BORRÓN & CUENTA NUEVA

La última vez que me tomé el tiempo de escribir un texto para la revista satírica fue más o menos hace medio año. E iba -me parece- sobre la furia imparable de la pujanza democrática: un poco de chanchullo perteneciente a las voces hiper críticas de nuestros días, como es usual.
Los discursos repentinos ahora se guardan en el baúl del sin recuerdo.
Borrón & cuenta nueva.
Semejante a mis ganas de escribir, algo intermitente, por espacios, así como de vez en cuando, de tanto en tanto. Porque así como me aburro rápido de escribir, creo que igual en general nos aburrimos de criticar (berrear). & ¿Luego? & Luego lo que sigue.
Borrón & cuenta nueva. Leer más “BORRÓN & CUENTA NUEVA”

LECTORICIDAS

Leer, verbo simple, fácil de pronunciar. Es un verbo que a algunos les sonríe (miren esas dos “ee”) y a otros les pesa como un ladrillo. En parte depende de los caminos que uno ha sabido tomar: como sucede con el acto de vivir, algunos leen por obligación y otros lo hacen por gusto; pero para la sociedad contemporánea los lectores de verdad son los primeros, y los segundos son más bien demasiado relajados como para ser tomados en serio (también, igual que vivir).

Para los segundos la época creó Lectoricidas, que son una serie de estrategias y artefactos para acabar con esta mugrosa especie de escépticos y ociosos desinteresados; para los primeros, en cambio, creó especialidades, becas y otros incentivos bastante ridículos.

Pero no se trata de hacer bandos contrarios, no es el punto ser enemigos. A menudo, ambos seres lectores encarnan en uno solo, o conviven en las librerías, bibliotecas y cafés. Lo que sí, es que son reducidísimos los lectores en general y que los que suelen fastidiar más son los lectores por obligación, pues pretenden imponer esa misma obligación en el resto de la gente presentándose como ejemplos a seguir. Para ello crean cursos, talleres, campañas de difusión de la cultura y congresos, entre otras cosas, como si las personas no tuvieran suficiente con el trabajo, la familia, la escuela, los gastos y deudas… Son Lectores Lectoricidas, es decir, sabotean su propio trabajo porque mientras crean van destruyendo; mientras hacen van deshaciendo. Viven y no dejan vivir.

A este espíritu traidor del que formamos parte en mayor o menor medida, se suman ahora sí los Lectoricidas puros, nuestros verdaderos enemigos, que suelen ser los patrones del trabajo, nuestras tías ignorantes, nuestros amigos ingenieros o de ciencias, los pedagogos frustrados, los lingüistas de academia que no escriben, los actores y productores y directores de teatro y cine que se la pasan en Facebook y haciendo campaña, la policía, los grupos de choque y demás géneros porriles de la UNAM, los maestros de la UNAM, los directivos de la UNAM, las compañías de televisión, las niñas y niños guapos pero huecos que van a las plazas comerciales, los maestros de Idiomas del CELE de la UNAM, los funcionarios públicos, los ruidosos automovilistas… y un largo y eterno etcétera.

Así que lean y dejen leer.

ESTAR LISTO

Ahora los poetas crean frases a partir de pequeñeces y detalles que siguen más el flujo cotidiano del pensamiento que una intensión ajustada al ritmo, la métrica y la rima.

Si esas pequeñeces representan algo para ellos, suelen ponerlo como un verso, aunque a veces les apena la pobreza de su pensamiento y entonces decoran un poco las palabras, o buscan otra metáfora que purifique un poco su agua de mente sucia.

Así, visto de cerca, se parece mucho a lo que hacen los funcionarios contemporáneos. Tal vez por eso esos poetas son publicados por el Fonca o una de esas instituciones aburridas.

Y ciertamente de eso va hoy la poesía y la política: de ajustar pequeñeses en las palabras. En México, hoy, cada tema delicado se parlotea con indolencia y sistemática especialización. Por ejemplo, están a punto de aceptar la creación (aquí ya empezó la poesía de la política) de “La Guardia Nacional”. Y pululan miles de argumentos a favor y en contra… Mientras tanto, el tema vivencial y cotidiano es si los pobladores sin voz ni voto, sin especialización en “temas de seguridad” y además desarmados, es decir, la mayoría de los mortales, estamos listos para morir.

Mujeres, estudiantes, periodistas aguerridos, defensores de causas difíciles y el peatón o poblador común y corriente se pregunta cómo vivir su vida y al mismo tiempo si está listo para morir. Espero esta frase pequeña, “estar listo para morir”, represente algo, pues creo que pone en palabras si acaso los muertos de los últimos tiempos lo estaban o los tomó por sorpresa y dejaron muchos asuntos pendientes.

