LA FUERZA DEL VOTO

Hace siete meses robaron mi información personal para hacer uso de ella en beneficio de las elecciones. Se supone que el culpable fue un candidato independiente a la presidencia. En aquellos momentos, después de la deleznable cita con la FEPADE, se me prometió que, al poco tiempo, se atraparía al culpable. Una institución pirata e hipócrita, la INE, vino, descaradamente, a buscarme para aclarar el asunto. Me negué. Yo tenía que ir a aclarar las cosas porque no supieron (?) que ellos fueron quienes desviaron la información desde su misma base de datos: información que me fue dada por la FEPADE.

Transcurrieron los meses, y nunca apareció el pirateador de votos y de firmas espurias; no se le encarceló. La FEPADE prometió que al poco tiempo brotarían las notas en los periódicos sobre el infractor. La FEPADE no volvió a llamarme; en el periódico no hubo notas sobre el presunto pirateador. Lo único que sucedió, para mi satisfacción, es que en las redes fue esparcido un video sobre el total fracaso de la INE, como institución electoral: ridículos trabajadores que no hacen su oficio, información filtrada, y una gorda que no sabía qué decir frente a las cámaras y el notario.  IFE, INE, y ¿ahora qué sigue?

Luego, Marychuy, quien parecía la más limpia entre todos, no calificó –o más bien, la descalificaron quién sabe por qué razones- para la candidatura y los debates: la prensa y el pueblo gentil no hizo demasiada mención sobre qué aconteció con Marychuy. Luego, vinieron los debates de cinco verduleros: una mujer sin talante e incapaz de expresarse oralmente –que además, como quien dice, no aguantó los putazos y se salió-; un ridículo que corta manos y quien probablemente espureó mi información;  un mocosillo que en videos, speaking english, afirma que con sus technologys enterprises logrará el cambio –no sé de qué cambio habla-, pero totalmente lo contrario de lo que sostuvo hacer como líder; otro tonto sacado del Parque Jurásico que dice que va a ganar sin fraude, pero que amenaza a los trabajadores para que voten por él, y el menos peor que nunca toma postura, se siente mesías y promete ver por los jodidos –a ver si es cierto-.

La lucha por el poder simboliza una cosa: hurtar a toda costa, acción que se refleja no únicamente en las altas esferas, sino hasta en los más jodidos.

En una ocasión, un viejillo ciego –o que se hacía el ciego, uno nunca puede estar seguro con estos artilugios de prestidigitadores- que se encontraba en las afueras de Bellas Artes quiso venderme mota en forma de pulseritas a la par que un adolescentillo barroso y repugnante que hacía las veces de ladrón, se acercaba para examinar cuánto me podía robar. Cuando respondí al ciego de la manera más amable que no requería de ellas, me insultó y me increpó con denominaciones contra las que justamente he procurado combatir con mis pocos recursos durante gran parte de mi breve vida.

¿A quién irle? Si a los jodidos o a los más venerables, es una pregunta de dudable respuesta. Tal vez no la tenga, y la que se acomoda egoístamente es: yo no estoy del lado de nadie porque nadie está de mi lado. Pero es la más plausible.

Más adelante, la democracia se viene abajo con la emulación de votos informados. Los intelectuales sacan a relucir todo lo que no vomitaron en seis años desde el fraude del copetudo. Entonces, durante mis horas de soledad literaria, el Pericles de Tucídides desaparece ante las críticas de redes sociales, y el ridículo mexicano, como degollando a Nicias, se metamorfosea en un ciudadano con derechos y deberes civiles: “Hay que votar, porque votar es un derecho.” ¿Derecho a qué? ¿A olvidarme por seis años del entero desmadre de un estado casi caído?

Las camisetas ya no sólo son verdes y charras, sino que son politólogas, filósofas, letradas, cultas, políticas, economistas, financieras, ambientales, científicas, jurídicas, psicólogas, médicas, ingenieras y no sé qué otro título más. ¡A arrogarse un papel a partir del cual nadie me ha preguntado nada! La contradicción lógica se hace patente en la excesiva argumentación, y el mexicano se vanagloria de ello. Argumentación que jamás salió a flote cuando tuvo que verse en los constantes problemas acontecidos en seis años, que ya no voy a enumerar porque ya se los saben de memoria.

Después, cercana la fecha de opípara controversia, gran parte del país es consciente de sus derechos y sus poderes; y muchos otros conocen de memoria lo que es la democracia. Yo sigo sin entender qué carajo significa esa forma de gobierno; creo que de nada me ha servido leer a Aristóteles ni de experimentar los látigos de la vida. Lo único que observo cada vez más es la falta de referentes para comprender los problemas del país; por otro lado, veo que casi todos están muy informados y que entienden mejor que yo esos problemas (¿¡cómo le hacen!?).

