PREPOTENTES

Por Leo Müller.


Hace tiempo que nos han dado muestra de incapacidad absoluta, pero se empeñan en ocultarlo. Y tan difícil es, que se gastan muchos recursos en el juego de las simulaciones, en el retoque digital de la identidad. Su mejor pose es aquella en la que aparentemente detentan el poder. ¡Ay las autoridades, los puestos de poder!

Aunque ni siquiera haga falta, porque su fetidez, su pésimo uso de la lengua hablada, abundante en palabras demasiado manoseadas, su nula habilidad para escribir y su comportamiento calculadísimamente correcto los delata, de vez en cuando alguien los investiga y sale a la luz lo sabido por todos: que son unas finísimas personas.

Todo el tiempo buscan el modo de presumir sus logros, lo cual nos hace cuestionarnos en qué momento pudieron lograr lo que presumen si no se callan y se los ve siempre haciendo su autocampaña publicitaria: ¿a qué hora leen, trabajan, estudian, construyen?

Sus discursos acaban siempre con un autoelogio disfrazado de moraleja que, a decir verdad, para los que los escuchamos es un insulto que se antoja devolver, porque nos tratan como si fuéramos los humildes servidores de su saber y su éxito, mientras nosotros nos esforzamos en seguir siendo mediocremente unos don nadie.

Sienten que poseen algo que todos desean, es decir, ser el mandilón de una autoridad respetable; al resto de los mortales se nos congestiona la risa porque es evidente que ser mandilón no es nada deseable y que ninguna autoridad es respetable… ¿Pues qué no se enteraron de que Dios ha muerto? ¡Hay que ‘ler’ más eh!

Ante tan cómico estereotipo barato de personalidad que se cargan, su inconsciente suele convertirlos en algo así como un monstruo muy ridículamente tenebroso, es decir, en un prepotente: es algo así como un ñoño con una pistola, de esos que abundan en culturas angloparlantes. Ante el ñoñazo con pistola uno se reserva la risa para otro momento, pero el ñoño sabe que su poder se reduce a la cantidad de balas que le queden.

Desde niños los obligaron a ser los mejores, así que por ese simple hecho creen que lo son. La única forma de superación que conocen es a través del sufrimiento y luego, en sus ratos de soledad, esos ratos para ellos insoportables (porque en esa soledad no hay nadie a quien presumir nada), se preguntan por qué ningún hombre ni mujer los soporta. A menudo resuelven este problema con los hombres y mujeres comprándolos; aunque ante la sociedad se les note el odio que les tienen a las personas, nunca dejarán de sentir lo mucho que las necesitan ¿qué difícil no?

Todas estas grandes virtudes que los definen, virtudes cargadas de mucho histrionismo, hacen pensar en lo que popularmente se sabe: dime de qué presumes y te diré de qué careces. A todas luces son inútiles hasta para hacerse un sándwich y aún así creen que podrán resolver los conflictos mundiales con sólo alcanzar el puesto político más alto.

Ahora bien, todo parece estar dándoles la ventaja a pesar de que sabemos lo que valen… ¿por qué? Porque el orden actual nos hace creer que tienen poder, un poder que con un poco de organización hará ver lo que tienen bajo los calzones. El orden actual se muestra obsoleto cuando con un mínimo de poder cualquier loco bota la canica. Luego además, la sociedad les abre el paso a puestos directivos, rectorías y hasta presidencias.

Su palabra favorita es dictar y su inteligentísima estrategia de acción es implantar mecanismos para que todos se callen el hocico. Afortunadamente la abundancia de este tipo de personajes nos hace ver un horizonte muy prometedor, con oportunidades para todos. Ya ven que cuando la gente se harta, sale de vez en cuando un hermoso canto de protesta: de entre la cobardía reinante de hombres y mujeres, alguien por fin es congruente con los valores modernos. Lamentablemente en lugar de aprovechar que alguien ha alzado la voz para hacer coro, la mayoría decide callar como le gusta al prepotente: ya se ve porqué este espécimen animal llega tan lejos.

leo.muller.platz@gmail.com

 

Imagén de Diego Chacón®.

SÍNDROME CARLOS FUENTES

Por Edgarovich.


Carlos fuentes

Quizás nunca se había escrito tanto como ahora, en este momento de la civilización humana, con tanta gente con tanto acceso a tantos medios masivos para propagar nuestras tantas ocurrencias. Pero esto significa que también los perjuicios de la mala escritura se propagan más que nunca.

Hay un síndrome en particular que es muy común y muy pocas veces se nombra, pero afecta a los entusiastas de la escritura en sus múltiples facetas: literaria, filosófica, científica, periodística… y sí, también la twittera, facebookera y las que más han crecido en los últimos años. Es importante nombrarlo y hablar sobre él, pues es cosa seria que nos daña, nos impide desarrollar nuestra creatividad y, sobre todo, resulta molesto: hablamos del síndrome del escritor que no tiene sentido del humor. Pero como ese nombre no logra dimensionar la gravedad del asunto, preferimos llamarle síndrome de Carlos Fuentes.

