andrés gane amigos de entre, incluso, sus enemigos; me da gusto que Anaya viaje por el mundo y amplíe sus horizontes; me da gusto que Peña haya acabado la carrera con mención honorífica por la tan chingona tesis que se aventó a escribir, contra todo pronóstico por su deficiente intelecto, y le haya demostrado al pueblo iletrado lo que es un hombre de ciencia y letra con valentía y honestidad; me da gusto que cada día seas más rico, Cerdo. Neta.

El Sátiro y yo, Leo Müller, te enviamos un abrazo y a ver qué día que no estés tan ocupado hablando de negocios, nos echamos un vinito y unas putas extranjeras. Adiós.

LOS RIDÍCULOS

A veces uno tiene que encontrar la forma de no desaparecer de la consabida y borrega opinión pública, porque desaparecer implicaría que la manada ha descubierto que la carroña es la mierda de la cadena alimenticia y que ya no es necesario comportarse como plantas.

Así es como Meade (lamento mucho tener que mencionarlo), un dizque candidato a la presidencia, entiende las cosas: ¿o por qué entonces usa frases hiperbólicas cargadas de mentiras tan cómicas? ¿Por qué se ha apropiado del lenguaje popular alguien que creció en las altas esferas de la sociedad mexicana, desde donde nos ha mirado con lástima y desprecio? ¿Por qué le cambia el nombre a lo que ya lo tiene? ¿Por qué sobreactúa sus participaciones y poses?

Afortunadamente para mí, desafortunadamente para él, en su caso nadie ha dicho ni puede decir que está guapo. Ya de entrada, ahí se ve por qué este personaje no puede ganar la presidencia en un país que critica a los hombres por pensar con el pito pero cuyas mujeres aún nadie se atreve a decir que piensan con la vagina. Yo sí lo puedo decir.

Pero volvamos. El tipo este se rasga las vestiduras en prometer que va a cumplir lo que no se puede prometer porque no está a discusión, porque siempre ha debido ser así, por ejemplo: que va a ganar sin fraude alguno. Caballero, ¿y a usted quién le preguntó? Eso usted no me lo tiene que decir porque para mí es obvio: uno paga impuestos y vive en una sociedad civilidemocrática porque las cosas deben funcionar de cierta manera, sin fraudes, maldito cínico.

Sé bien que el paisaje político de nuestro país nunca estaría completo sin el candidato del PRI. Hemos aprendido que la vida es un bodrio de telenovela a lo Azteca Noticias o a lo Loret de Mola-López Dóriga, lo sé, no lo critico. Somos un país de ridículos que viajan en auto con reggetón a todo volumen, de parejitas que pelean en el metro, de pleitos familiares y de puestos de revista repletos de mujeres desnudas: somos ridículos.

Al pasar por el territorio nacional, los mayores avances tecnológicos y las más grandes ideas parecen un chiste ridículo porque aquí el Progreso es un sueño que se narra cada seis años para acudir a poner un tache en un costoso papel para luego dejar que todo siga igual. Así que yo espero que Meade gane la presidencia porque representa lo que somos. Nadie puede entendernos mejor que este tipo hablador, fingido, perdedor, tramposo y feo.

Vota por Meade. ☺

leo.muller.platz@gmail.com

 

Imagen tomada de https://goo.gl/xRpSFK

 

VOTOS PIRATAS

Por Lucio Severiano.


Sienta bien tomar la pluma una vez más, depuesta meses atrás, con la pura finalidad de denunciar los abusos y crímenes arrojados ya con tanta necedad al abismo de la cotidianidad. Maravillados nos podemos encontrar ante tanto odio irracional y ansias concupiscentes de poder en esta nuestra época, en esta nuestra tierra.

¡Ay! ¡Tiempos grotescos los de ahora! ¡Tiempos de hambre y crímenes electorales! Así, de la nada, de un de repente, sucede que hay que opinar sobre la futura fecha con fama de opípara controversia: ¿quién, de ahora en adelante, será el heresiarca de los banquetes de Palacio Nacional? ¿Quién devorará los platillos más suculentos y exóticos sobre la silla presidencial?