Después, muchos vienen a darme clases de las mil y una democracias existentes; después, yo vomito que estamos más perdidos que nunca, ¿cómo vamos a decidir así?; y luego me responden que las democracias de ahora son sistemas preestablecidos en los que ya no puede uno participar directamente en la política, pero que siguen siendo bien democráticos (ya no entendí qué significa esa palabra; entonces, a revisar el griego, otra vez…); entonces yo comento que no es democracia; entonces me responden que lo que a mí me corresponde es el deber ciudadano de votar, y que uno no puede tener todo claro y que por eso hay que ir a lo más próximo -creo que se refieren a ser pragmático-; y entonces yo digo que entonces no es que estemos muy informados y actuemos con deber ciudadano, sino al chilazo, como todo en este país; y entonces, me reafirman, desviándose, que la democracia es de diferentes tipos; y entonces yo ya no quiero seguir en el juego aburrido de la argumentación circular. Quedo derrotado porque hay un argumento sólido y victorioso: que no estamos tan perdidos porque llevamos tres meses conociendo a los candidatos; no estamos tan perdidos porque sí tenemos claro quiénes gobernarán; no estamos tan perdidos porque sabemos que tenemos un deber, el de votar, y entonces sí tenemos referentes.

Así son las nuevas formas de los 30 tiranos en la nueva boleta:

La fuerza del voto es un deber ciudadano.

La fuerza del voto, como título de novela teatral y dramática de Moreno.

La fuerza del voto, hacer las cosas al chilazo.

La fuerza del voto, ejercer la libertad de expresión en face y ponerse una camiseta sabionda, y andar gritando frases esperanzadoras y sabias (dizque).

La fuerza del voto, robarse información e integrar firmas espurias.

La fuerza del voto, hacer y hacer Institutos Electorales, a ver si chicle y pega.

La fuerza del voto, escoger al menos pior.

La fuerza del voto, argumentar y argumentar hasta que se me acabe la tinta porque en realidad, soy un ignorante más que necesita güacarear que es inteligente.

La fuerza del voto, una eterna repetición de pendejadas.

La fuerza del voto, impunidad y desigualdad sempiternas.

La fuerza del voto, marchar e integrarse a las hordas multiculturalistas.

La fuerza del voto, olvidarnos de las problemas sociales, económicos y culturales, y no sé qué otro adjetivo similar.

La fuerza del voto, abordar el tren del mame de todos los pendejos que tiene una postura democrática, sea lo que sea que esta palabra signifique.

La fuerza del voto, sentir que ahora sí va a haber un cambio.

La fuerza del voto, resignarse al mal gobierno.

La fuerza del voto, dejarle a los futuros un país caído.

La fuerza del voto, elegir una carrera y prepararse y ser alguien en la vida y después darse cuenta del fracaso interno que es uno mismo.

La fuerza del voto, fracasar desde un principio y ser un don nadie.

La fuerza del voto, decir cosas que realmente no sostenemos a capa y espada.

La fuerza del voto, tomarse fotos afuera de las casillas enseñando las chichotas.

La fuerza del voto, vender la propia dignidad por unos cuantos pesos y unas pancartas afuera de tu casa.

La fuerza del voto, hacerse pendejo durante todo el sexenio de Peña, de Calderón y así y así.

La fuerza del voto, participar como vigilante que vigila las vigilias de las boletas para que no suceda nada negro, ¿pero quién te vigila a ti, mano?

La fuerza del voto, mancharnos el dedito de negro y hacer presión sobre una boleta que de antemano sabemos que piratearán.

La fuerza del voto, no ir a votar.

La fuerza del voto, anular el voto,

La fuerza del voto, anular las instituciones.

La fuerza del voto, anular las academias.

La fuerza del voto, anular el mal gobierno,

La fuerza del voto, anularte a ti mismo.

Y, ustedes, ¿qué opción tacharán?

 

 

Por mí, el voto, las opiniones, argumentaciones, debates y todo este mame democrático pueden irse a chingar a su puta madre. Bótense a la verga, cerdos hipócritas…

Mejor seguiré trabajando como lo he hecho: de forma clandestina. Nos vemos dentro de seis años. 🙂

 

Ciudad de México. Domingo, 01 de julio, 2018.

 

Imagen de portada tomada de:

Anular el voto o votar con convicción. ¿Qué es mejor?

 

PARENTÉTICAS PARAGRÁFICAS

(No se acostumbra hacer largas parentéticas en los textos, pues se supone que simplemente funcionan como explicaciones prescindibles para el sentido de nuestras hermosas oraciones, nuestros contundentes párrafos, y por ello no hay que romper mucho la regla haciendo extenso aquello que olvidaremos al primer cambio de párrafo.

