TARJETA DE PRESENTACIÓN

Por Lucio Severiano.


Una comedia sobre el desempleo.

 

Personajes:

Deus ex machina mexicana

Aspirante fracasado

Señorita recepcionista

Reina Licenciada fufurufa

Coro de otras empleadas fufurufas

Coro de otros aspirantes fracasados

Conserja

Portero

Compadre del portero

Hombre trajeado, pero amable del elevador

Broder a toda onda del edificio de a lado

Coro de ñores trajeados que parecían mafiosos italianos

Fantasma de Rudolph Carnap

Mendigo ratero

Mocoso mugroso grosero ratero

Ratero chaka

 

(La acción tiene lugar en uno de los tantos edificios del Paseo de la Reforma, frente a la Glorieta de Colón y el Hotel Fiesta Americana. El aspirante fracasado, después de unas aburridas clases de lengua extranjera, recorrió toda la línea verde del metro desde CU hasta Hidalgo. Se fue caminando desde Hidalgo por toda la avenida Juárez, dando mil peripecias y preguntándole a miles de personas sobre la dirección buscada que estaba mal porque no era en Juárez, sino en el Paseo de la Reforma. Tardó una hora en encontrar el lugar destinado, caminando…)

 

PRELUDIO

 

Deus ex machina mexicana (voz en off que según se siente con el gafete de escritor omnipresente): Fatigadas peripecias y fatigantes encuentra quien, en la laborante labor de laborar, un empleo de empleado solícito solicita; empero no es lícito que se emplee a sí mismo para empleomanía. Así de loco pone al ser humano el desempleo y así de repetitivas son las vueltas que el hombre tiene que dar de aquí pa’llá por causa de servir en un trabajito, el ki asté guste y mande, siñor.

 

PRIMER ACTO

 

ESCENA 1

 

(En las afueras del edificio en donde el aspirante fracasado le ha dado como tres vueltas a la manzana. Hay en un Estarbuts un joven de camisa blanca chateando en su celular).

 

Aspirante fracasado: Hola, men. Disculpa que te interrumpa. ¿Sabes dónde está el edificio con el número tal?

Broder a toda onda del edificio de a lado (con el gafete de papa en la boca con acento costeño): Hola, broder. No hay problema. Mira, más adelante están los números ese, este y aquel, por lo cual ya te pasarías de largo. Mira, broder, yo trabajo en el edificio de aquí a lado que es el número no sé qué; entonces sólo te faltan dos números para llegar. Pero no tengo idea de cuál es. Ésta es la Glorieta de Colón; enfrente tienes el Hotel Fiesta Americana. Entonces debe estar por aquí, broder. ¿Para qué lo buscas?

Aspirante fracasado: Es que voy a buscar una chamba, a ver si me la dan. Y dice la dirección que es esto y aquello, con el número esto y el resto.

Broder a toda onda del edificio de a lado: Ya veo, broder. Pero, ¿no sabes qué sucursal o instancia?

Aspirante fracasado: La verdad no tengo idea. La dirección en internet sólo decía estos datos; decía que preguntara por la Reina Licenciada fufurufa.

Broder a toda onda del edificio de a lado: Debe estar aquí a lado, broder. Si no ve aquí a la vuelta y pregunta mejor ahí, broder.

Aspirante fracasado: Bueno, muchas gracias.

Broder a toda onda del edificio de a lado: No te preocupes, broder. Que tengas suerte, broder.

 

ESCENA 2

 

(Después de dar otras tres vueltas a la manzana, el aspirante fracasado se acerca a un grupo de ñores que vestían cual mafiosos italianos, además fumaban elegantemente).

Aspirante fracasado (interrumpiendo): Hola, buenos días. Disculpen. ¿Saben dónde está el edificio con número esto y el resto?

Coro de ñores trajeados que parecían mafiosos italianos (con su gafete de fumando elegantemente en sus trajes elegantísimos y, al parecer, platicando una plática súper elegantísima): Sí-cómo-no-joven. Está ahí enfrente de la Glorieta de Colón, a dos edificios.

Aspirante fracasado (ya todo castrado y cansado de caminar y encabronado porque venía de donde estaba el broder): Muchas gracias.

Coro de ñores trajeados que parecían mafiosos italianos (asintiendo elegantísimamente y con voz ronca elegantísima): ¡DEEEE NAAAAADAAAAAA!

(Al recorrer el mismo camino de donde venía, se volvió a encontrar al broder).

Broder a toda onda del edificio de a lado (ultra sonriente y con su papota en la boca y acento costeño, señalando al otro lado de la Glorieta): ¿Es para allá?

Aspirante fracasado (disimulando que no tenía cansancio): Sí, para allá.

 

ESCENA 3

 

(El aspirante fracasado llega al edificio indicado. Entra al vestíbulo de la portería, en donde se encuentra el portero y su compadre platicando del fuchobol).

Portero (bien emocionado, moviendo los brazos y piernas como si tuviese un gafete de  futbolista): Sí, hombre. Entonces que hace la finta así, y luego le hace así, y luego así, y entonces que pasa que le quita el balón. Y ése güey se queda así, y entonces el otro le hace así y luego así.

Compadre del portero (con un gafete de hombre desparramado sobre una cubeta que usa como asiento): Es que ese güey, como no le sabe, pues rápido se la quitan, pero ¿te acuerdas del prietito ese brasileño de los dientes salidos y que estaba refeo? Ése sí pa que veas, nomás no, porque ése sí sabe, y entonces por eso es que le hace así, y luego así; entonces por eso no le quitan la pelota, porque ése sí jugaba; el otro que dices ni juega, ése entrenó con los Manchester no sé qué, y entonces por eso es que ya no le sabe, porque nunca supo, porque no jugaba y porque no le hizo así.

Aspirante fracasado (interrumpiendo la enriquecedora conversación sobre el fucho): Hola, buenas días. Voy al piso tal, en el despacho tal, con la Reina Licenciada fufurufa.