Describir este síndrome no es fácil, pero podemos empezar por el auto-diagnóstico, que en cambio sí es muy fácil. Se trata en realidad de un problema de actitud, pero deriva en malformaciones a la hora de escribir. Para realizar un simple test casero sólo se requiere un espejo y uno o dos minutos de su tiempo. Acérquese al espejo y adopte una expresión seria, severa, de gente que piensa. De gente que desprecia a todos, pero de forma inteligente. Entorne los ojos y levante la barbilla. Encuentre en su rostro la expresión de la superioridad intelectual. También gire la cabeza ligeramente hasta que encuentre su ángulo más atractivo. Elija sólo uno. Ponga cara de Carlos Fuentes, para acabar pronto.

El punto es que cuando se vea a sí mismo con esa expresión altiva y solemne, se diga en voz alta: “mi trabajo es cosa seria, soy un escritor serio”. Si no se le retuercen las entrañas por la risa al decir esto, padece usted de nada más y nada menos del síndrome del escritor que no tiene sentido del humor. O síndrome de Carlos Fuentes. Claro que ese test no sirve si uno quiere diagnosticar a alguien más sin que se dé cuenta y, admitámoslo, ésa es siempre la mejor parte. Comenzaremos explicando algunas pruebas para el ámbito de la escritura en facebook, pues resulta la más actual y, admitámoslo, las demás ya no le importan a casi nadie.

Las pruebas consisten en provocar al sospechoso con distintos estímulos y observar sus reacciones, en el mismo espíritu del procedimiento médico que consiste en agujerear a un paciente con objetos punzocortantes para ver si puede sentir dolor. Aquí también hay espacio para ponerse creativo con las pruebas. Por ejemplo, digamos que reacciona usted con un “me da risa” a sus tratados ideológicos de dos párrafos que pone como estado de facebook y la persona reacciona enojándose, entonces padece Carlos Fuentes. Digamos que le pide usted un resumen con dibujitos de sus comentarios que parecen más bien ensayos en sus pseudo-debates, explicándole que no está dispuesto a leer comentarios de más de cincuenta líneas y digamos que la persona se enoja por esta burla, pues entonces padece Carlos Fuentes. Si usted responde con memes altamente cómicos para dar fin a un debate innecesario, irrelevante y tonto, y la persona nunca les da ni un me gusta y además se enoja con usted, padece Carlos Fuentes.

Todo esto, además de enriquecer nuestro entendimiento de la psicología a través de la escritura y de la escritura a través de la psicología, tiene la ventaja de que es divertido imaginar que Carlos Fuentes se hubiera comportado de esta manera de haber manejado alguna vez una cuenta personal de facebook. También puede uno imaginárselo fallando la prueba del espejo una y otra vez. En fin.

 

Imagen tomada de:

http://alternativo.mx/2016/11/un-dia-como-hoy-nace-carlos-fuentes/

 

LA REGLA DEL JUEGO

Por Mauricio Bastida.


 

El séptimo arte, el arte de las masas, tan aplaudido y tan prostituido, lenguaje relativamente nuevo y verdaderamente bello, es una pena que se haya convertido en una actividad económica desalmada y haya dejando atrás su propiedad primigenia de exploración y búsqueda de la belleza. Pero no todo es amargura, aún hay numerosos creadores que hacen cine con el respeto que cualquier arte se merece, la mayoría de las veces con pocos recursos pero muchas ideas, realizadores que aportan a la cultura cinematográfica; pero a falta de canales suficientes para su promoción, su recomendación y su distribución es muy difícil dar con ellos.

El propósito de este escritor novel y amante del cine es crear un canal accesible donde quepan las propuestas más interesantes del séptimo arte, sin importar la nacionalidad, el estilo, la época o si es independiente o comercial, como quien dice, poner mi granito de arena para la exploración de nuevos horizontes, o si gusta, para poder hincar el diente en lo más sabroso, sin más pretensión que compartir mi opinión con el lector, dejando atrás esa vaga y necia tendencia a calificar numéricamente una película ¿Alguna vez ha visto la calificación de un Goya o de un Turner?

Truffaut decía “todos tienen dos oficios: el suyo y el de crítico de cine” y yo que no soy ningún Bazin ni ningún Truffaut, no me siento con el derecho de decirle qué ver y qué no ver. Cada quien tiene su libre albedrío, su servicio de streaming favorito y su cine más cercano. Con tantas opciones para escoger sólo pretendo ser un guía, escarbar en el mar de opciones y rescatar algo interesante.

Hoy las buenas películas nacen en cualquier nación, hoy se hacen películas hasta con el celular, pero lamentablemente hay pocos ojos que volteen a ver. Hollywood ha creado el sistema perfecto de producción, para nuestra buena o mala suerte, no nos deja un fin de semana sin una nueva opción, sin dulces visuales fácilmente asimilables. No los condeno, a quien no le gusta pasar la tarde divirtiéndose con una nueva entrega de James Bond o de Star Wars, pero lamentablemente esa sobre exposición nos ha atrofiado, el lenguaje cinematográfico hollywoodense se ha impregnado en nuestras venas, ya nos hemos acostumbrado a su sintaxis. Espero no me lo tomen a mal es un estilo hermoso si es utilizado con maestría, como lo han hecho Scorsese o Coppola, entre muchos otros ¿pero por qué rehuir diferentes miradas y relatos? se requiere un esfuerzo lo sé, se requiere paciencia para ir asimilando ritmos distintos, diferentes rostros en la pantalla, otros estilos.

