A LUCIO S.

Abril, 2018.

Querido amigo, nuestras sombras son más grandes que nosotros.  Esto no es ni metafórico, ni real, ni verdadero, y al fin y al cabo  eso a nosotros ni nos importa, porque ya llevamos demasiado tiempo escuchando acerca de esas porquerías.

Amigo traidor, busca papel y lápiz porque ya comienza el show de nuestro cada día. Van a culparnos de indolentes e insignificantes aquellos hombres y mujeres de buena fama y apariencia; pero afortunadamente El Sátiro nos habla al oído, con toda su lascivia, irreverencia y aliento a alcohol.

No podemos resistirnos a su voz y consejo, porque, ya lo dije: nuestras sombras son más grandes que nosotros.

Leo Múller.

🙂

 

Imagen de portada de Leo Müller*

UN DÍA EN UN CALL CENTER

Por Eduardo G.


 

Seguro estoy de que todos, en algún momento, hemos sido víctima (y en muchos casos, en los momentos más inoportunos) de algún asiduo vendedor que, por vía telefónica, trata de ofrecernos un producto que, con seguridad, no sólo no queremos o no necesitamos, sino que hemos rechazado infinidad de veces… dentro de la misma semana (o incluso, no lo sé… dentro del mismo día). Esta labor, que pudiera parecer molesta o monótona, parece cada vez más ponerse de moda entre los jóvenes, sin importar de qué rubro social provengan, o bien, llámese estudiante o cabeza de familia. Sin embargo, pocos conocen la naturaleza de un trabajo como éste, lo que implica y la relativa dificultad que exige para poder desempeñarse como es debido.

Con frecuencia, uno, al responder a este tipo de llamadas, puede pensar que se puede tratar de una broma, de una extorsión o, simplemente, un asedio total de una empresa para que termines comprando, sí o sí, el servicio o producto en cuestión (algo que, sobra decir, está más que penalizado… pero, claro, hablamos de nuestro México lindo y querido). Nada más  lejos de la realidad.

Para resumir de forma concisa la experiencia de estar del otro lado del teléfono (aunque en realidad, usamos una computadora), es necesario decir que un ejecutivo telefónico no es más que una víctima de las rigurosas políticas de la empresa para la cual trabaja, sometidos a un monitoreo constante de su labor con el fin de verificar que en todo momento, se cumplan con los estándares de calidad requeridos por la empresa en cuestión. El ejecutivo telefónico no tiene opción, debe de contestar la llamada que “le caiga”, sí o sí, y así la persona que conteste exprese de forma un tanto… efusiva que no le interesa el adquirir producto (o bien, el servicio) que se le está ofreciendo; es obligación del ejecutivo mencionar la oferta comercial al cliente y no sólo eso…: ¡Y HACER, CONTRA VIENTO Y MAREA, QUE LO ADQUIERA!

Obviamente en la inmensa mayoría de los casos, esto último no se logra, teniendo en su lugar una violenta oposición por parte del cliente final; pero a lo que voy es a que, por más molesta que pueda resultar una llamada de ese tipo, finalmente quien la realiza no tiene alternativa. Así el producto haya sido rechazado por esa misma persona varias veces o se queje de un continuo asecho por parte de la empresa que llama, el trabajo debe de realizarse, y con toda la presión que los supervisores ejercen sobre su personal.

Oh, cierto, no he mencionado las jerarquías dentro de un Call Center convencional. En realidad no es tan importante y las mismas no son muy complejas, simplemente podemos decir que el ejecutivo telefónico está en la base de la pirámide, mientras que los supervisores simplemente están un escalón (o dos) por encima de los responsables de “hostigar” al cliente. En resumen, los supervisores son los que se encargan de “mejorar la productividad” de un determinado Staff (equipo de trabajo conformado por un supervisor y un conjunto de ejecutivos telefónicos), dicho en otros términos…: se encargan de exigir ventas a sus subordinados sin importarles las dificultades que se puedan suscitar durante la labor.