Portero (muy alegre): ¡Hooooolaaaa! ¡Bueeenoooos díaaaas! Claro, sólo te pido tu identificación.

Aspirante fracasado (buscando y rebuscando en su mochila mugrosa y polvosa): Claro que sí. Por aquí la debo de tener. Aquí está.

Portero (ansioso de continuar la plática futbolera, dándole un gafete de presentación al aspirante fracasado): Adelante.

(Mientras el aspirante fracasado se abre paso hacia el elevador, escucha la reanudación de la plática de pláticas de todos los tiempos. Luego el elevador lo lleva al piso tal. Se abren las puertas).

Conserja (con sus audifonotes en los oídos a todo lo que da, murmurando un ritmo de cumbia, y con su gafete de empleada conserja): tarará rará, tarará rará, tarará rará.

Aspirante fracasado (con una sonrisa hipócrita): Hola, señora. ¿Sabe dónde está el despacho número esto y aquello?

Conserja (aún con sus audifonotes a todo lo que da, y gritando y trapeando): ¡¿QUÉ?! ¡¿CUÁL?! ¡¿QUÉ?!

Aspirante fracasado (manteniendo la calma hipócrita): El despacho esto y aquello.

Conserja (sin quitarse los audífonos): ¡¿CUÁL NÚMERO?!

Aspirante fracasado (irritado hasta más no poder, pero ocultándolo hipócritamente): El número esto y aquello, señora.

Conserja (gritando porque no escucha, y señalando a un lado): ¡¿NO ES ÉSTE DE AQUÍ?!

Aspirante fracasado (hasta la torre de irritado, pero escondiendo con una sonrisa su desesperación): No, señora. Éste es el número eso y ello; yo busco el número esto y aquello.

Conserja (todavía gritando porque no oye por su cumbia a todo volumen, y dudando de su respuesta): ¡¡¡AHHH!!! ¡¡¡ENTONCES DEBE SER AQUÉL!!!

Aspirante fracasado (súper encabritado, pero no manifestándolo): Gracias, señora…

 

ACTO DOS

 

ESCENA 1

 

(El aspirante fracasado entra a la recepción donde está la señorita recepcionista a la cual se supone entregaría sus papeles según el terriblemente redactado texto en internet sobre las vacantes. La señorita recepcionista se está comiendo los mocos y viendo el celular).

Aspirante fracasado: Hola, señorita. Vengo por el puesto de monitoreo y captura de datos que se publicó en internet.

Señorita recepcionista (con voz castrosa y sentada como plasta, y también tuteando porque su gafete de recepcionista le da esa potestad): ¿Tienes cita?

Aspirante fracasado (respondiendo en su defensa): No, señorita. En la plataforma de internet no decía que se tenía que hacer cita. Sólo decía que llegara al edificio tal, en el piso tal, despacho con número esto y aquello, con la Reina Licenciada fufurufa, de 10:00 am a 2:00 pm y de 4:00 pm a 5:00 pm, y presentar el curriculum y copia y original de IFE.

Señorita recepcionista (contestando tan cervantianamente): Ah, OK (léase Oc). Regístrate ahí en esa hoja.

Aspirante fracasado (pensando para sus adentros que el horario de trabajo de éstas monas es taaaaaaannn extensoooo; no se vayan a cansar): Ya está.

Señorita recepcionista (como muy lela y mensa porque no decía nada): OK. ¿Dónde viste el anuncio? ¿Qué decía?

Aspirante fracasado (presto a la facilidad de palabra, una de las habilidades requeridas siempre en los empleos mexicanos): ¿Siñor? ¡Siñorita! Asté que me recibe en la recepción y me mantiene sentadote más tiempo que el que durará la cochina entrevista. Sí, mire. Yo no vengo a robarle, señorita recepcionista. Yo no vengo a venderle chicles ni tampoco he salido del reclusorio, señorita recepcionista, sino que vengo de una de las universidades más renombradas de Latinoamérica, señorita recepcionista. Podrá ver usted, señorita recepcionista, que yo casi no puedo habl…, es decir, que a mí no se me da…, usted entenderá, señorita recepcionista, no se me da eso…, señorita recepcionista, eso de la facilidad de palabra, señorita recepcionista. Es que la dirección…, señorita recepcionista, ahí decía en internet…, señorita recepcionista, que la dirección era esto y esto, señorita recepcionista, y que tal edificio y tal despacho, señorita recepcionista; y también decía esto y aquello acerca de la vacante, señorita recepcionista, y que entonces yo preguntara por la señorita Reina Licenciada fufurufa. Yo vengo aquí ante usted, señorita recepcionista, no porque sea una mala persona, señorita recepcionista, no usted, sino yo, señorita recepcionista, porque sabrá usted, señorita recepcionista, que yo no tengo empleo, señorita recepcionista, razón por la cual vengo a pedirle empleo, señorita recepcionista. Usted con su bondad eterna como el choro de los curriculumssss, señorita recepcionista, será muy amable de hacerme que me siente en las bancas feas, señorita recepcionista, y me hará esperar como media hora, señorita recepcionista, mientras veo cómo otros aspirantes llenan y llenan infinitas hojitas de solicitudes, señorita recepcionista; y usted se hará la indiferente, señorita recepcionista, y mientras tanto veré a sus compañeras ridículas con una especie de uniforme con camisa de flores, señorita recepcionista, ¡¿qué clase de uniforme es ése?!, señorita recepcionista, a la vez que yo me pondré a leer La superación de la metafísica a través del análisis lógico del lenguaje, señorita recepcionista, texto filosófico muy interesante, señorita recepcionista, perteneciente a Rudolph Carnap, señorita recepcionista; pero bueno, perdone usted, señorita recepcionista, qué va a entender usted de cuestiones del lenguaje, señorita recepcionista, si usted es una reverenda bestia con dos patas y grumos de maquillaje, señorita recepcionista, y se la pasa perdiendo el tiempo en ese celular y le pagan por ello, señorita recepcionista.”