LA INUTILIDAD DE LA ENSEÑANZA DE LO CLÁSICO

Por Sys Malakian.

 

En la sociedad en la que vivimos existe un problema gravísimo y de magna importancia, el cual nos afecta a todos, pero no todos son capaces de verlo. La enseñanza de lo clásico es fundamental para comprender lo que sucede a nuestro alrededor; sin embargo, la forma de enseñanza y el mal aprendizaje hacen que sea completamente inútil.

Lo clásico, refieren los especialistas, significa algo trascendental, es decir, lo que permanece al pasar de los siglos sin modificarse. Esto se acepta tal y como no es digerido y escupido por los expertos, pero: ¿qué sucedió, sucede y sucederá en el futuro si no se hace algo?, sencillo, llegará un momento en que las ideas y las propuestas originales mueran y el mundo se cierre.

Un ejemplo claro está presente todos los días en la música, las personas aprenden lo clásico y no hacen uso de su imaginación para poder innovar y transmitir sus ideas, sino que se empeñan en reproducir o variar lo que ya está hecho y considerado de culto, por lo que las personas con ideas propias son puestas en último lugar, ¿cuántos músicos de manual se dedican a tocar piezas de hace más de un siglo y cobran bastante por ello? ¿Cuántos “tributo a” impiden que las propuestas originales se presenten para un público mayor a 100 asistentes? ¿Qué utilidad hay en enseñar lo clásico para hacer lo mismo? No existe ninguna. Es comer lo excretado por otros y volver a crear mierda para que otros la consuman y que el ciclo de la vida del parásito continúe.

Así pues, este problema sucede también en otros ámbitos, no hace falta mencionarlos, por lo que crece y crece al pasar los años. Sin embargo, existen personas que están tratando de cambiar esta situación, y aunque son pocas, pretenden que la inutilidad se convierta en una herramienta útil para la creatividad.  🙂

 

 

Imagen tomada de:

https://www.google.com.mx/url?sa=i&rct=j&q=&esrc=s&source=images&cd=&cad=rja&uact=8&ved=2ahUKEwj10_f_ou3bAhURy1kKHXVeCDAQjhx6BAgBEAM&url=https%3A%2F%2Fwww.dameocio.com%2Fcompositores-musica-clasica%2F&psig=AOvVaw3PdKzAo_UkKJW4yriyGvm8&ust=1529963133760989 

EL CERDO HA HABLADO

A mí no me engañas, ¡Cerdo!, ¡Gran Cerdo! Bueno sí. Llevo poco más de diez años pagando el servicio celular que ofreces. Pero incongruencias aparte, no me engañas.

A ti nunca te ha importado este país. Te he visto ya varias veces y sueles aconsejar de dientes para afuera. Propones y propones pero no pones el ejemplo. Eres un farsante más en este mundo de farsantes y haz contribuido como todos al hundimiento de este país de pobres, de hipócritas y de mustios como tú.

Eres lo mismo oportunista que Cerdo. Ahora resulta que llamas a la borregada de reporteros de los medios nacionales para darte una vez más tus aires de grandeza. Ojalá construyas tu aeropuerto y por fin, ya contento con el usufructo, guardes un perenne silencio del alcance de tu ambición.

Yo no creo que se hunda el aeropuerto, ¡Si no se han hundido con el peso de tu ambición y corpulencia, Gran Cerdo, ya nada puede hundirse más en este país hundido!

Una de las grandes virtudes de la lengua española es esa facilidad con la que puede usarse para dar envolturas inocentes y tiernas a las palabras de los más grandes hijos de puta de la nación. Entonces, ahora tú emites humildes opiniones en pro del beneficio de la nación. La nación de la que te has atascado como el Cerdo que eres para alcanzar el poder que le da sentido a tu vida, el combustible de tu ambición. Bien por ti.

A mí me da gusto que mis compatriotas se superen día a día: me da gusto que Aurelio Nuño termine de ler sus libros; me da gusto que Andrés gane amigos de entre, incluso, sus enemigos; me da gusto que Anaya viaje por el mundo y amplíe sus horizontes; me da gusto que Peña haya acabado la carrera con mención honorífica por la tan chingona tesis que se aventó a escribir, contra todo pronóstico por su deficiente intelecto, y le haya demostrado al pueblo iletrado lo que es un hombre de ciencia y letra con valentía y honestidad; me da gusto que cada día seas más rico, Cerdo. Neta.

El Sátiro y yo, Leo Müller, te enviamos un abrazo y a ver qué día que no estés tan ocupado hablando de negocios, nos echamos un vinito y unas putas extranjeras. Adiós.

VOTOS PIRATAS

Por Lucio Severiano.