Pero como en este país (como me explicó un taxista hace poco) todo es posible (es decir, no hay reglas (o se pueden romper)) y la única regla es que no hay reglas (contradictoriamente), la constancia y el orden son algo así como un invento muy sofisticado, particularmente en cuanto al pensamiento.

A ver, vamos a abstraer, no se asuste. En cuanto al pensamiento, logramos dejar en suspenso la línea de pensamiento general para pasar a explicaciones prescindibles, fuera de la semántica fundamental. Dejamos atrás, muy atrás, difuminando hacia la subordinación lo principal y volviendo principal lo circunstancial, los puntos que creíamos más importantes.

Así, los miles de desaparecidos y asesinados, las miles de mujeres violadas y explotadas, el tráfico de drogas, el lavado de dinero, la falta de educación y oportunidades, las fracturas a los derechos humanos, la corrupción, las ordas de desplazados, marginados y abandonados, la pésima salud, la mole de la violencia y el control de las calles por grupos delictivos, la nula afectividad de cualquier institución (del ramo que sea), el cinismo de nuestros gobernantes, la dificultad para convivir con nuestros compatriotas, la sobrepoblación, los periodistas asesinados, al igual que activistas… son cosas que algún día fueron principales pero que ahora se encuentran desplazadas por un largo largo largo paréntesis: las elecciones.

Entonces, una vez terminada esta parentética paragráfica electoral, habrá que retornar al principio del texto para redescubrir de qué hablábamos, qué era lo principal, qué vamos a desarrollar primero). 🙂

AGRESIONES SEXUALES EN LA UNAM

A veces los chamaquitos se alocan. Incluso, por tantos problemas que uno carga cuando es joven, busca meterse en otros tantos, ya incluso asegurado el lugar en la universidad. Por eso mismo debe pensarse que las protestas para denunciar las agresiones sexuales acometidas por parte de maestros de historia, de informática y de un humilde trabajador de una cafetería en Prepa 5, Prepa 9 y CCH Vallejo respectivamente, son un invento más de la chamacada alocada fiestera.

De parte de algunos que aprovechan estos sucesos para ejercer su inalienable derecho  a la apatía y la indiferencia, o sea, de aquellos que no tienen de qué quejarse porque a ellos no les pasó nada, podemos esperar un silencio que, a decir verdad, no viene nada mal, porque no suelen tener nada interesante qué decir en ningún momento, sino siempre puras banalidades; y de parte de las autoridades de la universidad no cabe esperar nada nuevo: lo negarán siempre todo, incluso antes de investigar.

A algunos (la mayoría), les parece esto una contradicción: ¿cómo? ¿En la máxima casa de estudios (epíteto rimbombante, que suena como a penal de máxima seguridad de Almoloya), lugar donde se enseña el método científico, no se investigan los casos de agresiones sexuales contra sus alumnas? Pues no. La tradición escolar dicta que el alumno nunca tiene la razón.

En realidad, el modo en que funcionan las escuelas consiste en hacerle creer al alumno que se le está dando algo que nunca aparece: criterio, conocimiento, interés, entrega, creatividad y sobre todo, aquello que el discurso nacionalista exalta, ideas para mejorar nuestro país.

Pero ya ven, todo mundo quiere estar allí y todos se sienten parte de una gran misión celestial cuando acceden a la UNAM. Se obnubila el alma cuando en esa utopía general pasa algo que no concuerda, y siempre será mejor encubrirlo, no creerlo, taparlo, negarlo, porque si no, el sueño pierde esa aura áurea dentro de la cual todos parecemos diosas y dioses, héroes y heroínas (véase la gaceta de la UNAM).

Pero ahora cada vez es más difícil ocultar lo pedestre y silvestre de nuestras instituciones. Aunque el rector se empeña en difundir que en su territorio todo es lindo y aséptico, ahora también sabemos cuán incompetentes son las áreas jurídicas de la UNAM y cuán cerdos pueden llegar a ser su profesores hombres.

Heidegger fue discípulo de Husserl; Freud lo llegó a ser de Charcot; Marx lo fue de Hegel. Eso, en los libros, significa que aprendieron a refutar a sus maestros, a discutirlos, a contradecirlos. ¡Y miren qué resulto!

En cambio, yo fui discípulo (hace tiempo) de la maestra Reynalda, que daba pena; y hoy lo soy de otros tantos ridículos, ya en la polis sofocósmica. Y eso en la realidad quiere decir que si yo quisiera discutir con ellos sería imposible, ya sea porque no les interesa, ya sea porque piensan que yo debo obedecer y aprender, ya sea (lo peor) porque no saben, porque son más ignorantes.