Señorita recepcionista (indiferente, y tuteando la igualada mocosa): Siéntate ahí.

 

ESCENA 2

 

(El aspirante fracasado espera todo tristón en las bancas feas, y a su alrededor se encuentra el coro de otros aspirantes fracasados y el coro de otras empleadas fufurufas).

Fantasma de Rudolph Carnap (generándose como humo fáustico, presentación magnífica, mientras el aspirante fracasado permanece sentado en las bancas feas): Ya lárgate de aquí. Tú y yo sabemos que te quieres largar de aquí. ¿Por qué no mejor vas y aprovechas tu tiempo en una deliciosa y enriquecedora lectura de positivismo lógico? ¡Ya vete! ¡Sabes que sólo estás perdiendo el tiempo aquí! ¡Vete a leer acerca de las pseudoproposiciones de los ineptos de los metafísicos! ¡Pesa la balanza! Puedes seguir esperanzado en un enunciado metafísico según el cual crees -porque no te queda de otra- que te van a dar el mugroso trabajo, pero tú y yo sabemos que es una creencia infundada, una proposición que no tiene sentido porque estás más que seguro que no te van a dar la chamba. Y lo sabes porque ya lo comprobaste empíricamente.  ¡Cuántas veces no lo has comprobado empíricamente! ¡Y además de hacerlo empíricamente, aplicaste tu método lógico para reforzar aquello de que este tipo de trabajitos ridículos jamás te va a tomar en cuenta! ¡Ya vete! Da el salto y sal corriendo como un pitido, como nosotros los positivistas cuando la segunda guerra mundial estalló. Sabes que todos los que están aquí son unas bestias con dos patas y que jamás te llegarán a los talones. Podrán ganar mucho dinero, pero son unas gentes sin virtudes filosóficas y de ningún tipo. ¡Mejor morir de hambre que someter el espíritu libre! ¡Sabes que sus ridículos trajes sólo ocultan sus patéticas existencias frustradas porque nunca hicieron lo que deseaban, al igual que los metafísicos que tanto odiamos nosotros los positivistas lógicos!  ¡Lárgate ya a destruir lo que queda de la metafísica! Porque tú y yo sabemos que también odias todo tipo de metafísica, incluso cuando no estás de acuerdo con nosotros, los positivistas lógicos. Por eso te cae mal a veces Wittgenstein, porque es un místico tonto que en vez de luchar por el hombre, quiso degenerar la probrecita lengua y devaluar la palabra. De hecho por eso a nosotros, los positivistas lógicos, también nos cae mal porque nos terminó traicionando con sus proposiciones místicas ridículas. Pero ese no es el puntoooooo; el punto es que tú ya te quieres ir a leerme a mí y a todos mis compinches porque sabes que está repadre la filosofía analítica, cosa que nunca, jamás de los jamases, podrán apreciar estas bestias que están aquí en este despacho pedorro. Vete. Vete, Vete. ¡¡¡VETE YA!!! ¡Filosofar es vivir, filosofar es vivir, filosofar es vivir!

(El coro de otros aspirantes fracasados se divide en dos: una parte se dirige a la derecha y la otra a la izquierda. Ambas partes danzan en círculos repetitivos mientras el fantasma de Rudolph Carnap y el aspirante fracasado se encuentran en medio de ellos con miradas melancólicas).

Coro de otros aspirantes fracasados (con su gafete variopinto de gentes fracasadas de todas las edades y colores, hablando el coro de la derecha con voz desesperada): ¿Por qué no estudiamos una enriquecedora carrera abrepuertas? ¿Por qué tenemos que llenar tantas y tantas hojitas aquí sentados como tontos en estas bancas refeas? Nos duelen nuestras manos de llenar examencitos psicométricos. Estamos cansados de poner referencias personales: lo único que se nos ocurre es poner a nuestros compadres de la secu. ¿Referencias laborales? Pero, ¿qué no ven que estamos desempleados? ¡No hay! Pensamos que poniéndonos camisitas y corbatas y vestiditos y taconsotes altotes nos darían el puesto; pensamos que yendo bien perfumadas y perfumados y bañaditos y bien vestiditos y bien pipirisnai nos iban a dar la chamba; pensamos que si nos alaciábamos el pelo largo que tenemos, bien coqueto, y enseñábamos las chichis nos iban a dar la chamba.

(El coro de otras empleadas fufurufas sale del despacho con sonrisas de lado a lado, rojas por el demasiado labial, que denotan falsedad; rodean al fantasma de Rudoph Carnap y al aspirante fracasado).

Coro de otras empleadas fufurufas (con sus gafetes de tacones altos, trajes formales y camisas holgadas, decoradas con flores rosas, gritando escandalosamente): ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh de los cuarenta mil kilos de maquillaje! ¡Oh del excesivo delineador y sombras! ¡Oh de los cabellos relamidos y planchados! ¡Oh de los tintes de cabello! ¡Oh de las apestosamente impregnantes esencias fraiché baratas del Waldos! ¡Oh del Hugo Boss! ¡Oh de la Mari Caque! ¡Mari Caque, Mari Caque, Mari Caqueeeeeeeeeeee! ¡Oh de las toallitas húmedas! ¡Oh del dolor de tacones! ¡Oh de nuestro labial hipócrita! ¡Oh de la sonrisa forzada porque si no, nos pega la jefa! ¡Oh, oh, oh y recontra oh de nuestras ridículas y feas camisas holgadas con flores! ¡Oh porque nos atrevemos a utilizar estas ropas horribles!