Por mi parte, hablaré más de los accidentes inmediatos que de los hechos aclamados y afamados entre las voces de los pueblos gentiles mexicanos. Uno de estos accidentes más procurados es el del fraude electoral con base en el robo de información. Momentos como los de ahora iluminan las manifestaciones de la corrupción en este país de humillados: Los candidatos tanto compran votos cuanto roban las informaciones de aquel plastiquito que nos da identidad de ciudadano y que además de contener la utilidad de poder beber cerveza en los antros, también nos da el poder del voto: ¡Libre! ¡Libre!

¡Tranquilos! Ni tan libre es el voto ni tan ciudadanos somos ni tan segura está nuestra información. Acontece que candidatos al hambre presidencial, ya sean independientes ya no tan independientes, andan por ahí, por el mundo, como quien dice “ahí nomás”, robando la información de las credenciales de elector para, digámoslo así, piratearse los votos. Sí, se supone que cuando los candidatos piden -¡exigen!- el apoyo al pueblo de gentiles -que somos nosotros, los mexicanotes de bigotote y sombrerotes- deben, con una de esas predilectas aplicacioncillas de celular avaladas por quién sabe cuál ley, tomar foto a la credencial de elector y a la huella, además de recabar la información personal del prestante del apoyo. Eso, repito, se supone que es el camino legal, palabra tan inerte e incomprensible para nuestras mentes: legal, como el café, que por cierto sabe horrible ya.

Pero ¡qué va! Es más padre y divertido irse por el camino ilegal. ¿Cuál es ése? Pues agarrar la información de nuestros conciudadanos, sin preguntarles obviamente… y utilizarla para los fines propios electorales: o sea, piratearse votos. Entonces, por eso es común y ordinario -¡ordinarísimo!- que, uno de estos días, llegue el ciudadano común y corriente (más corriente que común) a su cantón después de un friega (por no decir explotación) laboral y se encuentre con la sorpresota de que hay un recado –mal redactado- embelleciendo (¿o envileciendo?) la puerta de su casa, emitido por la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, más conocida por el ínclito nombre de su inutilidad e ineficiencia, FEPADE.

Dispuestas las cosas de ese modo tan azaroso, por no decir estúpido, algunas –o muchas- víctimas son citadas en calidad de testigos con la finalidad de manifestarse con respecto a lo acontecido: ¿y qué es lo acontecido? ¡Pos quién sabe! El papelito pegado como con prit no dice por qué uno tiene que “atestiguar.” Como es natural, y también de esperar, la valerosa institución, con reglamento, regaño, ley y toda la cosa, fundándose en los artículos 21 y 102, Apartado A, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos –los cuales tratan de las garantías individuales y la imposición de las penas (art. 21, Título Primero, Capítulo I)  y el poder judicial (art., 94 & 102, Título tercero, Capítulo IV)-, fundándose también en los artículos 82, 90, 91, 360, 363, 364 y otros más del Código Nacional de Procedimientos Penales –los cuales tratan de las formas de notificación (art., 82), citación (art., 90), forma de realizar las citaciones (art., 91), todos del Libro primero sobre las disposiciones generales, Título IV sobre los actos procedimentales, Capítulo V sobre las notificaciones y citaciones; el deber de testificar (art., 360), citación de testigos (art., 363) y comparecencia obligatoria de testigos (art., 364) –los cuales se encuentran en el Libro Segundo sobre el procedimiento, Título VIII sobre la etapa del juicio, Sección I sobre la prueba testimonial-; reiterándose en 4, fracción I, inciso A), subinciso b), de la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República –Capítulo I sobre las disposiciones preliminares y art., 4 sobre lo correspondiente al ministerio público-; con base en todo esto pues, la FEPADE manda a llamar a la persona afectada para que atestigüe o testifique sobre los hechos investigados. Los hechos investigados… al afectado nunca se le informa acerca de qué hechos se investigan. Por lo cual, con base en todo el peso de las leyes y los artículos antes mencionados, el involucrado no puede rechazar la “cordial invitación” y mucho menos faltar a la testificación porque, en efecto, hay un ultimátum en negritas y subrayado: si no se comparece en el lugar para el día y la hora indicados le puede caer a uno todo el peso del artículo 364 (el de la comparecencia obligatoria) del Código Nacional de Procedimientos Penales, con unas multotas previstas en el artículo 104 (sobre las multas que van desde soltar billete hasta cárcel), fracción I, del Código Nacional de Procedimientos Penales.