Así, cuando un alumno tiene un ideario, un criterio, una pasión (que se supone que es lo que las escuelas se atribuyen fomentar en sus alumnos), las figuras de autoridad de las escuelas se dedican a ignorarlo y a callarlo, y a poner peros y trabas. Y si las alumnas de las escuelas dicen que sus profesores hombres las acosan y pretenden abusar sexualmente de ellas, las califican de mil maneras y las cuestionan (como no se permitiría hacer a ningún maestro o director); luego, las figuras de autoridad se hacen chiquitas chiquitas y dicen ignorar: perros mentirosos. 🙂

 

Imagen de portada tomada de:

https://www.animalpolitico.com/2018/02/abuso-sexual-cch-vallejo/

LOS CAPRICHOS Y LAS NUBES

Dice la incuestionable tradición que para argumentar seria y pesadamente el escribiente consagrado ha de remontarse hasta donde su carcacha del tiempo ya no dé más: no importa cómo, la gracia está en irse lo más atrás posible así como para que digan: “no manches, ése es él. Ése se ha remontado hasta no sé dónde. Ése es él.” Y entonces, para que la justificación parezca así como que bien seria, mientras más antiguo sea, más serio es lo que sea que se tenga que rebuznar. Órele pues, remóntese en taxi o metro o trole o uber, a ver si no lo secuestran, violan y destazan durante el trayecto hacia la única parada: el mundito paradisiaco griego, u otros parecidos, similares, semejantes, casi iguales, ahí más o menos lo mismo. Una vez allí, aristofánicamente decimos que una y sólo una cosa impregna las consideraciones ultra intempestivas de todos nuestros extraviados pensadores mexicanos: vivir en las nubes. Claro, la pestilente progenie del hoy la remontamos a un viejito apestosito, barboncito y gorroncito de la antigua Atenas que también habitaba en las nubes, por mero capricho -¡no yo, sino el gordito ese!-

Y es que sobreviene que todo cuanto sea tema de conversación a nivel nacional (las elecciones, las migraciones, la violencia, el aborto, el feminismo, la libre expresión, la libre censura, el libre pensamiento, el agua, la tiránica Venezuela, el mundial, el México 1-Alemania 0), insisto, todo cuanto de choro haya, reniega de sus fundamentos sólidos: el capricho de la justificación, o como dice un vate de por ahí, el berrinchismo. ¡Ahora resulta que ponen a un equipo de futbol, presidido por el poeta de la Palabra luminosa, Tavito, frente al dialéctico Hegel! Y no es que uno sea germanófilo, sino que estos escolares cuando no tienen nada que decir, van y se inventan cualquier tontería. ¡Pinches chamacos nalgas miadas!

Al grano. Sí pues, se trata de creer ciegamente que hemos creado unas nubes de pensamiento propias muy objetivas y muy sólidas, por medio de enredamientos lógicos y no tan lógicos, concluyendo en una especie de consigna (?) del derecho y el punto de vista propios: “porque así lo creo, porque es mi derecho, porque yo así lo veo, y fin. ¡He dicho!” Entonces, se precisa cambiar la realidad, alterar la realidad, mutarla y metamorfosearla gritándonos sin escucharnos. ¡A lanzar pestes y calumnias contra quien no concuerde con nuestro suicidio justificativo! ¡Ámonos! ¡Empieza la competencia para ver quién lanza más patadas de ahogado! Y el último que resista teniendo la razón a diestra y siniestra sin medida alguna, ése, dijimos, ése es él. Ése es el ganador. No importa si se sustenta o no en lecturas y experiencias, objetivos primarios y secundarios, o falacias: ¡todos al tren del berrinchismo! Así como nos podemos encontrar a un ínclito profesor de presocráticos -¡el último filósofo de las letras griegas que se ufana frente a sus alumnos de primer ingreso!- con conferencias magistrales sobre el Patrimonio Cultural Griego, así también a una niña berrinchuda de la red social que opina y opina en torno a la libertad de aborto -¡pendejándolos a todos!-, pero cuando sus profes la pendejeaban en clase, se quedaba calladita, así silenciosa, taciturna, como una musita somnolienta. A mí no me engañan, profesor de presocráticos y musita somnolienta, ustedes también están intoxicados por el capricho instantáneo: puros gritos y vociferaciones dispersas, sin escuchar cómo parte el rayo las ramas del árbol sapiencial. ¡Escuchen el crujido, oh popularidad predecible, y admiren el sustrato de nuestras ideas!

La indolencia acompaña el capricho aborrecible, y el escolar es una inutilidad errante por las calles del país perdido. Como no sabe hacer nada, como no sabe trabajar la materia, se emprende la búsqueda inalcanzable del sueño de ser alguien. ¡El SER ALGUIEN en la vida! ¡EN LA VIDA! ¡Ay wey, como si no fuésemos alguien ya en este preciso momento…! Después se desilusionan y se frustran y se enojan y berrinchan y rebuznan contra todo porque no se sienten aceptados por el mundo hostil, los bajan de sus nubes, como se acostumbra decir.  La condescendencia es el arma de todo caprichudo. Entonces, yo como argumentador irrefutable, debo menospreciar las demás posturas, y de darse la ocasión, minimizarlas y reducirlas a lo mínimo, y lo mínimo no es otra cosa que lo mismo. Y el capricho también es lo mismo, pero es lo mismo que no se reconoce como lo mismo. Hay que darle salida al ego pues: “¡que no es lo mismo que lo mismo, te estoy diciendo!” ¡Chamacos caguengues!