Coro de aspirantes fracasados (hablando el coro de la izquierda con voz desesperada): ¿Cómo es que nos estamos muriendo de hambre? ¿Cómo si nosotros tenemos carreras universitarias? ¿Cómo, Dios mío? ¿Cómo si somos relistosos? ¿Cómo es que nos vemos empujados a estar llenando estos examencitos psicométricos? ¿Cómo es eso de andar llenando hojitas con datitos y datitos como si fuese acervo bibliotecario? ¿Por qué? ¿Por qué si nosotros estudiamos en la UNAM y el Poli? ¿Por qué si aquí tenemos nuestro titulote QUE PARA LICENCIADO MUERTO DE HAMBRE Y DESEMPLEADO? ¿Por qué no nos dan la chamba de almacenista? ¿Por qué no nos dan la chamba de recepcionista? ¿Por qué no nos dan la chamba de inútil de RH? Dínoslo Dios, queremos saber. Dinos dónde se encuentra toda la verdad. ¿Habrá alguien que tal vez… lo sabraaaaaá? Dínoslo Dios, queremos saber. Dinos por qué te niegas a escuchar. Pero nosotros… noooooooooo. (El canto desesperado aumenta como la mismísima canción de José Luis Perales, a la vez que se unen en canto la otra parte del coro de fracasados y el coro de empleadas fufurufas) ¡Dinoooos! Por qué las empleadas sí sonríeeeen. Por qué tantas solicitudeeees. Por qué los trajes de mafiosoooos. Por qué las pláticas de fuchooooo. ¡Dinoooos! ¡Dinoooos! Por qué conserjas no auditivaaaas. Por qué mocosas que tuteaaaaan. Por qué aspirantes fracasadoooos. Por qué aspirantes estudiadoooos. ¡Dinoooos! ¡Dinoooos! Por qué tacones súper altoooos. Por qué las flores en los sacoooos. Por qué tan feo el despachoooo. Por qué exigen tanto panchoooo. ¡Dinoooos! ¡Dinoooos! Por qué las papas en la bocaaaa. Por qué las sillas tan refeaaaas. Por qué las jefas fufurufaaaas. Por qué ya no hay filosofíaaaa. ¡Dinoooos! 

(La voz de los dos coros disminuye paulatinamente a la vez que se baja el telón).

 

INTERLUDIO

 

(Para que los espectadores vayan al bañito y a la bacinica, y estando allí, reflexionen sobre la severa situación del desempleo en México).

 

 

ESCENA 3

 

(La reina licenciada fufurufa sale del escenario que está repleto de fufurufas en trajes ridículos floridos).

Reina Licenciada fufurufa (con su gafete de fufurufa, tacones mega altos, cola de caballo relamida, y trajeada de gris; ella no secunda a las demás de bajos rangos con camisas de flores ridículas): Buenos días, mi nombre es Reina Licenciada fufurufa. ¿Tienes cita conmigo, la importantisisisíma que soy?

Aspirante fracasado (muy exasperado por la eterna espera): Buenas tardes. No, en realidad, no. En internet no decía que debía sacarse cita, sino sólo que me debía presentar relamido hasta la burla en tal lugar, en la calle esto y esto, frente a la Glorieta de Colón y el Hotel Fiesta Americana, en el número esto y aquello, en el piso esto y lo otro, en el despacho esto y el resto, con la Reina Licenciada fufurufa; además de que debía traer conmigo el curriculum (no sea usted tan naca, señorita Reina Licenciada fufurufa, no diga CV porque se oye horrible, diga curriculum; tampoco diga curriculumsss porque se oye peor, por favor) y copia de mi IFE. Eso poco más o menos decía en todo el choro inútil de exigencias que todo mal redactado escribieron en la plataforma de internet usted y su séquito de ignorantes e iletradas. Pero bueno, no haga caso a mis críticas educativas y sociales, mejor haga caso a mis habilidades que están bien escritas (yo sí escribo correctamente y no como usted, que de nada le sirvió hacer una carrera en derecho porque la situación jurídica sigue estando por los suelos en este país, y su redacción parece ejecutada con las patas taconudas que se carga); sí pues, le vuelvo a comentar: mejor haga caso a mis habilidades y a mis conocimientos y no se enfoque demasiado en las apariencias físicas y de supuesta experiencia porque usted más que nadie debería saber que a la hora de la hora, eso no importa, sino las capacidades para ejecutar un trabajo; si no me cree, vea cuánto recomendado hay por todas partes y con cuantísima experiencia vienen súper trajeados y relamidos, pero son unas mulas para realizar un oficio eficiente. Un ejemplo es la repartición de los tres poderes de la Nación; vea nada más cuán bellos se ven en sus trajes los dirigentes y cuánta experiencia tienen en robar y robar, y el oficio que supuestamente realizan es totalmente deficiente. En realidad, todo este santo país está siendo trabajado por gente protocolaria con experiencia y… ¡vea nomás de qué manera tan eficiente se maneja esta nación! En fin, en fin, en fin, no me haga caso. Usted ni va a entender estas cuestiones críticas de la desigualdad que vivimos a diario porque su vida no pasa de las pantallas brillositas. Ya contráteme mejor.

Reina Licenciada fufurufa (despreocupada y como estando orgullosísima de su situación social): Ah. OK. No te preocupes. No hay problema por no haber sacado cita. ¿Me prestas tu curriculum? ¿Cómo te llamas? (Con voz extremadamente bajita).

Aspirante fracasado (con mucha dificultad para oír la delicada y finísima voz de pito de la Reina licenciada fufurufa): Arturo.

Reina Licenciada fufurufa (tremendamente sorda): ¿Armando?

Aspirante fracasado (molestándose, pero sin manifestarlo): Arturo.

Reina Licenciada fufurufa (más sorda): ¿Abelardo?

Aspirante fracasado (molestándose más, pero sin manifestarlo): Arturo, señora.

Reina Licenciada fufurufa (más y más sorda): Ah, Alejandro.

Aspirante fracasado (molestándose más y más, pero sin manifestarlo): Arturo, señora, Arturo.

Reina Licenciada fufurufa (sin subsanar su sordera evidente): ¿Alonso o Alfonso?