De tal manera, a la víctima la hacen ir a las oficinas sin que sepa a qué carajo va, porque eso de testificar sobre lo que uno no conoce, no es testificar. Ahí les encargo sus clases de lógica de bachillerato… bueno, si es que los de la FEPADE se formaron realmente en un bachillerato. Ahora bien, mientras tanto, la víctima tiene que faltar a su trabajo, y mentir sobre el motivo de la falta, pues todos sabemos que eso de apenas empezar un empleo y luego luego faltar, no es bien visto. ¡Imagínense: qué va a decir el jefe si se le comenta que la FEPADE lo está obligando a faltar al trabajo a uno por quién sabe cuál motivo! El jefe, por supuesto, dirá: “¡Esta persona anda en malos pasos políticos… por eso lo investigan!”

Así y todo, sucede que varias gentes – ¡demasiadas!- son citadas por el mismo motivo, el cual no se lo notifican al afectado hasta que lo tienen bien sentado para una “entrevista” (ése es el nombre que le dan). La víctima, por supuesto, después de tantas entrevistas de trabajo, ya no quiere saber nada de “entrevistas.” Pero decía yo que no es hasta la “entrevista” que le explican al involucrado de qué van los “hechos investigados” que se resumen en: fraude electoral y robo de información. Ahí se entera –algo ya muy sabido- que la INE está compuesta por gente corrupta que anda vendiendo la información de los pueblos gentiles mexicanos: ajá, empleados de esa institución expiden información -¡confidencial!- a quién sabe qué candidato. Y se supone que la INE envía los datos y las informaciones sospechosas hacia la FEPADE. A ver, recapitular es la vía de la comprensión: la INE envía a la FEPADE los datos de apoyo que sean sospechosos de ser robados o vendidos de modo que estos datos carecen de foto y huella digital, cosa que no debe faltar cuando se apoya a un candidato independiente: pues parece ser que toda esa información el candidato debe recabarla, como se dijo anteriormente, en una aplicación de celular avalada por la ley ¿cuál ley? ¡Quién sabe!

La FEPADE se percata de que faltan las huellas digitales y las fotos en los registros y manda a llamar a quienes les pertenece la información. Con este modo, se entrevista a las gentes para saber si, en efecto, están apoyando o no a un candidato independiente. Como era de esperar, la gran mayoría no había apoyado ni dado su información a nadie; de tal modo que fueron robados. Y he aquí lo misterioso del asunto: La INE reporta los apoyos sospechosos, pero ¿quién más que la INE contiene la información electoral? Se llega a la conclusión de que la misma institución es la que brinda y vende la información. Cuando se le pregunta a los agentes de la FEPADE y se les interroga quién es el sospechoso de robo de información ya candidatos ya corruptos del INE, aquellos responden que es información confidencial. Finalmente, le piden al sospechoso sus datos personales, registrados en una carta horriblemente redactada, para que el caso personal se sume al expediente de investigación, y que, en teoría, la investigación siga su curso a fin de atrapar a los culpables. La víctima de fraude, además de defraudada porque quién sabe qué va a pasar, sale de las oficinas toda airada, que se lo lleva la chin…

Mientras tanto, ya perdió un día de trabajo, de sueldo, y se ganó la desconfianza por parte del jefe: sólo para que dos semanas después la cereza del pastel se le entregue en bandeja de plata: la INE lo busca para hacerle unas preguntas entorno a lo sucedido, y como no encuentra a la víctima en su hogar, deja un recado de que vaya al módulo no sé cuál, a la hora no sé tal, porque cierran a la hora no sé cuál, y menos en domingo, porque en domingo descansan los trabajadores de la INE. La víctima tiene su día de descanso en domingo, y su horario de trabajo finaliza posterior a las actividades laborales de la INE. ¡Resulta que la víctima tiene que faltar a su trabajo, porque los de la INE descansan en domingo! La víctima tiene que vérselas para arreglar lo que los corruptos no arreglan, los que vendieron y filtraron la información: ¡Qué prodigios estos los del fraude electoral! Es que ganar la silla presidencial es sinónimo de robar, sin importar llevarse entre las patas al ciudadano común y ordinario. De este singular modo, todos podemos ser el testigo, la víctima, el sospechoso y el afectado: ¡Lotería electoral!