La jornada laboral promedio de un Call Center es de 6 horas, con solo 10 minutos para ir al baño y 20 minutos para comer. El sueldo base suele ser paupérrimo, y sólo tienes oportunidad de expandirlo por medio de las comisiones que generas al concretar tus ventas. Para resumir, sólo quisiera hacer una cordial invitación a quien tenga la oportunidad de leer este texto, a que, cuando les llegue a surgir este tipo de llamadas, simplemente respondan con amabilidad. Hay que recordar que el operador telefónico no tiene forma de evitar un número telefónico que ha sido “quemado”, y de cualquier forma tiene que continuar con su script de venta. 🙂

 

Imagen de portada tomada de:

https://www.abc.es/internacional/abci-nueva-esclavitud-trabajo-call-center-33-centimos-hora-tarento-italia-201802271432_noticia.html

LA FUERZA DEL VOTO

Hace siete meses robaron mi información personal para hacer uso de ella en beneficio de las elecciones. Se supone que el culpable fue un candidato independiente a la presidencia. En aquellos momentos, después de la deleznable cita con la FEPADE, se me prometió que, al poco tiempo, se atraparía al culpable. Una institución pirata e hipócrita, la INE, vino, descaradamente, a buscarme para aclarar el asunto. Me negué. Yo tenía que ir a aclarar las cosas porque no supieron (?) que ellos fueron quienes desviaron la información desde su misma base de datos: información que me fue dada por la FEPADE.

Transcurrieron los meses, y nunca apareció el pirateador de votos y de firmas espurias; no se le encarceló. La FEPADE prometió que al poco tiempo brotarían las notas en los periódicos sobre el infractor. La FEPADE no volvió a llamarme; en el periódico no hubo notas sobre el presunto pirateador. Lo único que sucedió, para mi satisfacción, es que en las redes fue esparcido un video sobre el total fracaso de la INE, como institución electoral: ridículos trabajadores que no hacen su oficio, información filtrada, y una gorda que no sabía qué decir frente a las cámaras y el notario.  IFE, INE, y ¿ahora qué sigue?

Luego, Marychuy, quien parecía la más limpia entre todos, no calificó –o más bien, la descalificaron quién sabe por qué razones- para la candidatura y los debates: la prensa y el pueblo gentil no hizo demasiada mención sobre qué aconteció con Marychuy. Luego, vinieron los debates de cinco verduleros: una mujer sin talante e incapaz de expresarse oralmente –que además, como quien dice, no aguantó los putazos y se salió-; un ridículo que corta manos y quien probablemente espureó mi información;  un mocosillo que en videos, speaking english, afirma que con sus technologys enterprises logrará el cambio –no sé de qué cambio habla-, pero totalmente lo contrario de lo que sostuvo hacer como líder; otro tonto sacado del Parque Jurásico que dice que va a ganar sin fraude, pero que amenaza a los trabajadores para que voten por él, y el menos peor que nunca toma postura, se siente mesías y promete ver por los jodidos –a ver si es cierto-.

La lucha por el poder simboliza una cosa: hurtar a toda costa, acción que se refleja no únicamente en las altas esferas, sino hasta en los más jodidos.

En una ocasión, un viejillo ciego –o que se hacía el ciego, uno nunca puede estar seguro con estos artilugios de prestidigitadores- que se encontraba en las afueras de Bellas Artes quiso venderme mota en forma de pulseritas a la par que un adolescentillo barroso y repugnante que hacía las veces de ladrón, se acercaba para examinar cuánto me podía robar. Cuando respondí al ciego de la manera más amable que no requería de ellas, me insultó y me increpó con denominaciones contra las que justamente he procurado combatir con mis pocos recursos durante gran parte de mi breve vida.

¿A quién irle? Si a los jodidos o a los más venerables, es una pregunta de dudable respuesta. Tal vez no la tenga, y la que se acomoda egoístamente es: yo no estoy del lado de nadie porque nadie está de mi lado. Pero es la más plausible.

Más adelante, la democracia se viene abajo con la emulación de votos informados. Los intelectuales sacan a relucir todo lo que no vomitaron en seis años desde el fraude del copetudo. Entonces, durante mis horas de soledad literaria, el Pericles de Tucídides desaparece ante las críticas de redes sociales, y el ridículo mexicano, como degollando a Nicias, se metamorfosea en un ciudadano con derechos y deberes civiles: “Hay que votar, porque votar es un derecho.” ¿Derecho a qué? ¿A olvidarme por seis años del entero desmadre de un estado casi caído?