Aspirante fracasado (sacado de sus casillas, pero sin manifestarlo): ¡Arturo, señora! ¡Arturo! ¡¿Qué está sorda o qué le pasa en su torpe chirimoya?! ¿Usted está tonta en cuanto a su cabezota?

Reina Licenciada fufurufa (sin ceder en su sordera que más bien parece estupidez): OK, Adolfo. Ven conmigo, pasa al despecho por la puerta de cristal, ahí por donde ves sentadotas a mis otras chachas con camisas ridículas con flores como si estuviesen en un ambiente tropical.

(Ambos pasan al despacho mientras que los escoltan las camisas floreadas flotantes de las otras empleadas fufurufas).

Aspirante fracasado (pensando para sí mismo): Ahorita voy a apantallar a esta fufurufa con mis conocimientos humanísticos inservibles. Si yo soy bien honrado…, ¿qué me va a venir a contar a mí esta solterona? ¿A mí qué? Si yo soy un hombre honrado, yo no busco el mal. Yo nunca he buscado el mal. Yo sólo busco el bien. Soy un hombre al que no se le da eso de buscar malos tratos. ¡Jamás! ¡A mí nunca! Si yo, cuando me llegan, yo no…, yo solamente respondo con… con un firme no; así: ¡No! Y no y no y no. Jamás, señores. A mí no me vengan con malos tratos…, yo soy un hombre honrado; a mí no me agradan las intrigas. Lo que a mí me define en todo y absolutamente es que no soy un hombre intrigoso, y como no lo soy, no me agrada ser intrigado. Yo no ando de inquisitivo. El mal está destinado para los que inquieren. El chisme simplemente a mí no. Esos otros hombres a los que les agradan las intrigas… a mí me importan poco… ¿a mí qué? ¡Qué trabajen! ¡Allá ellos! A mí no me importa qué hagan ellos con sus intrigas. Yo soy un hombre honrado, siempre lo he sido… ¡siempre! Y dado que soy un hombre honrado, lo primerito que le voy a decir a la señorona Reina Licenciada fufurufa para preparar el campo es esto y esto, y luego, para que continúe maravillada por mi honradez le voy a decir esto y esto, y también esto otro; y finalmente, para que de esa manera corrobore que yo no busco intrigas, le diré esto y lo otro. Así me tendrá por un hombre honrado, cosa que por supuesto me describe porque yo simplemente soy un hombre honrado, y por eso me dará el empleo porque sólo verá en mí que digo la verdad, es decir, que soy un hombre honrado.

 

Reina Licenciada fufurufa (sentada en su silla, toma el curriculum y sus ojos se posan directamente en la sección de “experiencia”): Bueno, Adolfo. ¿Cuéntame qué experiencia laboral tienes?

Aspirante fracasado (presto a decir lo ya planeado): Sí-mire, señorita Reina Licenciada fufurufa, yo quiero aclarar antes que nad…, es decir, usted entenderá… que yo… mire… yo… yo soy una persona… una persona que se distingue por una cosa… y… y sólo una… señorita Reina Licenciada fufurufa… yo sólo soy algo que parece que no importa… pero en realidad sí importa… yo, señorita Reina Licenciada fufurufa, ¿sí me doy a entender?, soy una persona que no hace lo que las otras, señorita Reina Licenciada fufurufa, yo no soy intrigoso ni soy preguntón, señorita Reina Licenciada fufurufa, yo siempre estoy en lo que estoy y hago lo que hago… yo soy quien soy y por ello no soy intrigoso. Entonces usted, si me ha entendido con su enorme amabilidad, porque yo no soy muy bueno en esto de mentir como todos ustedes que ya lo tienen bien practicado… yo no soy intrigoso… por lo que si alguien quiere intrigar, ¡pues que intrigue!; pero bueno, decía yo que… si usted, señorita Reina Licenciada fufurufa, me ha entendido con su maravillosa amabilidad, me entenderá… entenderá que yo no causo intrigas ni ando de preguntón, y francamente por eso tengo que decirle que mi experiencia en monitoreo es nula, porque yo no intrigo en nada. Pero si usted, señorita Reina Licenciada fufurufa, es tan amable de dejar de ser tan protocolaria y prestar fe a las capacidades de uno, que para nada es intrigoso, verá que puedo integrarme a su cuerpo de trabajo, sólo al de trabajo porque su cuerpo físico, el de usted, el suyo de usted, podrá ser muy bonito, pero me evidencia que está usted, señorita Reina Licenciada fufurufa, está usted… podrida del alma. No importa que sea muy bella por fuera, que se atavíe tanto, que se maquille tanto, que se ponga los tacones más caros y los trajes más costosos, no importa cuánto valga el tratamiento que le deja el cabello así de relamido, no importa nada de eso, señorita Reina Licenciada fufurufa, pues ciertamente es usted un monstruo más de esta vorágine del lucro cotidiano que exige para sus entrañas las fuerzas de las almas cuasi muertas de los seres humanos, señorita Reina Licenciada fufurufa. Por lo tanto, una vez que le he hablado de mi mediocre experiencia laboral, señorita Reina Licenciada fufurufa, una vez que por la potestad de su gafete me ha cambiado el nombre, señorita Reina Licenciada fufurufa, una vez que me he humillado ante usted por unas monedas que no alcanzan ni para comprar un cartón de huevos, señorita Reina Licenciada fufurufa, queda en su horrible y burgués corazón darme alguna de las sobras que tenga por ahí regadas, señorita Reina Licenciada fufurufa, y sólo por la simple razón de que soy un hombre honrado.