PREPOTENTES

Por Leo Müller.


Hace tiempo que nos han dado muestra de incapacidad absoluta, pero se empeñan en ocultarlo. Y tan difícil es, que se gastan muchos recursos en el juego de las simulaciones, en el retoque digital de la identidad. Su mejor pose es aquella en la que aparentemente detentan el poder. ¡Ay las autoridades, los puestos de poder!

Aunque ni siquiera haga falta, porque su fetidez, su pésimo uso de la lengua hablada, abundante en palabras demasiado manoseadas, su nula habilidad para escribir y su comportamiento calculadísimamente correcto los delata, de vez en cuando alguien los investiga y sale a la luz lo sabido por todos: que son unas finísimas personas.

Todo el tiempo buscan el modo de presumir sus logros, lo cual nos hace cuestionarnos en qué momento pudieron lograr lo que presumen si no se callan y se los ve siempre haciendo su autocampaña publicitaria: ¿a qué hora leen, trabajan, estudian, construyen?

Sus discursos acaban siempre con un autoelogio disfrazado de moraleja que, a decir verdad, para los que los escuchamos es un insulto que se antoja devolver, porque nos tratan como si fuéramos los humildes servidores de su saber y su éxito, mientras nosotros nos esforzamos en seguir siendo mediocremente unos don nadie.

Sienten que poseen algo que todos desean, es decir, ser el mandilón de una autoridad respetable; al resto de los mortales se nos congestiona la risa porque es evidente que ser mandilón no es nada deseable y que ninguna autoridad es respetable… ¿Pues qué no se enteraron de que Dios ha muerto? ¡Hay que ‘ler’ más eh!

Ante tan cómico estereotipo barato de personalidad que se cargan, su inconsciente suele convertirlos en algo así como un monstruo muy ridículamente tenebroso, es decir, en un prepotente: es algo así como un ñoño con una pistola, de esos que abundan en culturas angloparlantes. Ante el ñoñazo con pistola uno se reserva la risa para otro momento, pero el ñoño sabe que su poder se reduce a la cantidad de balas que le queden.

Desde niños los obligaron a ser los mejores, así que por ese simple hecho creen que lo son. La única forma de superación que conocen es a través del sufrimiento y luego, en sus ratos de soledad, esos ratos para ellos insoportables (porque en esa soledad no hay nadie a quien presumir nada), se preguntan por qué ningún hombre ni mujer los soporta. A menudo resuelven este problema con los hombres y mujeres comprándolos; aunque ante la sociedad se les note el odio que les tienen a las personas, nunca dejarán de sentir lo mucho que las necesitan ¿qué difícil no?

Todas estas grandes virtudes que los definen, virtudes cargadas de mucho histrionismo, hacen pensar en lo que popularmente se sabe: dime de qué presumes y te diré de qué careces. A todas luces son inútiles hasta para hacerse un sándwich y aún así creen que podrán resolver los conflictos mundiales con sólo alcanzar el puesto político más alto.

Ahora bien, todo parece estar dándoles la ventaja a pesar de que sabemos lo que valen… ¿por qué? Porque el orden actual nos hace creer que tienen poder, un poder que con un poco de organización hará ver lo que tienen bajo los calzones. El orden actual se muestra obsoleto cuando con un mínimo de poder cualquier loco bota la canica. Luego además, la sociedad les abre el paso a puestos directivos, rectorías y hasta presidencias.

Su palabra favorita es dictar y su inteligentísima estrategia de acción es implantar mecanismos para que todos se callen el hocico. Afortunadamente la abundancia de este tipo de personajes nos hace ver un horizonte muy prometedor, con oportunidades para todos. Ya ven que cuando la gente se harta, sale de vez en cuando un hermoso canto de protesta: de entre la cobardía reinante de hombres y mujeres, alguien por fin es congruente con los valores modernos. Lamentablemente en lugar de aprovechar que alguien ha alzado la voz para hacer coro, la mayoría decide callar como le gusta al prepotente: ya se ve porqué este espécimen animal llega tan lejos.

leo.muller.platz@gmail.com

 

Imagén de Diego Chacón®.