Lo más chistoso de este circo de argumentos es que todo se vuelve más peligroso, más ponderante, más heavy, más pesado, más serio, más brutal cuando el capricho se enfila detrás de la súper ultra mega racionalización, defendiéndose como algo para nada superficial. ¡Ahora resulta que los ensayos con bibliografía no son producto de lo que uno piensa superficialmente, sino de una construcción masivamente histórica y contundente de la abstracción! Lo mismo un ensayo de éstos que las publicaciones de las redes sociales, lo mismo el Patrimonio Cultural Griego en coloquios anuales que el comentario de una feminista que no escucha y que dice que la quieren explotar por escribir un artículo a la par que defiende el aborto, tomándose con cuarenta mil kilos de maquillaje una foto en donde queda inscrito “¡Ni una más!” en un estudio ultra engalanado, cuyo jefe le paga una miseria y al cual debe lamerle las botas en constancia a gala de que pueda seguir publicando en esa revista. ¿Es en serio?

Todo este berrinche intempestivo para el que me he tomado el tiempo de escribir queda sintetizado en un poema que me ha agradado mucho, cuya autoría pertenece al vate infra, Leo M.:

Poema berrinchista

Vives en series fraccionarias

pegándola donde te pelan

donde te olfatean

Tu ego es una alcancía

llena de likes que esperas

con fervor cada que

expresas tu opinión.

Ten cuidado, porque un día,

cuando levantes la mirada

de tu Iphone, habrá llegado

el otoño, la perra vejez y,

a menos que Googlees,

olvidarás la primavera.

O una de dos, o se sigue viviendo en las nubes, para ver si se me ocurre el material para escribir una comedia, o nos vamos a caminar por las calles asoladas de México y darnos cuenta de que ya valió barriga, señor Verga. ¡He dicho! ¡Porque yo lo digo! ¡A chingar a su madre toda la aberración de caprichudos! ¡A chingar a su madre el Patrimonio Cultural Griego y toda la indolencia mexicana! Y sólo por una razón: ¡PORQUE YO LO DIGO!  🙂

Imagen tomada de: 

https://www.google.com.mx/url?sa=i&rct=j&q=&esrc=s&source=images&cd=&cad=rja&uact=8&ved=2ahUKEwiowMCa0-PbAhVJq1kKHRLwC9AQjhx6BAgBEAM&url=https%3A%2F%2Fohcaspita.wordpress.com%2F2009%2F06%2F25%2Flecturas-que-me-traumatizaron-las-nubes-de-aristofanes%2F&psig=AOvVaw13iNtX1dh4AQ42hWxzPybQ&ust=1529632434189052

VERDAD Y SANGRE

ESTE VIERNES 23 de marzo de 2018 se cumple, en la cuenta, un año del asesinato de la periodista Miroslava Breach y su compañero Javier Valdéz, ambos corresponsales y periodistas, indagadores y expositores de las marranerías de los “narcocandidatos.” No se trata de rememorar o volverlos mártires, sino de detonar la importancia de un periodismo sincero, una investigación franca. Algo así nos hace falta: escribir menos basura editorial y académica para escribir letras más inquietas.

Me sorprende con tal indignación que, al propio tiempo que de la manera más atroz mueren periodistas con auténticas convicciones y bastante valor, otras gentes, que se autodenominan investigadores, insisten en la otra investigación, una que por ocurrencias lógicas -más bien ilógicas-, se refugia en la palabra objetividad. Entretanto, la verdad se cobija con tinta sangre de balas, feminicidios, cabezas cortadas, un estado que se viene abajo, y el hambre de corrupción presidencial. La verdad es que la verdad en este mundo es roja, ni objetiva ni única.

Durante largo tiempo creí que investigar a la manera escolar era un hecho activo que producía cambios sociales; mi descreencia, no obstante, se mostró clara cuando una de mis preceptoras sostuvo que una indagación informal no tiene valor alguno, y que para cambiar las cosas hay que tener una investigación “contundentemente” objetiva. Este argumento escolar –sin importar cuánta teoría hermenéutica se escupa- sigue la línea aquella, por demás ya torpe, de que la verdad es única, indivisible, severa, por vía de la objetividad.