Reina Licenciada fufurufa (indiferente ante la situación): Muy bien, Adolfo. Mira sucede que para monitorista de medios se requiere de conocimientos de marketing y tener experiencia laboral en ventas y otras palabras relumbrantes que según yo entiendo, pero lo cierto es que no, nada más le hago al cuento usando palabras que me saqué de un manualito de comercio. Así pues, de acuerdo con tu CV, no cubres esos requisitos, pues estás más bien enfocado al área de investigación y edición, cosas que por supuesto desconozco totalmente, ya que compré mi tesis de licenciatura en el Pasillo de la Salmonela porque no sé investigar, y además pagué un corrector de estilo para que me corrigiera la ortografía (¿me creerás si te digo que, para mí, la corrección de estilo y la corrección ortográfica son lo mismo? ¡Así de ignoranta soy!); pues verás y sabrás que ni siquiera soy capaz de escribir correctamente mi nombre, pero obvio no debo permitir que te des cuenta de mi ignorancia porque, como soy la jefa, no puedo dar mi brazo a torcer. De este modo, tengo que decirte que no cubres el perfil que buscamos, incluso cuando ahí en la plataforma escribí que lo más importante era la edición, cosa que tú manejas muy bien, pero como soy retonta, me contradigo y después digo que siempre no, que sí es necesario tener conocimientos de marketing. ¿Qué mensa soy, verdad? ¿Primero digo que no es necesario y después que sí? ¡Qué cosas! Por lo tanto no te vamos a contratar, pero no importa eso. Cuéntame, porque está bien bueno el chisme, dónde viste el empleo.

Aspirante fracasado (a punto de largarse sin decir adiós, pero sin manifestarlo): Ya sabía yo, señorita Reina Licenciada fufurufa, que esto iba a ser una pérdida de tiempo. Pero bueno, dado que no tengo internet y cuando lo tengo, prefiero enviar más solicitudes de empleo a estar como tonto grabándome de memoria cada información que observo. Sabrá usted, si nadie le ha dicho, que los desempleados, como yo, envían a diario de quince a veinte CVes a las plataformas para ver si les dan el empleo; por lo cual, uno no se puede estar acordando de todas y cada una de las plataformas que ha visitado y mucho menos de las características específicas de los empleos solicitados. Así que, por favor, no me venga con eso de que en dónde vi el empleo. No sé, señora, hay un montonanal de plataformas a las que me he metido. Pero bueno, por usted y sólo por usted que es una señorita Reina Licenciada fufurufa haré el gigante esfuerzo de acordarme en dónde vi anunciado el empleo que usted está ofreciendo, y eso fue en Indeed.

Reina Licenciada fufurufa (escéptica): No, no puede ser. Yo creo que te equivocaste. Yo no publico en Indeed.

Aspirante fracasado (irritado por lo evidente): Como buen filósofo que soy, debo aceptar la posibilidad de que me haya equivocado. Pero si no mal recuerdo, fue en Indeed, señorita Reina Licenciada fufurufa.

Reina Licenciada fufurufa (más escéptica): No. Te equivocaste. Yo no publico en Indeed.

Aspirante fracasado (más irritado por lo evidente): Señora, sí está en Indeed. Ahí lo vi.

Reina Licenciada fufurufa (más y más escéptica): Que no.

Aspirante fracasado (más y más irritado por lo evidente): Que sí.

Reina Licenciada fufurufa: Que no.

Aspirante fracasado: Que sí.

Reina Licenciada fufurufa: ¡QUE NO!

Aspirante fracasado: ¡QUE SÍ!

Reina Licenciada fufurufa: ¡¡QUE NO!!

Aspirante fracasado: ¡¡QUE SÍ!!

Reina Licenciada fufurufa: ¡¡¡QUE NO!!!

Aspirante fracasado (rindiéndose porque tenía todas las de perder): Bueno, ya. ¿Qué le hace tanto al cuento si ni me va a dar la chamba?

Reina Licenciada fufurufa (inquiriendo arrogantemente): ¿Y qué decía el anuncio?

Aspirante fracasado (colmándosele la paciencia): Ya le dije, señora, tal y tal, monitorista de medios, tal y tal, redes sociales, tal y tal, corrección ortográfica y tal y tal.

Reina Licenciada fufurufa (burlándose): Y ¿qué decía? ¿Que fueras con quién?

Aspirante fracasado (colmándosele más la paciencia): Ya le dije, señora. El anuncio decía que me dirigiera al metro tal y tal, a la calle esto y esto, frente a la Glorieta de Colón y el Hotel Fiesta Americana, en el edificio esto y aquello, en el piso esto y lo otro, en el número de despacho esto y el resto, con horarios de 10:00 am a 2:00 pm y de 4:00 pm a 5:00 pm, que me presentase con curriculum y copia de IFE y que preguntase por la señorita Reina Licenciada fufurufa.

Reina Licenciada fufurufa (con risa burlona e insidiosa): Y ¿que te presentases con la señora tal? ¿Así nomás? ¿Con la señora tal?

Aspirante fracasado (con causa fracasada): Con la señorita Reina Licenciada fufurufa.

Reina Licenciada fufurufa (burlándose): Bueno, mira. Por lo pronto no tenemos vacantes. Pero no te angusties. Te regreso tu curriculum todo rayoneado porque eso es lo único que sé hacer; mi vida, así como la de cualquier mexicano, no es más que garabatos en hojas arrugadas. De cualquier manera, nosotros te hablamos.

Aspirante fracasado (totalmente cansado): Señora, no mienta, no me va a hablar. No sea mentirosa. Para empezar comience por dejar de poner anuncios en Indeed que después no va a reconocer que los puso. Después, póngase a leer algo para que se baje de esa nube en la que está viviendo, porque así como está la situación del país, al rato también le va a tocar la crisis. Nadie se va a salvar.  Yo ya me largo de aquí, métase ese curriculum rayoneado en el archivero más holgado que tenga; así todo rayoneado ya no me sirve.

Reina Licenciada fufurufa (burlándose aún más): Espera. Llévate esta tarjeta de presentación para cualquier futuro anuncio que veas de nosotros. Si lo vez, márcanos.