Las camisetas ya no sólo son verdes y charras, sino que son politólogas, filósofas, letradas, cultas, políticas, economistas, financieras, ambientales, científicas, jurídicas, psicólogas, médicas, ingenieras y no sé qué otro título más. ¡A arrogarse un papel a partir del cual nadie me ha preguntado nada! La contradicción lógica se hace patente en la excesiva argumentación, y el mexicano se vanagloria de ello. Argumentación que jamás salió a flote cuando tuvo que verse en los constantes problemas acontecidos en seis años, que ya no voy a enumerar porque ya se los saben de memoria.

Después, cercana la fecha de opípara controversia, gran parte del país es consciente de sus derechos y sus poderes; y muchos otros conocen de memoria lo que es la democracia. Yo sigo sin entender qué carajo significa esa forma de gobierno; creo que de nada me ha servido leer a Aristóteles ni de experimentar los látigos de la vida. Lo único que observo cada vez más es la falta de referentes para comprender los problemas del país; por otro lado, veo que casi todos están muy informados y que entienden mejor que yo esos problemas (¿¡cómo le hacen!?).

Después, muchos vienen a darme clases de las mil y una democracias existentes; después, yo vomito que estamos más perdidos que nunca, ¿cómo vamos a decidir así?; y luego me responden que las democracias de ahora son sistemas preestablecidos en los que ya no puede uno participar directamente en la política, pero que siguen siendo bien democráticos (ya no entendí qué significa esa palabra; entonces, a revisar el griego, otra vez…); entonces yo comento que no es democracia; entonces me responden que lo que a mí me corresponde es el deber ciudadano de votar, y que uno no puede tener todo claro y que por eso hay que ir a lo más próximo -creo que se refieren a ser pragmático-; y entonces yo digo que entonces no es que estemos muy informados y actuemos con deber ciudadano, sino al chilazo, como todo en este país; y entonces, me reafirman, desviándose, que la democracia es de diferentes tipos; y entonces yo ya no quiero seguir en el juego aburrido de la argumentación circular. Quedo derrotado porque hay un argumento sólido y victorioso: que no estamos tan perdidos porque llevamos tres meses conociendo a los candidatos; no estamos tan perdidos porque sí tenemos claro quiénes gobernarán; no estamos tan perdidos porque sabemos que tenemos un deber, el de votar, y entonces sí tenemos referentes.

Así son las nuevas formas de los 30 tiranos en la nueva boleta:

La fuerza del voto es un deber ciudadano.

La fuerza del voto, como título de novela teatral y dramática de Moreno.

La fuerza del voto, hacer las cosas al chilazo.

La fuerza del voto, ejercer la libertad de expresión en face y ponerse una camiseta sabionda, y andar gritando frases esperanzadoras y sabias (dizque).

La fuerza del voto, robarse información e integrar firmas espurias.

La fuerza del voto, hacer y hacer Institutos Electorales, a ver si chicle y pega.

La fuerza del voto, escoger al menos pior.

La fuerza del voto, argumentar y argumentar hasta que se me acabe la tinta porque en realidad, soy un ignorante más que necesita güacarear que es inteligente.

La fuerza del voto, una eterna repetición de pendejadas.

La fuerza del voto, impunidad y desigualdad sempiternas.

La fuerza del voto, marchar e integrarse a las hordas multiculturalistas.

La fuerza del voto, olvidarnos de las problemas sociales, económicos y culturales, y no sé qué otro adjetivo similar.

La fuerza del voto, abordar el tren del mame de todos los pendejos que tiene una postura democrática, sea lo que sea que esta palabra signifique.

La fuerza del voto, sentir que ahora sí va a haber un cambio.

La fuerza del voto, resignarse al mal gobierno.

La fuerza del voto, dejarle a los futuros un país caído.

La fuerza del voto, elegir una carrera y prepararse y ser alguien en la vida y después darse cuenta del fracaso interno que es uno mismo.

La fuerza del voto, fracasar desde un principio y ser un don nadie.