El cine como cualquier otra disciplina artística, requiere de estudio, no solo para la creación, también para la apreciación, se necesita un poco de paciencia para amarlo completa e irremediablemente, se necesita una sumergida con verdadera curiosidad en ese mundo maravilloso donde una película puede conmover intensamente y dejar su huella de por vida.

 

Imagen de portada tomada de :

http://pacificmeridianfest.ru/peoples/siro-gerra

DE GUAJOLOTAS Y EMPUTAMIENTOS

Por Amaranta Armadillo.


 

 

Cada día me levanto emputada, y no es por problemas gástricos ni por lo que algunos lectores avezados diagnostiquen como “mis días” (como si no hubiese una mejor explicación para la indignación femenina que no sea estar al borde de la locura uteral o sobrepasada de hormonas, esas cosas del diablo que al parecer los hombres-hombres no tienen). No, me temo que no es indigestión, ya he probado de todas las medicinas y ya ni el pepto me hace efecto. Aún así, siento como si trajera media guajolota atorada en el pescuezo del estómago, como si  el café de la mañana me hubiera terminado de joder los riñones ya de por sí machacados por la estática del oficio (o perjuicio) de ser tesista.

“A de ser el pinche colchón que no me dejó dormir otra vez”. Pero no, esto se siente como una bronca que está esperando a ser despertada, como un pleito aguardando en medio de un puño cerrado… que me quiero comer un pollito con alguien, pues… pero con quién y por qué (antes de empezar a repartir golpes hay que hacer al menos esas dos preguntas  para que los efectos de la tranquiza no le toquen a un pobre desprevenido que sólo vaya caminando por ahí).

Bueno, ya hay que despertarse, hacer el cuarto y bajar a desayunar para salir corriendo al trabajo. Mamá ya está levantada como siempre antes de las seis. Ya fue a la leche y ya está haciendo el desayuno y el café, se irá a correr en cuanto acompañe a su esposo a la salida para después hacer las compras del día y volver a casa para despertar a los hermanos que quedan aún guardados en sus camas, después aseo y más aseo, lavará como más de tres kilos de ropa, se peleará con sus hijos por ver quién va por las tortillas, esperará a que le dejen poner su “ruido” (la radio) y ponerse a tejer, después a que le suelten la tele y pueda ver algo que le guste (su telenovela de las ocho) y a preparar de nuevo comida para su marido, esperarlo para irse a dormir y empezar de nuevo otra vez.

Terminado el desayuno, a correr. Toca subirse a la combi, apretada hasta los huesos, esperando que no se me mallugue la mercancía que voy cargando. El vato que va a mi lado ya perdió el control de su cuerpo y viene desparramado encima de mí. Veo de qué forma no importunarlo tanto, pero que no se pase de lanza. Es interesante verle las caras a las mujeres: todas con un no sé qué de incomodidad que no sé si viene de los morros desparramados cual queso en comal o de las patotas abiertas que se cargan, como muy a la huevos de oro (pinches lingotes de papel maché que se cascan de sólo decirles que cierren el escaparate, que nadie anda buscando impresionarse y si lo buscáramos lo haríamos con los precios del transporte público y no con su frágil virilidad).

Ya, al metro. Sección de mujeres a fuerzas, porque al menos acá no andan queriendo probar la calidad de mis enaguas en cada frenón que damos. Vale cheto, somos un chingo, ¿por qué solo tres vagones para nosotras? No manchen, ya ni me puedo mover… literal. Al menos una señora se ha ofrecido a cargarme la bolsa, ya saben para que no estorbe y no se vuelva un arma mortal saca-costillas.

Pantitlán y sin división de secciones, vamos a guardarnos todo, hasta las piernas de ser posible. ¿Ese man me está tocando o sólo es el movimiento del metro? Y aunque lo fuera, puede quitar la mano ¿no? Momento de cambiar la bolsa puntiaguda de lado y pegarnos al tubo, abraza el tubo, el tubo es tu amigo, así ningún flanco queda sin resguardo. Bien, lo logramos, línea tres… Sección de mujeres, sección de mujeres… ¡Maldita sea, aún no está la división! Tapate las piernas, recárgate en la puerta, ya no falta mucho.

Quevedo, corre al camión, pero no tan rápido y no muevas tanto la cadera que luego se la toman personal y creen que va con dedicatoria. Otra vez el compa del microbús, chance si no le ves la cara no te hace plática. ¿A las cuántas veces de decirme que me veo bonita espera que suceda algo que no sea un “ya me voy”?

Por fin, tarde pero seguro, llegué al trabajo. En la koperativa (con k porque somos panks) somos al menos cinco mujeres y nunca he entendido porqué siempre le preguntan los precios y le quieren pagar a los vatos, aunque no sean de ahí. No sabía que se necesitaba un pene para contar… Después de unas cinco horas, o más, terminamos jornada.