(La tarjeta de presentación baja paulatinamente desde el cielo, con la siguiente información: Licenciada Reina fufurufa, Asesorías en Recursos Humanos; Avenida tal y tal, número de edificio esto y esto, despacho esto y aquello, colonia esto y lo otro, Código Postal esto y el resto, Ciudad Decadente. Número telefónico tal y tal, exterior esto y esto, correo esto y aquello; Experiencia: Organización esto y lo otro con más de 45 años en el factor HUMANO; Servicios Empresariales: Personal de Planta, Tercerización, Altos Ejecutivos, Maquila Nóminas, Asesorías (IMSS, Fiscal, etc.), Business Corporate Training; Idiomas: Contamos con asesores bilingües; Redes Sociales: Facebook tal y tal, Twitter esto y esto. Con lema ¿BUSCAS EMPLEOS O EMPLEADOS?)

 

ACTO 3

 

ESCENA 1

(Ya en el elevador).

Aspirante fracasado (hablando para sus adentros): ¡Qué pérdida colosal de tiempo y de dinero en pasajes, copias e impresiones!

(El elevador se para en el primer piso).

Aspirante fracasado (sacado de onda): ¡Qué carajo! ¿Y ora?

(Entra al elevador un hombre trajeado de gris).

Hombre trajeado, pero amable del elevador (con gafete de hombre trajeado): Hola, buenas tardes, amigo.

Aspirante fracasado: Buenas tardes, señor.

(Llegan a la planta baja).

Hombre trajeado, pero amable del elevador: Pásale tú primero, amigo.

Aspirante fracasado: Gracias, muy amable.

Hombre trajeado, pero amable del elevador: De nada, que tengas una buena tarde.

(Ya en la recepción la plática de fucho continúa entre el portero y el compadre amodorrado).

Portero (alegremente): Sí, hombre. Es que el gol del 86 fue porque el otro se durmió, y por eso aquel se la metió, pero no, éste no se la hubiera metido, sino que la hubiera atrapado, pero como no la atrapó, le metió el gol; ése que se le metió por menso, porque no le hizo así ni tampoco así y así, y como no le hizo así, aquél se la metió.

Aspirante fracasado (sin expresión alguna): Aquí tiene su gafete, ¿me da mi identificación?

Portero: Claro que sí. Aquí tienes tu identificación. Has recuperado tu identificación.

Aspirante fracasado: Gracias.

 

ESCENA 2

(El aspirante fracasado, en calidad de súper fracasado, no tiene un quinto para tomar un transporte de regreso a casa, por lo que decide irse caminando desde el centro hasta su hogar. Tiene que recorrer cuatro colonias enteras a pie. A dos colonias se desarrolla la acción actual).

Aspirante fracasado (afligido y atormentado por su situación, diciéndose para sí mismo): Tan grave está la situación del desempleo que la pobreza corre y pasa a diario sin que uno repare en ella. Claro, mientras uno se encuentre más o menos bien establecido, o “ubicado”, como dicen por ahí, no hay tantas preocupaciones. Pero ¿qué sucederá cuando el Mal Fin les venga a todos? ¿Cuando la crisis económica finalmente llegue a todos los hogares? Imagínate cómo va a estar esto en cinco o diez años. Cuando la desigualdad social no es obstruida por ninguna convicción de cambio, engendra monstruos devoradores de la dignidad.

(A lo lejos un mendigo se aproxima al aspirante fracasado).

Mendigo ratero (con su identificación de mugre y con intenciones de substraer algo): Ahorita me voy a atracar a este cabrón que viene aquí dándoselas de filósofo.

Aspirante fracasado (cauteloso): Ese méndigo mendigo ratero me quiere atracar. Oye, hombre, pero no tengo nada que me puedas robar. Ando en ceros, igual que tú. ¿Qué me quieres robar? ¿La dignidad? Así como a mí, te la robaron a ti. ¿Por eso te encuentras como ahora? No la mueles, yo también estoy bien jodido.

(El mendigo ratero al ver de lejos que el aspirante fracasado está igual de amolado, desiste del robo. A la siguiente cuadra, un mocoso mugroso se encuentra pidiendo dinero y dando lástima).

Mocoso mugroso grosero ratero (con su identificación bien practicada para dar lástima): Oye, compa, ¿no me das unas moneditas? Pa un taco, unas moneditas, no seas ojete.

Aspirante fracasado (cauteloso): Este mocoso me quiere atracar. No tengo ninguna moneda. Ando en ceros. Nada de nada. Lo siento. Estoy igual que tú, no tengo nada. A mí también me han quitado todo. Pero yo no quiero robar. ¿Por qué me quieres robar a mí? ¿Yo qué te hice? Si yo soy quien ando defendiendo a los jodidos. ¿No ves que estamos igual de jodidos? Eres, por mucho, más pequeño que yo, y ya andas en esos malos paso; y ¿tu honradez? ¿También te la sustrajeron?

Mocoso mugroso grosero ratero (gritando vulgaridades): ¡AHH! ¡Chin** tu mad**! ¡Vete a la v**! ¡P*che p*t*! ¡Cul*ro! ¡A la verg*, mijo! ¡Te voy a pinchar! ¡P*t*!

(Al punto está el mocoso grosero dispuesto a aventársele al aspirante fracasado, pero el azar modificó el fin para éste, por lo que se vio librado de la muerte. No obstante, las verdaderas pruebas no son pruebas si no se dan por tercera vez. A media cuadra, un hombre de entre los veinte y treinta años está acechando a los transeúntes. El azar quiere que el aspirante fracasado sea el objetivo).

Ratero chaka (con su identificación de chaka ladrón): Te estoy viendo de lejos, mijo. Te veo cómo te vas acercando desde lejos. Vas a ser mi víctima. Te voy a atracar y te voy a tronar. A ti te tocó. Así es esto. Así es la pobreza. Así es la desigualdad. Te va a tocar. Aquí tengo la navaja para que mueras desangrado lentamente. ¿Dónde te gusta más? ¿En el estómago? ¿En el corazón? ¿Quieres desangrarte rápido o lentamente? Lo que tú quieras.