La fuerza del voto, decir cosas que realmente no sostenemos a capa y espada.

La fuerza del voto, tomarse fotos afuera de las casillas enseñando las chichotas.

La fuerza del voto, vender la propia dignidad por unos cuantos pesos y unas pancartas afuera de tu casa.

La fuerza del voto, hacerse pendejo durante todo el sexenio de Peña, de Calderón y así y así.

La fuerza del voto, participar como vigilante que vigila las vigilias de las boletas para que no suceda nada negro, ¿pero quién te vigila a ti, mano?

La fuerza del voto, mancharnos el dedito de negro y hacer presión sobre una boleta que de antemano sabemos que piratearán.

La fuerza del voto, no ir a votar.

La fuerza del voto, anular el voto,

La fuerza del voto, anular las instituciones.

La fuerza del voto, anular las academias.

La fuerza del voto, anular el mal gobierno,

La fuerza del voto, anularte a ti mismo.

Y, ustedes, ¿qué opción tacharán?

 

 

Por mí, el voto, las opiniones, argumentaciones, debates y todo este mame democrático pueden irse a chingar a su puta madre. Bótense a la verga, cerdos hipócritas…

Mejor seguiré trabajando como lo he hecho: de forma clandestina. Nos vemos dentro de seis años. 🙂

 

Ciudad de México. Domingo, 01 de julio, 2018.

 

Imagen de portada tomada de:

Anular el voto o votar con convicción. ¿Qué es mejor?

 

PARENTÉTICAS PARAGRÁFICAS

(No se acostumbra hacer largas parentéticas en los textos, pues se supone que simplemente funcionan como explicaciones prescindibles para el sentido de nuestras hermosas oraciones, nuestros contundentes párrafos, y por ello no hay que romper mucho la regla haciendo extenso aquello que olvidaremos al primer cambio de párrafo.

Pero como en este país (como me explicó un taxista hace poco) todo es posible (es decir, no hay reglas (o se pueden romper)) y la única regla es que no hay reglas (contradictoriamente), la constancia y el orden son algo así como un invento muy sofisticado, particularmente en cuanto al pensamiento.

A ver, vamos a abstraer, no se asuste. En cuanto al pensamiento, logramos dejar en suspenso la línea de pensamiento general para pasar a explicaciones prescindibles, fuera de la semántica fundamental. Dejamos atrás, muy atrás, difuminando hacia la subordinación lo principal y volviendo principal lo circunstancial, los puntos que creíamos más importantes.

Así, los miles de desaparecidos y asesinados, las miles de mujeres violadas y explotadas, el tráfico de drogas, el lavado de dinero, la falta de educación y oportunidades, las fracturas a los derechos humanos, la corrupción, las ordas de desplazados, marginados y abandonados, la pésima salud, la mole de la violencia y el control de las calles por grupos delictivos, la nula afectividad de cualquier institución (del ramo que sea), el cinismo de nuestros gobernantes, la dificultad para convivir con nuestros compatriotas, la sobrepoblación, los periodistas asesinados, al igual que activistas… son cosas que algún día fueron principales pero que ahora se encuentran desplazadas por un largo largo largo paréntesis: las elecciones.

Entonces, una vez terminada esta parentética paragráfica electoral, habrá que retornar al principio del texto para redescubrir de qué hablábamos, qué era lo principal, qué vamos a desarrollar primero). 🙂

750 CARACTERES

Por Fernanda del Monte.


 

750 caracteres, son como los 750 lados de un caleidoscopio sin función alguna.

Las imágenes por sí solas no hablan. Tampoco los muertos ni los cadáveres.