De regreso paso por el puesto de revistas en lo que espero el trolebús. ¡Mira es un retrato perfecto del capitalismo! Ahí tenemos las revistas que gritan “invierte, endéudate y se un emprendedor” (con o), las otras que te susurran más bajito, pero más constante “gasta, gasta, que para eso se hizo el dinero, hay carros, video juegos y más… gasta comprador” (con o), después la ciencia al servicio de la técnica y las universidades como escaparate de la modernidad. ¿Hay alguna revista en la que aparezcan mujeres? Sí, claro, ellas también deben consumir (se). Belleza y producto: “Cómo perder veinte kilos en un mes”, “El secreto de (inserte nombre de famosa aquí) al alcance de tu mano”, y después, “Ve a (inserte nombre de famosa aquí) como nunca antes la habías visto”, “Mamacitas que también hay que festejar en este diez de mayo”… ¡Ay, de nuevo la guajolota!

Vamos para la casa: pégate a la puerta, ve atenta, recuerda lo que pasó la última vez por ir en otro mundo, ponte la chamarra, pégate al tubo, no sonrías tanto o creerán que coqueteas, seria, haz fuerza en la espalda y no dejes que te avienten o que te remitan a la esquina, camina rápido ya es de noche, voltea adelante-atrás-adelante, ten las llaves en la mano. Llegaste a casa, pasaste la puerta, estás bien (¿bien?).

Cada día me levanto emputada, ¿acaso ustedes sabrán por qué?

 

Imagen de portada tomada de:

https://culturacolectiva.com/arte/zachariah-johnsen-explosiones-de-color/

 

CUARENTA Y TRES

Por Ximena Corona.


Un número rojo en un camellón de una de las avenidas principales de la Ciudad

 

Es el número 43 en medio de Reforma es un curioso intento de recordar que 43 estudiantes de una escuela rural desaparecieron como en show de magia barato, así como desaparece el dinero público, el celular entre la multitud del metro, las promesas electorales, las mujeres que toman taxi, que suben a una combi o que sólo van existiendo por ahí; así como el mago desaparece a la modelo y todos nos sorprendemos y hacemos que creemos y él hace que cree que nos cree que le creemos y todos creemos porque nos divierte fingir.

Y a todo esto ¿qué les pasó a los 43 jóvenes normalistas? Y no me refiero a dónde están o quién se los llevó porque para esas preguntas tenemos nuestra cucharada de verdad histórica, la cual falló como sedante, pero, como efecto secundario, logró la falta de memoria. Me refiero a la idea, a la imagen, a la marca casi registrada en que se convirtieron: Los 43.

Pues el asunto es sorprendente porque después de ser Israel Caballero, Abelardo Vázquez, José Luna, Jorge Álvarez, Miguel Mendoza, Everardo Rodríguez, Julio López… pasaron a ser un número rojo en un camellón de una de las avenidas principales de la Ciudad, donde se alberga el Estado que con su máscara de mago los desapareció; a los dos meses con su máscara de justiciero los anunció incinerados en un basurero y más tarde con su máscara burlesca instó a superarlo.

Pero lo que a tres años de aquel septiembre no ha desaparecido es el monumento de Los 43, ése ahí está a la vista de todos, como mendigo ciego sin piernas en la banqueta, que incomoda, pero que a nadie inmuta; a la intemperie, donde golpea la indiferencia y los perros orinan cómodamente, frente a un, dizque, caballito amarillo y entre hoteles lujosos.  ¿Dónde más se puede encontrar la profunda soledad e indiferencia si no es entre la multitud?

Así mismo, ellos pasaron de la Escuela Rural de Ayotzinapa, Guerrero, a una de las zonas Inn de la Ciudad. Pero aquí no llegaron solos, les dieron muchos empujoncitos y uno de esos empujones lo dieron quienes compraban y quienes vendían en las marchas las playeras con la leyenda “Nos faltan 43”. Había para todos los gustos: la negra para el que se dice anarquista y la blanca para el que se dice pacifista y, como la temporada lo ameritaba, también había sudaderas con la misma leyenda.

¿Buscaban (buscan) lo mismo los padres de esos jóvenes que los vendedores y compradores de esas playeras? ¿Todos los que llegamos a estar en alguna de esas marchas exigíamos lo mismo o cada quién tenía sus +43 razones para estar ahí? ¿Buscaba lo mismo el estudiante, la maestra, la oficinista, el niño con sus papás y el obrero?

Pareciera que la disociación a causa de la constante competición (por el trabajo, la comida, la educación, el asiento en el pesero, la ficha en el Centro de Salud, el lugar en la unifila del IMSS, etc.) desemboca en un hambre voraz de querer pertenecer a algo que tenga o parezca tener algún sentido o propósito. Y surge de entre el horror la desaparición forzada de cuarenta y tres jóvenes y de repente a todos “Nos faltan 43”. Pero, como la indignación la vendían en forma de playera… pasó de moda.

Entonces, ¿qué alza ese +43 en Reforma? ¿La indignación, el coraje y el no-olvido de quienes lo colocaron ahí o la burla del Estado que lo adoptó para presumir y advertir los alcances de su atrocidad?

 

Imagen de portada tomada de:

http://reverso.mx/ejercito-ordeno-operativo-en-el-que-desaparecieron-los-43-anabel-hernandez/

PARADOJAS DE LA TERAPIA GRUPAL

Por Edgaróvich.