Sin embargo, en términos prácticos –y por practicidad entiendo la vida cotidiana y del día a día, donde muere gente por buscar la verdad-, esto es un absurdo: la lógica estúpida, que se suicida. No. No se puede hablar de investigación en un cubículo o en un salón con pizarrón, mientras destazan personas, violan y matan mujeres, y donde los periodistas son eliminados a plomazos, por no decir calcinados; y mucho menos, unas investigaciones tales tendrán jamás injerencia en la metamorfosis social que tanto urge. ¡Cuánto papel y libro! ¡No obstante cuánta degeneración mayor!

Pero tal vez existe otra línea de indagación, una menos parca y más atenta con la realidad social; una investigación poética y teorética a la vez que práctica y unificadora, en la cual las diferencias sean meramente conceptuales; un inquirir menos encarcelado y burdo, y más bien callejero y forajido. Una visión de semejante género se forma a partir del espíritu de la calle: hastiado, mas no por eso rendido; una metodología diferente mediante la cual sea posible limpiar los afluentes y máculas de sangre coagulados en las hojas de papel, y lograrlo por la simple creencia de un bien vivir. Optamos por una verdad diferente, inmadura tal vez, pero con fuerza de empatía. Y en esta guerra de guerras, donde para encontrar la verdad a diario esquivamos balas y sangre, decadencia y muerte, ¡donde arriesgamos nuestra propia vida por las demás vidas!, debemos enfocar nuestra atención probablemente en aquel filósofo griego rezongón, contreras, llorón, oscuro: no nos bañamos dos veces en el mismo río…

¿Mi glosa? La verdad no se encuentra dos veces en el mismo río de sangre. Y aunque nos maten a todos, aunque mueran estos nuevos investigadores de la verdad -que ahora paulatinamente brotan-, la ciencia, ¡su conocimiento!, que están confeccionando tendrá peldaños más perenes que el bronce… será imparable, como el tren de la niñez… ¡Larga vida a la Periodística!

 

Imagen tomada de:

http://www.milenio.com/policia/periodismo_escrito_con_sangre-javier_valdez-antologia-libro-aguilar-milenio_0_1012099104.html 

EL CERDO HA HABLADO

A mí no me engañas, ¡Cerdo!, ¡Gran Cerdo! Bueno sí. Llevo poco más de diez años pagando el servicio celular que ofreces. Pero incongruencias aparte, no me engañas.

A ti nunca te ha importado este país. Te he visto ya varias veces y sueles aconsejar de dientes para afuera. Propones y propones pero no pones el ejemplo. Eres un farsante más en este mundo de farsantes y haz contribuido como todos al hundimiento de este país de pobres, de hipócritas y de mustios como tú.

Eres lo mismo oportunista que Cerdo. Ahora resulta que llamas a la borregada de reporteros de los medios nacionales para darte una vez más tus aires de grandeza. Ojalá construyas tu aeropuerto y por fin, ya contento con el usufructo, guardes un perenne silencio del alcance de tu ambición.

Yo no creo que se hunda el aeropuerto, ¡Si no se han hundido con el peso de tu ambición y corpulencia, Gran Cerdo, ya nada puede hundirse más en este país hundido!

Una de las grandes virtudes de la lengua española es esa facilidad con la que puede usarse para dar envolturas inocentes y tiernas a las palabras de los más grandes hijos de puta de la nación. Entonces, ahora tú emites humildes opiniones en pro del beneficio de la nación. La nación de la que te has atascado como el Cerdo que eres para alcanzar el poder que le da sentido a tu vida, el combustible de tu ambición. Bien por ti.

A mí me da gusto que mis compatriotas se superen día a día: me da gusto que Aurelio Nuño termine de ler sus libros; me da gusto que Andrés gane amigos de entre, incluso, sus enemigos; me da gusto que Anaya viaje por el mundo y amplíe sus horizontes; me da gusto que Peña haya acabado la carrera con mención honorífica por la tan chingona tesis que se aventó a escribir, contra todo pronóstico por su deficiente intelecto, y le haya demostrado al pueblo iletrado lo que es un hombre de ciencia y letra con valentía y honestidad; me da gusto que cada día seas más rico, Cerdo. Neta.

El Sátiro y yo, Leo Müller, te enviamos un abrazo y a ver qué día que no estés tan ocupado hablando de negocios, nos echamos un vinito y unas putas extranjeras. Adiós.

ENTREVISTAS DE TRABAJO

Por Lucio Severiano.


Crónica sobre el desempleo.