Sienta bien tomar la pluma una vez más, depuesta meses atrás, con la pura finalidad de denunciar los abusos y crímenes arrojados ya con tanta necedad al abismo de la cotidianidad. Maravillados nos podemos encontrar ante tanto odio irracional y ansias concupiscentes de poder en esta nuestra época, en esta nuestra tierra.

¡Ay! ¡Tiempos grotescos los de ahora! ¡Tiempos de hambre y crímenes electorales! Así, de la nada, de un de repente, sucede que hay que opinar sobre la futura fecha con fama de opípara controversia: ¿quién, de ahora en adelante, será el heresiarca de los banquetes de Palacio Nacional? ¿Quién devorará los platillos más suculentos y exóticos sobre la silla presidencial?

Por mi parte, hablaré más de los accidentes inmediatos que de los hechos aclamados y afamados entre las voces de los pueblos gentiles mexicanos. Uno de estos accidentes más procurados es el del fraude electoral con base en el robo de información. Momentos como los de ahora iluminan las manifestaciones de la corrupción en este país de humillados: Los candidatos tanto compran votos cuanto roban las informaciones de aquel plastiquito que nos da identidad de ciudadano y que además de contener la utilidad de poder beber cerveza en los antros, también nos da el poder del voto: ¡Libre! ¡Libre!

¡Tranquilos! Ni tan libre es el voto ni tan ciudadanos somos ni tan segura está nuestra información. Acontece que candidatos al hambre presidencial, ya sean independientes ya no tan independientes, andan por ahí, por el mundo, como quien dice “ahí nomás”, robando la información de las credenciales de elector para, digámoslo así, piratearse los votos. Sí, se supone que cuando los candidatos piden -¡exigen!- el apoyo al pueblo de gentiles -que somos nosotros, los mexicanotes de bigotote y sombrerotes- deben, con una de esas predilectas aplicacioncillas de celular avaladas por quién sabe cuál ley, tomar foto a la credencial de elector y a la huella, además de recabar la información personal del prestante del apoyo. Eso, repito, se supone que es el camino legal, palabra tan inerte e incomprensible para nuestras mentes: legal, como el café, que por cierto sabe horrible ya.

Pero ¡qué va! Es más padre y divertido irse por el camino ilegal. ¿Cuál es ése? Pues agarrar la información de nuestros conciudadanos, sin preguntarles obviamente… y utilizarla para los fines propios electorales: o sea, piratearse votos. Entonces, por eso es común y ordinario -¡ordinarísimo!- que, uno de estos días, llegue el ciudadano común y corriente (más corriente que común) a su cantón después de un friega (por no decir explotación) laboral y se encuentre con la sorpresota de que hay un recado –mal redactado- embelleciendo (¿o envileciendo?) la puerta de su casa, emitido por la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, más conocida por el ínclito nombre de su inutilidad e ineficiencia, FEPADE.

Dispuestas las cosas de ese modo tan azaroso, por no decir estúpido, algunas –o muchas- víctimas son citadas en calidad de testigos con la finalidad de manifestarse con respecto a lo acontecido: ¿y qué es lo acontecido? ¡Pos quién sabe! El papelito pegado como con prit no dice por qué uno tiene que “atestiguar.” Como es natural, y también de esperar, la valerosa institución, con reglamento, regaño, ley y toda la cosa, fundándose en los artículos 21 y 102, Apartado A, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos –los cuales tratan de las garantías individuales y la imposición de las penas (art. 21, Título Primero, Capítulo I)  y el poder judicial (art., 94 & 102, Título tercero, Capítulo IV)-, fundándose también en los artículos 82, 90, 91, 360, 363, 364 y otros más del Código Nacional de Procedimientos Penales –los cuales tratan de las formas de notificación (art., 82), citación (art., 90), forma de realizar las citaciones (art., 91), todos del Libro primero sobre las disposiciones generales, Título IV sobre los actos procedimentales, Capítulo V sobre las notificaciones y citaciones; el deber de testificar (art., 360), citación de testigos (art., 363) y comparecencia obligatoria de testigos (art., 364) –los cuales se encuentran en el Libro Segundo sobre el procedimiento, Título VIII sobre la etapa del juicio, Sección I sobre la prueba testimonial-; reiterándose en 4, fracción I, inciso A), subinciso b), de la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República –Capítulo I sobre las disposiciones preliminares y art., 4 sobre lo correspondiente al ministerio público-; con base en todo esto pues, la FEPADE manda a llamar a la persona afectada para que atestigüe o testifique sobre los hechos investigados. Los hechos investigados… al afectado nunca se le informa acerca de qué hechos se investigan. Por lo cual, con base en todo el peso de las leyes y los artículos antes mencionados, el involucrado no puede rechazar la “cordial invitación” y mucho menos faltar a la testificación porque, en efecto, hay un ultimátum en negritas y subrayado: si no se comparece en el lugar para el día y la hora indicados le puede caer a uno todo el peso del artículo 364 (el de la comparecencia obligatoria) del Código Nacional de Procedimientos Penales, con unas multotas previstas en el artículo 104 (sobre las multas que van desde soltar billete hasta cárcel), fracción I, del Código Nacional de Procedimientos Penales.