Dejar de fumar.

 

La verdad es que el programa para dejar de fumar del INER (Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias) no sólo es una excelente opción para quienes necesitamos ayuda para superar la adicción al tabaco, sino que, hasta donde yo sé, es la única. Mi único problema serio con el programa tiene que ver con las así llamadas “reuniones de mantenimiento”.

Verán, el programa incluye diez sesiones terapéuticas grupales durante cinco semanas. A partir de la segunda semana, uno deja de fumar. Hasta ahí, todo bien. Después de las diez sesiones, se invita a los participantes a una reunión mensual de mantenimiento para evitar recaídas y, en caso de que ya se haya dado la recaída, reiniciar la abstinencia. Son reuniones de dos horas en las que se invita a los participantes a presentarse, contar cuánto tiempo llevan sin fumar, contar su experiencia, etc.

Primer problema: todos quieren contar demasiado, no sólo cuánto tiempo llevan sin fumar, sino cuánto tiempo fumaron, a qué edad iniciaron, cuántos cigarros diarios, con qué bebidas maridaban el tabaco, lo agradable que les resultaba fumar en la regadera o celebrando las fiestas navideñas, los cumpleaños, en las pláticas de café, en las mañanas frías de noviembre, lo mucho que se les antojó comprarle al descarado que vende cigarros sueltos afuera del hospital, etc. Todo lo necesario para despertar en uno muy buenos recuerdos y muchas ganas de volver a fumar.

Durante la segunda hora, una terapeuta trata algún tema psicológico relacionado con la adicción al tabaco. Segundo problema: casi nadie entiende nada de lo que dicen los psicólogos, y las preguntas y “aportes” de los asistentes presentan un reto cruel e inhumano a quienes asistimos a estas sesiones con todas las ganas de dejar de fumar. Esta semana, por ejemplo, tocó el tema de “emociones”. Después de que la terapeuta explicara con gran soltura cómo es que el mecanismo de la evolución por selección natural pudo dar origen a las cinco o seis emociones básicas que compartimos con otras especies animales para así explicar el sentido original de fenómenos psicológicos como el enojo, la tristeza, etc., después de esta explicación, decía yo, levantó la mano un señor ya grande, muy entusiasta, pero muy desatinado:

Pues yo creo que si uno va a hacer algo, bien o mal, hay que hacerlo bonito. Si vas a tomarte una cerveza, pues mal, pero hazlo bonito. Y si no, si lo vas a hacer bien, hazlo bonito.

El señor se sentó, algunos aplaudieron, otros se quedaron pensando como si trataran de mirar la punta de sus narices, la terapeuta asentía con la cabeza como ausente, unos pocos nos miramos los unos a los otros, incrédulos o impactados, y creo que todos nos preguntábamos: “¿cuál era el sentido del enojo?”.

Ciudad de México.

 

Imagen de portada tomada de:

http://eatsleepdraw.com/post/267887618

 

 

FILÓLOGOS ANTE EL DESASTRE

Por Leo Müller.

¿Para qué sirve un filólogo en un terremoto?

 

Sin duda los filólogos son los más habituados a buscar entre los escombros. De entre las ruinas de la historia han rescatado textos que valen por su calidad literaria, su profundidad filosófica y su invaluable testimonio de tiempos olvidados.

A pesar de su demostrada capacidad para lidiar con los desastres, nadie solicitó un filólogo el día del terremoto; en cambio, se solicitaron ingenieros, arquitectos, psicólogos y abogados. Incluso, pasados algunos días, se solicitaron artistas para recaudar fondos en un conciertazo en el Zócalo, se solicitaron políticos para hacer valer la ley, se solicitaron empresarios para que aportaran recursos económicos y reconstruir lo que tuviera que reconstruirse.

Yo no voy a culpar a nadie por no requerir a los filólogos ante el desastre, pero los estudiantes de Letras Clásicas de la UNAM se pusieron nostálgicos, casi grises, porque nadie los invitaba a participar, y como nos les bastaba con aportar a los centros de acopio porque: ¿cómo? Soy un estudiante de la alta cultura Griega y Romana, soy importante, soy importante y debo poder ayudar con el poder de las letras, comenzaron a buscar formas de ayudar, de solidarizarse como dicen.

Así fue como pronto idearon una forma de ayudar, ya antes vista y súper reconocidísima por todos, a saber: leer poesía en las calles. Después, ya entrados en confianza, iniciaron la rifa de libros para recaudar fondos. Este tipo de iniciativas, como suelo pensar, rebajan la magnitud del problema y me dejan frente a un triste panorama: los compañeros estudiantes no saben qué hacer.

No saber qué hacer es válido y reconocerlo es un buen principio; sentirse obligados a ayudar y hacerlo por hacerlo es una farsa. Faltos de guía, consuelo y explicación, los estudiantes continuaron con la fiesta de las rifas y la nostalgia triste menguó, se alivianó con el tiempo. Aun así, nunca supieron por qué nadie los solicitó y la cuestión sigue abierta, sin respuesta, a discusión.