Aspirante fracasado (cauteloso): Este chaka me quiere atracar. ¿Por qué? No tengo nada que darte. De verdad. Ando en ceros, igual que tú. No tengo nada, ni dónde caerme muerto. Ni un quinto. Por eso camino y camino como un errante sin dirección precisa. Ando igual de jodido que tú, ¿no te das cuenta? La diferencia es que mi navaja para cortar esta corrupta sociedad no es un hierro sino un arte. Te aconsejo que tires esa navaja y no la dirijas contra los tuyos. Mejor cambia la situación conmigo. Ya veremos qué se nos ocurre. ¿Por qué le robas a los jodidos? No lo entiendo, de verdad.

Ratero chaka (aproximándose): Ya te cargó el payaso, carnal.

Aspirante fracasado (pensando para sí): Jamás entenderé porqué los pobres se matan entre sí. Y ahora aquí me encuentro, a segundos del fin. Oh, Deus ex machina, tú que concluyes las obras de teatro cuando las problemáticas mismas de la trama se embrollan de tal manera que se le salen de control al escritor. Oh tú, Deus ex machina, tú que bajas del paso de gato de los escenarios, tú que resuelves los problemas irresolubles de una obra teatral, te pido que bajes, por favor, a salvarme. No me abandones como lo acabas de hacer en la pseudo entrevista. Ven y resuelve la trama ahora mismo, porque tú te sentiste con la libertad de escribir todo este teatro.

Deus ex machina (voz en off): Y ¿yo por qué te voy a salvar? Ya se acabó la época en que las tramas teatrales se resolvían de esa manera. ¿A mí qué me dices? Yo sólo escribo para reírme. ¡Sálvate tú! ¡Sálvate como puedas! Yo ya no tengo potestad para andar resolviendo tramitas teatrales, eso déjaselo a Eurípides. ¿A mí qué? Además, aunque pudiera salvarte, se te olvida que soy una Deus ex machina mexicana, mexicana, no se te olvide ese adjetivo, mexicana; por lo tanto, siguiendo la misma forma que el país, a mí me pagan por ser corrupta, por ello no te puedo salvar. Soy una Deus ex machina que es todo menos Deus ex machina, como la ley.

Y si tanto te quieres salvar, pues saca esa tarjetita que te dieron, la de presentación. Apuesto a que con el poder de la tarjetita saldrás librado de esto. Bueno, ahí nos vemos. Suerte. Te veo en el otro mundo. Adiós, adiós. Yo me pelo de esta obra.

 

ESCENA 3

 

(El aspirante fracasado salió librado por la incertidumbre del destino. Ahora se encuentra solo, en medio del escenario).

Aspirante fracasado (pensativo): ¿Qué suerte puede haber en vivir una vida sustraída? ¿Qué placer en luchar por un pan día con día a costa de la dignidad? ¿Qué felicidad puede haber en una sociedad de humillados y ofendidos? ¿De maltratados y deshonrados? ¿De burlados y ridiculizados? Un ser humano puede deshumanizarse una vez que se ve orillado a criminalizarse. El crimen encuentra sus más profundas raíces en sociedades despreocupadas de los suyos. Ante vivencias tales, jamás entenderé, tal vez por un corazón demasiado blando, cómo se gesta el odio entre iguales; cómo la apatía da lugar a diferencias sociales de magnitudes tan grandes. La hipocresía ha tomado posesión del cetro rector de los sentimientos humanos y la mano maestra del lucro cotidiano, que mece los hilos, dirige las mentes de los indiferentes. Los ropajes diarios han tomado formalmente las características de una obra teatral, de una comedia, de una tragedia, de un drama: los hay de todos. Así bien, estos trajes nos evidencian la crisis a la que nuestra sociedad ha anclado. Si se quiere, que se usen: el problema comienza a agravarse cuando se cree que estos trajes teatrales pasan por verdaderos; cuando se la creen, como acostumbra decir el mexicano, cuando nos identificamos con estos trajes, cuando la identificación falsa remplaza lo que somos realmente: seres deshumanizados. Hay una notable conexión entre el robo y el desempleo. Si hay desempleo, hay robo; si el salario no alcanza para pagar las necesidades elementales, el crimen se acentúa. Al no tener nada que perder, porque se está muriendo, se pierde el miedo a sustraer, incluso si ello conlleva la muerte. El desempleo es una de las causas más importantes de la petrificación de la sociedad mexicana. Al no hacer hincapié en ello, al no insistir en la resolución de este problema, lo único que obtendremos serán entornos de vida cada vez más violentos y peligrosos, por no decir sangrientos. Bien podemos llevar una vida dolida y frustrada, lamentándonos, frustrándonos; bien podemos comenzar a resolver problemas pequeños que a la larga producen problemas no tan pequeños. Quienes creen encontrarse en su lugar ameno, viven un sueño, porque lo que ellos mismos producen es que a largo plazo la violencia y los asaltos aumenten. Tarde o temprano, si no se resuelve este preocupación, incluso a los más “ubicados” en bonitos puestos y laboralmente establecidos les va a llegar la hora en la calle, en el taxi, en el trabajo, en el súper, en el cine, en las vacaciones, donde sea. Nadie está exento. Es cierto que la dignidad decae ante los empujes de la necesidad, pero ¿no será que nosotros mismos, al actuar todos contra todos, al odiarnos los unos a los otros, al etiquetarnos entre nosotros y darnos tarjetitas con que identificarnos, como si no valiésemos por el sólo hecho de existir, no será pues, que nosotros mismo trabajamos el decaimiento de nuestras dignidades? Así tenemos que nuestro gafete es la identificación de un pueblo suicida, es decir, que se destruye a sí mismo, cuyo inicio se encuentra en la propia prohibición de ganarse la vida.

(Sale el aspirante fracasado del escenario y se pierde entre el público para seguir errando).

TELÓN

 

 

Paseo de la Reforma, Ciudad de México.

lucius.severianus@gmail.com

 

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