Mi madre me educó siempre mal. Mi padre… él no educaba, vivía. Mal. Malvivía. Trabajaba mucho. Murió por no poder respirar. Me dicen que siempre soy autorreferencial. No conozco otra cosa que mi memoria. La construcción de la vida es artificial. La memoria también. He borrado los nombres de muchos hombres con los que salí. He borrado el nombre de las calles de las casas de mis amigas. No recuerdo los días en la escuela ni las clases que tomé de adolescente. Pero recuerdo las parábolas de la Biblia, los versos de Rosario Castellanos y el libro de las Ciudades Invisibles de Calvino. Pienso que como las ciudades, construyo mi vida a partir de imágenes y recuerdos que no tienen ninguna función. Lo único importante es en qué tipo de barco vamos navegando. El mío es de remos y vela. El viento lo mueve. Mientras que yo cada tanto suelto otra lágrima más, porque mi madre me educó siempre mal. Mi padre… mi padre malvivía. Yo. Me desnudo y escribo. Sin ningún fin. 🙂

 

Ciudad de México, 2018

 

Imagen de portada tomada de:

http://ventana-almundo.blogspot.com/2012/01/como-funciona-un-caleidoscopio.html

Sobre la autora:

FERNANDA DEL MONTE

(Ciudad de México, 1978) Dramaturga, ensayista, narradora, investigadora y directora teatral. Sus obras se han llevado a escena en Canadá, Argentina, España y México. Mantiene un vínculo constante con el trabajo teatral a través de talleres y de escritura constante acerca de diversos temas y por medios diversos. Recibió el Premio Airel de Teatro Latinoamericano, Toronto, 2013 por su obra Palabras Escurridas y el Premio Internacional de Ensayo Teatral 2013 por Territorios textuales. Sus relatos se editan tanto en México como en España.

Fuente:

http://www.tierraadentro.cultura.gob.mx/author/fernanda-del-monte/

 

 

BIGOTITOS

“En una playa próxima a cierto golfo crece un robusto y verde roble. Un gato sabio, sujeto al tronco por una cadena de oro, da vueltas sin cesar en torno a él. Cuando corre  a la derecha, entona una canción, y cuando corre a la izquierda se pone a contar un cuento.”

Ruslán y Liudmila. A. S. Pushkin

 

Ayer, 25 de junio del 2018, cerca de las siete de la tarde, vibró mi celular, anunciándome con un mensaje una noticia lamentable. La leucemia terminó la vida de Milito.

La lluvia fuerte caía de un cielo negro. Me encontraba en la biblioteca con mi último mejor amigo. Estábamos alegres, brinque y brinque, salte y salte, risa y risa porque teníamos las aceras para nosotros solos. Siempre estuvimos cansados de la sabiondería habitual. Y la risa visceral es la única que nos queda para no encarrilarnos en vías de la insanidad cotidiana. La alegría estaba en nosotros, un poco de escarnio y gracia nos hacen el día. Él pagaba una multa, el muy deudor, y me prestaría también los Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce; en cambio, yo buscaba poemas de Mario Santiago, que en esas cumbres de los estantes empolvados nadie leerá.

La vibración en mi bolsillo, como un ronroneo, mensaje leído, boca en pausa. Yo me puse amargo, el mensaje no lo avizaba, y por el momento, a mi amigo el infra yo no le avisé.

Milito era un gatito muy serio, como un teniente, en constante firmeza, bien parado, al menos yo así lo conocí. Las más de las veces, pese a la firmeza, se le veía taciturno, con los ojos achicopalados, delicados, como en x, como diciendo que estaba agotado. Tengo en la vaga memoria el amable recuerdo de que siempre comía pollo hervido. Le encantaba esperar por el pollo, mientras que con su mirada melancólica se sentaba en una silla de madera, y observaba y observaba a por el pollo.

Milito tuvo hace tiempo un último mejor amigo también, Solecito. Ambos eran el dúo dinámico de la mininidad. Ambos de pelaje dorado eran, prestos a las corretizas y al jugueteo gatuno. Eran muy, muy íntimos amigos, se les notaba a leguas. Solecito era como el cabo del general Milito, y aquél iba siempre a probar primero la comida. Si a Solecito no le gustaba, era sabido que a Milito tampoco le agradaría. En muchas ocasiones se notaba cómo Milito regañaba a Solecito, ignoro los motivos. Así es la amistad, aunque dura, se habla desde la abundancia del corazón, y las boquitas de los felinos también maúllan desde sus coranzoncitos.  Solecito hace tiempo que había pasado a mejor plano. Desde entonces, Milito nunca fue el mismo tampoco. ¿Cómo se puede ser la misma persona cuando se ha ido de nosotros el más amado, el compañero de idas y venidas? Y sin que hayamos podido evitarlo… lo perdemos, lo perdimos…