Para soliviantarlos y comenzar una alegre disputa alrededor de aquella incógnita, ya instalada la deseada normalidad burocrática de las universidades, expondré mi reflexión para que no se les gangrene el cerebro colectivo, para que no se enfríen gargantas y palabras, por la cuales siento, yo también, tanto amor.

Para comenzar por lo más sencillo, como siempre, es evidente que muchos mexicanos apenas y han leído las novelas de José Emilio Pacheco, y eso porque se las dejaron en la secundaria; también, el habitante promedio de nuestra folclórica nación repudia a Cervantes desde la primaria y cree que Cien años de soledad es la obra más grande de todos los tiempos porque así se lo informaron: no sabe ni porqué, ni le interesa. Así que: ¿cree usted que el pueblo sabe qué es un filólogo? ¡Pues por ello no los ha solicitado!

Letras Clásicas aún no ha difundido lo suficiente la utilidad de sus conocimientos ni las virtudes de su saber. Alguna vez hubo un intento de difusión. En inmemoriables e inenarrables tiempos, intentaron mezclar un poema con el reggeton y aquello no salió muy bien. Han ocultado esa vergüenza con recelo y a pesar de todo la mentira se ha guardado bien entre nosotros, como un parricidio planeado entre hermanos. Gracias a DJ Chango por su interés en difundir la cultura. (https://goo.gl/PiiwLt) Este video es una joya literaria y documental en “sí misma”.

Después de descubrir que siempre se puede estar peor, pasemos a la siguiente razón por la cual nadie solicitó un filólogo en el sismo: porque los filólogos no hacen cosas prácticas. Los filólogos trabajan con algo que el ciudadano vulgar, aquel que todo lo resuelve con los músculos, considera demasiado abstracto: la palabra. Aquella consideración fría, ignorante y descortés no ha sido desmentida por los estudiantes. Todo lo contrario, ha sido reafirmada. Se pusieron a leer poemitas en el centro de Coyoacán a cualquier vago que se les atravesara.

Ahora bien, si me preguntan, el título de ingeniero y arquitecto les quedó muy grande a los estudiantes de esas respectivas facultades. Lo único que tenían que hacer para evaluar los daños estructurales, según los cursillos que dieron en Arquitectura, era interpretar símbolos, es decir, grietas… un trabajo muy contemplativo para aquellas bestias. Ese trabajo era, más bien, para los filólogos.

La última razón que pienso dictar, porque ya me cansé y son muchas, y la cual considero que es muy importante, es que al ciudadano promedio no se le ocurre pensar que la literatura tenga algo que ver con los grandes problemas, y todo por una confusión entre palabras. Confusión que siempre existirá pero de la que no todos están conscientes.

Ahora sí, ya llegué a lo abstracto, afinen sus oídos y preparen sus refutaciones.

La Literatura, así en general, Universal o Local, afina algunos sentidos que bien desarrollados ni falta haría hacer la pregunta tan consabida: ¿y para qué sirve? Porque de entrada, una pregunta tan arrogante siempre es hecha por alguien que confunde demasiado las cosas. A ver, ¿cuántas cosas de las cuales hace usted a diario son útiles, querida tía Margarita? ¿A poco México es una nación útil, pragmática? ¿Esta sociedad pendeja que lee poemas y vota cada seis años para elegir a un mandril por líder es una sociedad de cosas útiles? Confundidos así, los preguntones creen que los ingenieros, los arquitectos, los abogados, los médicos, los rescatistas, los políticos son útiles sin haber pasado por la literatura porque de ella, por supuesto, no podrían obtenerse los conocimientos para saber actuar ante un desastre. De lo anterior se deduce que tales profesionistas no leen, cosa que no es tan complicado observar. Ya se ve por qué alaban tanto a una perra llamada Frida: la predilección mexicana por las analfabetas. Ay, si la perra hablara.

En fin. Para redondear, tampoco es que leer sea todo, nadie dijo eso. Ya sé ve qué pasa cuando sólo se lee: se pronuncian poemas ininteligibles y se rifan libros. Mal, mal, mal.

Alguna vez intentamos aportar también a la movilización por los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa. Tanta hipocresía disfrazada de interés me hizo ver lo mojigatos que son los universitarios y también me mostró la confusión en la que me encontraba sumergido, además de ver que lo que realmente les hace sentido es obtener un título que los haga sentirse mejor consigo mismos, cosa que no está del todo mal, pero eso no es lo que aparece en su discurso.

Ciudad Universitaria, México.

leo.muller.platz@gmail.com

 

Imagen de portada tomada de:

SOLIDARIDAD

Por Leo Müller.


Sólo durante siete días.

 

“No conseguirán engañarnos a todos, aunque a veces, parecemos tontos”

Enrique Bunbury (el filósofo), Parecemos tontos.

 

Me asombra un poco saber que el nuevo nombre de la mano de obra barata se llama solidaridad. Este ligero y nuevo cambio lingüístico se da en tierras mexicanas, donde hace poco ha sucedido un terremoto. En efecto, miles de personas salieron durante una semana entera a hacer el trabajo duro, arriesgando físico y empleo, sin más retribución que una conciencia tranquila y un reforzado sentido del deber y el patriotismo; todo ello mientras los políticos e instituciones se tomaban un descanso a cuenta del erario público.