 

La dignidad déjese de lado! ¡Arrójese al bote de basura el honor! ¡La esperanza es una estatua que zurran las palomas! ¡Resulta que sí le llaman a uno! ¡Resulta que sí lo citan a uno por correo! ¡Resulta que a uno se le amontonan en el mismo día las entrevistas de trabajo! ¡A bañarse hasta debajo de los ojos y untarse con esencias olorosas! ¡A comer poco para que no le agarren ganas de hacer caca! ¡Al entrevistado no le está permitido ser una paloma! ¡A imprimir curriculumsss a lo loco! ¡A sacar copias de IFE a lo tonto! ¡A salir temprano para no llegar tarde! ¡A largarse en ayunas por la falta de todo: dinero, tiempo, computadoras, impresoras, etc! ¡A preguntar miles de veces por las direcciones erróneas! ¡A hacer uso de la facilidad de palabra! ¡A seguir perdiendo el tiempo! ¡Perder el tiempo! ¡Perdido el tiempo! ¡El tiempo perdido! ¡Se pierde el tiempo! ¡Piérdase el tiempo! ¡Que se pierda el tiempo…!

Nos ponemos por la prisa el pantalón más sucio que tenemos, con un agujero en la parte trasera. A nuestros cercanos pedimos prestado dinero para los menesteres: corremos al café internet, imprimimos, sacamos copias. Subimos al metro; llegamos a la estación indicada; salimos de ella. Sacamos la dirección escrita en un papel desgarrado; preguntamos a varios la dirección; la leemos. Damos varias peripecias. Sin saberlo llegamos una hora antes. Nos sentamos; escribimos nuestros pensamientos en una libretita; leemos un texto durante la espera.  Llega la hora: el zaguán está cerrado; el guardia se está comiendo los mocos. Esperamos parados; nos abren la puerta; nos registramos y observamos que fácilmente treinta aspirantes se han registrado antes que nosotros; subimos. Esperamos sentados frente a unos monos que, si todo sale bien, serán nuestros compañeros de trabajo. Pasa media hora y nada: pensamos en las crisis sociales. Llega la entrevistadora, nos presentamos. Bajamos a un tugurio. Nos sentamos en un sofá pipiriznai: comienza la entrevista de trabajo, de trabajo, de trabajo…

Con discursos practicados ya de memoria, con voces y palabras fingidas, con presentaciones y locuciones falsas nunca usadas en la vida cotidiana, utilizando oraciones consecutivas hasta la exageración y haciendo preguntas pretenciosas, por medio de definiciones de diccionario, así y mucho así, nos explica la entrevistadora de qué va el empleo. Nos pide, como si no bastase el feo papel de la carrera de vida, que le platiquemos qué coño sabemos hacer: asunto que en realidad se reduce a qué experiencia laboral se posee. Comienza el cuento, la fábula, el teatro, la obra literaria. Utilizamos pues, para apologizarnos, lenguaje literario; nos explicamos como si fuésemos un libro; hablamos con toda la exaltación posible; relatamos con tal sublimidad las hazañas que hemos logrado; nos expresamos con un lenguaje sólo utilizado por los grandes escritores de la literatura; somos conscientes, tanto la entrevistadora como nosotros, de que nunca hablaríamos así en la vida diaria, pero, puesto que la ocasión laboral lo requiere, nos cambiamos de camiseta, y actuamos como algo que no somos; y así… y así… y así… y así…

Continúa la farsa verdadera, la mentira se parece a la verdad. Nos llevan a una típica oficina de burócrata. Presentamos otra vez… y otra vez… y otra vez… exámenes de conocimientos. Algunas cosas se responden con total certeza dado que se conocen; otras no, dado que no se conocen. La entrevistadora lanza una nueva mentira: el examen no afecta al aspirante, es sólo protocolar. Mucho protocolo guía los caminos del obrero, ¿no? En las oficinas consiguientes, hombrecillos y mujercillas sentados están frente a computadoras, rodeados de torres de papel; a duras penas sus traseros caben en las sillitas. Por alguna extraña razón, nos parecen tan insignificantes. Su insignificancia no es innata, sino obtenida, ganada en la competencia neoliberal. Entregamos las hojitas, nos despiden; prometiéndonos otra llamada, otra llamada, otra llamada para otra entrevista, otra entrevista, otra entrevista…