La gordita Chiquis, cariño de grisáceo, también hace dos meses que murió, creo que de leucemia también. La última vez que la vi, estaba ya muy enfermita. Babeaba. Siempre su actitud fue muy amedrentada, como temblorosa, podría decirse que una timidez solitaria. Su hermanito el Gordito, el gato más grande y más carnoso que he visto en mi vida, le sobrevivió. En su momento le decíamos que estaba bobito porque se nos quedaba mirando con una inocencia eterna. El Gordito quería mucho a su hermanita, la bañaba al lamerla. Cuánto de cariño entre hermanos gemelos puede existir, es sólo algo que ellos conocen y  sienten en su corazón par.

Al buen Benito poco lo llegué a tratar, lejanas memorias fragmentadas encuentro a pesar de todo, y completadas por las anécdotas familiares, permanece la remembranza de un gatito chiquito chiquitito, gordito y pachonsito, que ronroneaba al momento de abrazar tu pie. Unos bigotitos y unas patitas es lo que en claro tengo en mi memoria, la carita se me difumina entre su pelaje oscuro. Y su pechito, también su pechito. Adiós Benito, me hubiese encantado conocerte durante más tiempo, hubiese querido que llenarás de pelitos mis playeras negras.

Así la vida, se nos escapa de las manos como un gato trepador, pero el poco tiempo que la abrazamos, podemos regocijarnos abiertamente como cuando acariciamos el lomo de un animal añorado.

La familia aún sigue viva, la familia no se rompe todavía. El amor de familia no se quebranta, se fortalece en los pesares y las durezas momentáneas, vicisitudes que se esfuman con fe y amor auténtico. La familia sigue viva, y la manadita: La Güizzita, nerviosita hasta más no poder; Rabito, el gatito loco de inquietud; Manchitas o Rabita, hermana de Rabito, guardiana de la puerta del WC; Yuyita, argéntea en pelaje y fuerte como una leona; Smooky el gris también nombrado el Malito, el gato más malvado de bondad en el mundo; Danilito, gritoncito de ojos azules, felino de nieve; Negrita, flaquita trepadora; el Gordito, el gato más corpulentamente inocente del mundo; Pintito, lleno de amor y mordidas repentinas; el Güero güerito, calzón de cuerito; Morenito, morenazo de fuego, güapo como ninguno; Negrito, el que no maúlla sino que ladra, eternamente empolvadito en su pelaje; por poco se me olvida el Carolín, de cara aplastada y vista enojada; y la más sabia y adulta entre todos, la líder, la jefecita, la de más respeto, la mayor, de visión gastada por la edad, la madre, de una u otra manera, de todos, la pequeña Kitty, con su campanita entorno al cuello.

No es tiempo de llorar, es tiempo de mover los pies con paso alterno, es momento de corretear y de volcarnos barriga arriba, es momento de ronronear y demostrar cariño, porque dice un poeta perdido que el alma del hombre es pura, pese a la monstruosidad que ahora aparece, y que, cuando vemos los ojos cándidos de un gatito, un animalito, sentimos su inocencia, y nuestra alma retorna a este estado primigenio de pureza.

Y es cierto. Siempre que llego a casa, hastiado de los problemas mundanos, desconsolado, frustrado y decepcionado de la vileza del hombre, dos bigotitos me reciben en la puerta: dos mininos, mi Blanquito de ojos celestes y mi Güerito de ojos doraditos, dos criaturitas llenas de cariño y de inquietud gatuna. Basta con ver sus ojitos pizpiretos para que me imbuyan un sentir de serenidad, y junto con su ronroneo y volteretas barriga arriba, me instan a que juegue con ellos y los acaricie. Mi amargura cede a una sonrisa. Se da carrera a la alegría.

Si el mito no miente –así debe ser-, Milito, Solecito, Chiquis y Benito, y todos los gatos del mundo, se van a rencontrar en un lugar mejor. En el reino inmenso y majestuoso de los gatos.  ¡Que así sea!