Elogios aparte, me da gusto el apoyo incondicional que la sociedad aportó durante una semana: seguramente siete días compensan décadas de egoísmo. Ya ven que Dios hizo el mundo en 6 días, y el séptimo no fue a trabajar para que nosotros no nos sintiéramos culpables de descansar ese mismo día.

Si la sociedad no hubiera apoyado, los medios tal vez no hubieran tenido un símbolo con el cual dar atole con el dedo al mexicano patriótico. Afortunadamente quedamos algunos ciudadanos de a pie que nos damos cuenta de la manipulación tan grande que se aplica sobre la sociedad. Se repetía y vociferaba que México es un país solidario.

No, señores, no lo es. Es un simple país más, uno más de entre el montón de países del orbe y sus distintivos no son precisamente la solidaridad porque, díganme si me equivoco, ¿no es acaso que ante las más aberrantes injusticias permanecemos en silencio?; ¿no es acaso cierto que a diario vemos mucha gente sin alimento, ni vestido, ni techo en las calles, y no nos organizamos para darles una mejor vida, mínimamente digna?

Que no los quieran engañar y ustedes no quieran engañar durante siete días. La solidaridad no ha durado más que siete días, tal vez les concedo catorce. En el fondo sabemos lo que somos porque nos miramos en el día a día dentro de la configuración de esta triste realidad, y si usted no lo ve así, es porque no es muy observador.

Yo no tengo nada que recriminar a aquel que se refugia en el celular, en los estudios o en el futbol para no mirar el fracaso de sociedad que somos, pero no me quieran venir con el cuento de la solidaridad, porque me pregunto si mi país es verdaderamente estúpido.

Sea feliz y si comienza a temblar, antes de pensar en el prójimo, ¡corra por su vida!

Ciudad Universitaria, México.

leo.muller.platz@gmail.com

 

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https://elperiodico.com.gt/insolito/2017/09/20/estas-imagenes-muestran-la-solidaridad-en-mexico-tras-el-terremoto-de-1985-y-2017/

FRÍA LEY, CÁLIDO DIOS

Por Leo Müller.


¿Cómo se gobierna la sociedad?

 

Existe un tipo de hombre fácilmente identificable porque siempre, como hombre de instituciones que es, va trajeado y advierte con todo el debido respeto que todos estamos mal menos él mismo. De allí que se diga que su trabajo es pelear y estar siempre en conflicto con los demás. A menudo irritan a las bondadosas almas ciudadanas que con su cariñosa calidez suelen resolver las cosas, las cositas, los asuntitos. Mientras que los primeros hablan de hechos y leyes, los pobres ciudadanos hablan de maldad y bondad.

Los ciudadanos están convencidos de que la ley es un frío instrumento de los malos para acabar con la felicidad de los buenos. Todo lo que sale mal es por la maldosa maldad de los malos. Su requeteinteligente razonamiento de antemano los excluye, porque los hace ver como los buenos, y, si no es que son puramente buenos, al menos lo que hacen lo hacen porque son guiados por el bondadoso bien. Miel, azúcar, flores y cursilería. Pero sobre todo, en palabras de ellos, es calidez. “Es que los extranjeros se sorprenden de nuestra calidez” “Es que los artistas extranjeros aman a México por la calidez con la que los reciben”.

Tratar de convencerlos de que la calidez es más bien un defecto y una posible causa de todos nuestros males sería un interesante ejercicio dialéctico que acabaría con el cálido merecimiento a que te partan la madre, como dirían con folclórico cariño.

Por otro lado tenemos que la ley es fría, firme, dura. Cargar con su pesadez, aceptar las limitaciones que nos impone y asumir la responsabilidad de nuestros errores ante ella, son los sacrificios que debemos asumir para mantener el orden y la convivencia entre todos. Los hombres que se sustentan en ella están convencidos de que el problema principal de nuestro país es que la ley no se aplica al pie de la letra.

Así pues, resulta que estar en contra de la ciudadanía es estar en contra de la bondad y estar en contra de la ley es contravenir el orden. Ambos son ataques contra la sociedad. Unos dicen “está en contra de las instituciones”, los otros que “está en contra de lo bueno, que es usted malo, amargado, contrario”.

Claro que esto es simple y llanamente lo que cada bando se dice a sí mismo y a los demás para explicar sus actos, para mentir y no quedar mal ante alguien. Ese alguien para el bando de la legalidad seguramente es el dinero, las influencias y el poder, tal vez un superior, el jefe, el presidente, el director, el rector. Por eso tanto énfasis en el orden. El orden es la estructura que les permite seguir haciendo de las suyas; el orden es la repetición cotidiana de lo mismo.

Ese alguien para el bando de la calidez es nada más y nada menos que Dios. Dios es un dios, en su caso, muy particular. Este dios no es precisamente Dios, sino Dios, porque Dios no permitiría ciertas maldades, pero su Dios sí, su Dios permisivo, compasivo, caritativo, flexible… ¿Confundidos?