Salimos del edificio. Nos desilusionamos porque tuvimos que rechazar otra entrevista dado que se nos juntó en el mismo horario: perdimos un posible trabajo; no obstante, debemos llegar a la segunda entrevista que es en tres horas. Nos dirigimos a un transeúnte; preguntamos por la siguiente dirección. ¿Nos vamos a pata o en metro? Tomamos el metro; transbordamos; tomamos otro metro. Comemos dos manzanitas para calmar el hambre. Llegamos a la estación convenida; salimos de ella. Sacamos el papel arrugado para ver la dirección, la leemos. Emprendemos la caminata. Volvemos a preguntar por la dirección. Caminamos más; transitamos un puente largo; tomamos un camino equivocado, pues la disposición viaria es un asco. Retornamos. Preguntamos de nuevo. Subimos y bajamos el mismo puente. Volvemos a preguntar. Morimos de hambre: vemos un puesto con tortas baratas; un hombre medio muerto y chimuelo está cuidándolo; pedimos la torta de pierna con queso; el señor chimuelo, apenas pronunciando, dice que el dueño tuvo que ir a la delegación y que él sólo cuida el puesto. Caminamos un poco más. Vemos otro puesto de tortas: pedimos una; una joven toda ojerosa y dando la impresión de que su vida es un horror prepara nuestra torta. Mientras la prepara preguntamos si falta mucho para llegar al lugar convenido; la joven con rostro cansado y voz neutra responde que falta poco. Comemos y bebemos y nos ensuciamos de grasa nuestras camisas amarillas desgastadas; unos gatos que mueren de hambre se acercan a pedir migajas; les damos migajas. Pagamos. Llegamos al lugar: preguntamos en el módulo de información; nos dicen que la encargada no ha llegado, que se ha ido a comer y que va a tardar, que ya han llegado seis postulantes antes que nosotros. Todos nos quedamos con cara de incredulidad, como si no fuésemos capaces de concebir que la mujer se fue a tragar aun cuando citó a una determinada hora a las gentes postulantes. Nos vamos a sentar todos cansados. Pasan quince minutos. Una empleadita con cara de que su vida es un espanto nos lleva de nuevo al módulo: nos piden registrarnos; nos dan un gafete; nos mandan al área de comida en donde el público general come. Nos hacen esperar otros diez minutos: un empleadito arrogante se burla de nosotros, nos dice que nuestro porte no es el adecuado; nosotros no nos inmutamos. Llegan dos mujeres de RH; nos piden nuestros curriculumsss. Nos hacen esperar otros diez minutos: de lejos las vemos rayonear los curriculumsss y murmurar no sabemos qué palabras. Nos llaman uno por uno. Nos presentamos: comienza la segunda entrevista de trabajo, de trabajo, de trabajo…

La farsa que se hace pasar por verdad da inicio de nuevo. El mismo procedimiento. En esta ocasión, como si no creyésemos que pudiese empeorar, la entrevista se da en el área de comida pública, con todo el ruido de las gentes adultas, jóvenes y niños. Con preguntas tendenciosas y faltas de seriedad, nos inquieren sobre nuestro quehacer laboral; todo lo demás no importa. Expresamos de la manera más maravillosa qué sabemos hacer. Utilizamos lenguaje solemne para hablar sobre nuestra experiencia académica. Nos echamos porras con nuestros conocimientos adquiridos durante cuatro años. Nos preguntan de la manera más parca y gris cómo creemos nosotros que seríamos útiles al lugar al que nos citaron.  Mientras describimos nuestras habilidades, las entrevistadoras dejan asomar en sus miradas y rostros un notable aburrimiento, un paladino desconocimiento de lo que nosotros estamos diciendo, pero obvio disimulándolo hipócritamente. Por medio de una retórica jamás usada en la vida cotidiana, explicitamos qué puntos y qué habilidades serían de gran utilidad para ellos y así… y así… y así…  En verdad sin antes habernos escuchado auténticamente, nos despiden diciéndonos que nuestras habilidades se orientan más bien a otro campo y que no serviríamos de nada para ellos; no obstante, nos dicen que, si sale algo acorde con nuestra actividad, nos llamarán. Nosotros para nuestros adentros nos decimos que entonces no nos debieron haber citado; si nuestro curriculum no cubría sus exigencias, no nos deberían haber hecho perder el tiempo. Nos dio la impresión de que esas señoras ni siquiera revisaron el curriculum antes, sino que sólo contaron la cantidad de postulantes y enviaron citas a nuestros correos, sin antes saber quiénes éramos, de dónde proveníamos y qué conocimientos teníamos; sólo considerándonos como máquinas y posibles servidores prestos a la explotación laboral.

Cansados, enojados, frustrados, irritados, dolidos en nuestras espaldas y pies, retornamos a nuestros hogares, aún desempleados, burlados, ridiculizados, gastados, deshonrados, humillados… La decepción se apodera de nosotros; la descreencia exaspera nuestros cuerpos. El uso de la fácil palabra significa discursos mímicos que no sólo pertenecen a la farsa política; los trabajadores actúan de igual manera. Se comprende por qué somos gobernados por gorilas. Así es esto de las gelatinas de andar buscando chamba en un país como El México, mi querido lector. Mucha entrevista, pero poco contrato; mucha garrulería de RH, pero pocas vacantes. Mucha experiencia nos hace falta aún en torno a la falta de empleo. El tiempo perdido, tal vez así se titulará la próxima de nuestras crónicas sobre el desempleo, el desempleo, el desempleo…

 Sentencia final que se resume así: otro día sin un peso, más que con mera pérdida de tiempo.

 

Chapultepec, Ciudad de México.

lucius.severianus@gmail.com

 

Imagen de portada tomada de:

http://www.elperiodico.com/es/extra/20170915/como-contestar-preguntas-trampa-entrevista-trabajo-6271117