 

Y allí estuve yo… Bebí dulcísimo hidromiel, vi aquel roble verde, y también, a su sombra, al gato sabio, que me contó buenos cuentos de los suyos. Y uno de ellos lo recuerdo, y voy a contarlo ahora al mundo entero…”

🙂

 

Imagen de portada perteneciente a Lucio Severiano*.

AGRESIONES SEXUALES EN LA UNAM

A veces los chamaquitos se alocan. Incluso, por tantos problemas que uno carga cuando es joven, busca meterse en otros tantos, ya incluso asegurado el lugar en la universidad. Por eso mismo debe pensarse que las protestas para denunciar las agresiones sexuales acometidas por parte de maestros de historia, de informática y de un humilde trabajador de una cafetería en Prepa 5, Prepa 9 y CCH Vallejo respectivamente, son un invento más de la chamacada alocada fiestera.

De parte de algunos que aprovechan estos sucesos para ejercer su inalienable derecho  a la apatía y la indiferencia, o sea, de aquellos que no tienen de qué quejarse porque a ellos no les pasó nada, podemos esperar un silencio que, a decir verdad, no viene nada mal, porque no suelen tener nada interesante qué decir en ningún momento, sino siempre puras banalidades; y de parte de las autoridades de la universidad no cabe esperar nada nuevo: lo negarán siempre todo, incluso antes de investigar.

A algunos (la mayoría), les parece esto una contradicción: ¿cómo? ¿En la máxima casa de estudios (epíteto rimbombante, que suena como a penal de máxima seguridad de Almoloya), lugar donde se enseña el método científico, no se investigan los casos de agresiones sexuales contra sus alumnas? Pues no. La tradición escolar dicta que el alumno nunca tiene la razón.

En realidad, el modo en que funcionan las escuelas consiste en hacerle creer al alumno que se le está dando algo que nunca aparece: criterio, conocimiento, interés, entrega, creatividad y sobre todo, aquello que el discurso nacionalista exalta, ideas para mejorar nuestro país.

Pero ya ven, todo mundo quiere estar allí y todos se sienten parte de una gran misión celestial cuando acceden a la UNAM. Se obnubila el alma cuando en esa utopía general pasa algo que no concuerda, y siempre será mejor encubrirlo, no creerlo, taparlo, negarlo, porque si no, el sueño pierde esa aura áurea dentro de la cual todos parecemos diosas y dioses, héroes y heroínas (véase la gaceta de la UNAM).

Pero ahora cada vez es más difícil ocultar lo pedestre y silvestre de nuestras instituciones. Aunque el rector se empeña en difundir que en su territorio todo es lindo y aséptico, ahora también sabemos cuán incompetentes son las áreas jurídicas de la UNAM y cuán cerdos pueden llegar a ser su profesores hombres.

Heidegger fue discípulo de Husserl; Freud lo llegó a ser de Charcot; Marx lo fue de Hegel. Eso, en los libros, significa que aprendieron a refutar a sus maestros, a discutirlos, a contradecirlos. ¡Y miren qué resulto!

En cambio, yo fui discípulo (hace tiempo) de la maestra Reynalda, que daba pena; y hoy lo soy de otros tantos ridículos, ya en la polis sofocósmica. Y eso en la realidad quiere decir que si yo quisiera discutir con ellos sería imposible, ya sea porque no les interesa, ya sea porque piensan que yo debo obedecer y aprender, ya sea (lo peor) porque no saben, porque son más ignorantes.

Así, cuando un alumno tiene un ideario, un criterio, una pasión (que se supone que es lo que las escuelas se atribuyen fomentar en sus alumnos), las figuras de autoridad de las escuelas se dedican a ignorarlo y a callarlo, y a poner peros y trabas. Y si las alumnas de las escuelas dicen que sus profesores hombres las acosan y pretenden abusar sexualmente de ellas, las califican de mil maneras y las cuestionan (como no se permitiría hacer a ningún maestro o director); luego, las figuras de autoridad se hacen chiquitas chiquitas y dicen ignorar: perros mentirosos. 🙂

 

Imagen de portada tomada de:

https://www.animalpolitico.com/2018/02/abuso-sexual-cch-vallejo/