El interés principal de los ciudadanos no es la bondad ni la maldad sino salvar su alma, es decir, mantener su consciencia tranquila y convencida de que ellos se merecen siempre algo mejor porque se han portado bien. Se merecen vacaciones, prestaciones, riqueza, educación, amor, belleza, sexo heterosexual, hijos preciosos e inteligentes y sueldos muy muy elevados y hasta se merecen un lugar paradisiaco para después de morir… ¡hágame el favor! ¿Y su nieve?

Estos dos bandos están en constante conflicto porque la firme creencia en el valor propio de cada bando le resta fuerza al contrario. Sin embargo, se necesitan mutuamente, porque el aval del otro para cometer sus crímenes es la mejor forma de mantenerse impunes, incluso ante el acto más perverso, esclavista, criminal y asesino que pudiera imaginarse. En ocasiones ese odio que se tienen se difumina brevemente cuando se intercambian despensas por votos, indultos por influencias, tranquilidad por poder. Es por ello que instituyeron aquella forma civilazada de arreglar los problemas con acuerdos, negociaciones.

Lo que queda frente al Gobierno del Orden por estos dos bandos incultos, mentirosos y ambiciosos, es una imagen apocalíptica del futuro, sino es que vacía. Mirada con atención, esa visión apocalíptica les permite justificar su existencia, pues si el mundo no se ha vaciado por completo, según ellos, es gracias a la Ley y a Dios.

Vivir en una sociedad donde uno tiene que adherirse a la fría ley y a un cálido Dios, mientras a diario ni lo divino ni las instituciones logran resolver nuestros problemas más próximos, cuando no creemos ni sentimos pertenecer a ninguno de los dos bandos, nos hace ver fríos porque no creemos en nada y demasiado ígneos porque todo nos irrita. Somos la nueva síntesis donde se ubica el devenir del Gobierno del Orden.

 

leo.muller.platz@gmail.com

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https://lasillarota.com/congreso/senadores-de-pan-y-prd-critican-veto-parcial-de-pena-en-ley3de3/117125 

WHO’S PLAYING?

Por Jimmy Lee.


El efecto Kiedis.

 

Era el día del concierto. Llegué como es costumbre una hora antes al foro Sol. El escenario era monstruosamente genial: cuatro pantallas gigantes, un despliegue de luces en el escenario, además de un arsenal de fuegos artificiales esperando ser lanzados adornaban el lugar. Poco antes de que la obscuridad iniciara, el público poco a poco fue inundando el famoso recinto a pesar de la lluvia y el frio que se vivían en esos momentos. Los vendedores de impermeables no tardaron en salir y hacer su agosto. Los primeros en salir al escenario fueron Porter y Modest Mouse, que entretuvieron al público mientras la gente tomaba su tiempo para entrar y tomar sus lugares. Cuando, de pronto, en medio de la suave pero ensordecedora plática de más de 20,000 asistentes se apagaron las luces y se escuchó la primera percusión de prueba del baterista de la banda anfitriona: ¡eran los Red Hot Chili Peppers! El foro estalló en gritos, silbidos y aplausos de miles de personas, así llegó el inesperado puntual comienzo de “Can´t Stop”, lo que logró que miles de personas comenzaran a saltar. Esa fue la primera vez que escuché música en vivo y me dieron ganas de romperlo todo.

Mientras miles de asistentes gritaban letras y saltaban con los puños hacia el cielo -con una naturaleza ambiciosa- Kiedis contagiaba de diversión a todos los presentes con su creatividad y pasión, las cuales se movían por todo el escenario. Vasos de cerveza volaban por encima de miles de personas y, mientras algunas groupies seguían saltando al ritmo de Give it a way, en ese momento me di cuenta de cómo debería de ser un frontman de una banda de rock en el escenario: debía de tener personalidad pura, debía de ser capaz de despertar los sentidos de miles de personas y de transmitirle al mundo su energía y sensibilidad en cada una de sus canciones y al mismo tiempo hacer brillar a los demás integrantes de la banda.

Un frontman no es solamente el artista o interprete de rock; es una actitud, es un estilo de vida, es un modo de pensar y también es un nivel de éxito. Es el que tiene la capacidad de expresar las experiencias y los altibajos de su vida para poder compartirlos y lograr así que el mundo de alguna forma se identifique con sus canciones y con su música.

Considerado uno de los artistas más polémicos del rock, como músico Kiedis se ha reinventado a lo largo del tiempo y lo ha manifestado en un mejor control de voz en cada uno de sus albums. Recordarán a Anthony Kiedis en los primeros albums de The Red Hot Chili Peppers rapeando a una velocidad que pocos artistas han logrado. Después empezó a escribir canciones con más melodía y con un estilo funk y hip-hop. En el álbum Californication su control de voz es aun más notorio. Su habilidad para el canto ha mejorado mucho en los últimos años, alcanzando su máximo en el album Stadium Arcadium.

Anthony Kiedis es uno de esos artistas de los que me encanta hablar. No sólo porque sea el frontman de uno de los grupos de rock más populares, sino por su música, ideas, proyectos y frases que siempre son interesantes: hechos que en síntesis, definen perfectamente a uno de los más grandes en la historia del rock, funk y hip-hop.

 

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https://www.rockbywild.it/almanacco-di-rock-by-wild-5-marzo/