De tal manera, a la víctima la hacen ir a las oficinas sin que sepa a qué carajo va, porque eso de testificar sobre lo que uno no conoce, no es testificar. Ahí les encargo sus clases de lógica de bachillerato… bueno, si es que los de la FEPADE se formaron realmente en un bachillerato. Ahora bien, mientras tanto, la víctima tiene que faltar a su trabajo, y mentir sobre el motivo de la falta, pues todos sabemos que eso de apenas empezar un empleo y luego luego faltar, no es bien visto. ¡Imagínense: qué va a decir el jefe si se le comenta que la FEPADE lo está obligando a faltar al trabajo a uno por quién sabe cuál motivo! El jefe, por supuesto, dirá: “¡Esta persona anda en malos pasos políticos… por eso lo investigan!”

Así y todo, sucede que varias gentes – ¡demasiadas!- son citadas por el mismo motivo, el cual no se lo notifican al afectado hasta que lo tienen bien sentado para una “entrevista” (ése es el nombre que le dan). La víctima, por supuesto, después de tantas entrevistas de trabajo, ya no quiere saber nada de “entrevistas.” Pero decía yo que no es hasta la “entrevista” que le explican al involucrado de qué van los “hechos investigados” que se resumen en: fraude electoral y robo de información. Ahí se entera –algo ya muy sabido- que la INE está compuesta por gente corrupta que anda vendiendo la información de los pueblos gentiles mexicanos: ajá, empleados de esa institución expiden información -¡confidencial!- a quién sabe qué candidato. Y se supone que la INE envía los datos y las informaciones sospechosas hacia la FEPADE. A ver, recapitular es la vía de la comprensión: la INE envía a la FEPADE los datos de apoyo que sean sospechosos de ser robados o vendidos de modo que estos datos carecen de foto y huella digital, cosa que no debe faltar cuando se apoya a un candidato independiente: pues parece ser que toda esa información el candidato debe recabarla, como se dijo anteriormente, en una aplicación de celular avalada por la ley ¿cuál ley? ¡Quién sabe!

La FEPADE se percata de que faltan las huellas digitales y las fotos en los registros y manda a llamar a quienes les pertenece la información. Con este modo, se entrevista a las gentes para saber si, en efecto, están apoyando o no a un candidato independiente. Como era de esperar, la gran mayoría no había apoyado ni dado su información a nadie; de tal modo que fueron robados. Y he aquí lo misterioso del asunto: La INE reporta los apoyos sospechosos, pero ¿quién más que la INE contiene la información electoral? Se llega a la conclusión de que la misma institución es la que brinda y vende la información. Cuando se le pregunta a los agentes de la FEPADE y se les interroga quién es el sospechoso de robo de información ya candidatos ya corruptos del INE, aquellos responden que es información confidencial. Finalmente, le piden al sospechoso sus datos personales, registrados en una carta horriblemente redactada, para que el caso personal se sume al expediente de investigación, y que, en teoría, la investigación siga su curso a fin de atrapar a los culpables. La víctima de fraude, además de defraudada porque quién sabe qué va a pasar, sale de las oficinas toda airada, que se lo lleva la chin…

Mientras tanto, ya perdió un día de trabajo, de sueldo, y se ganó la desconfianza por parte del jefe: sólo para que dos semanas después la cereza del pastel se le entregue en bandeja de plata: la INE lo busca para hacerle unas preguntas entorno a lo sucedido, y como no encuentra a la víctima en su hogar, deja un recado de que vaya al módulo no sé cuál, a la hora no sé tal, porque cierran a la hora no sé cuál, y menos en domingo, porque en domingo descansan los trabajadores de la INE. La víctima tiene su día de descanso en domingo, y su horario de trabajo finaliza posterior a las actividades laborales de la INE. ¡Resulta que la víctima tiene que faltar a su trabajo, porque los de la INE descansan en domingo! La víctima tiene que vérselas para arreglar lo que los corruptos no arreglan, los que vendieron y filtraron la información: ¡Qué prodigios estos los del fraude electoral! Es que ganar la silla presidencial es sinónimo de robar, sin importar llevarse entre las patas al ciudadano común y ordinario. De este singular modo, todos podemos ser el testigo, la víctima, el sospechoso y el afectado: ¡Lotería electoral!