ESTORBOS

Por Leo Müller.


Posibles soluciones a un problema común.

 

Desde su definición etimológica se manifiesta su máximo don: es-tor-bar proviene del latín ex/turbare, palabra que sólo basta mirar con atención para saber que significa turbar, alterar o interrumpir el estado o curso natural de algo (según la útil Real Academia Española). Y sí, tienen un exquisito don natural para exasperar.

Nuestra venganza es saber con suma certeza que esa persona no permite fluir a los demás porque se sabe de antemano estancado en su insignificancia: no encuentran otra manera de llamar la atención ni ponen atención a nada; son un simple bulto en el camino.

Se antoja, cuando uno está de buenas, pedirles permiso, pero para qué, si ello implica la idea de que se merecen el respeto que no se han sabido ganar. Total, sólo duran el tiempo que tarda nuestro escalón en llegar al extremo opuesto de la escalera; sin embargo, no deja de ser injusto. Uno se percata de que tienen la vista perdida en cualquier cosa, porque son personas más bien estúpidas. No están cansadas, porque los que estamos cansados queremos llegar a nuestro destino; no están reflexionando, porque ninguno va leyendo; no están observando, porque miran sin importarles los demás.

Tienen a un paso la solución a su estupidez, literal. Basta con que se peguen al lateral derecho de la escalera y san se acabó. Pero no. Ellos dirán: “¡pues si no te gusta vete en taxi!”. Los estorbos tienen mucho de funcionario público porque creen que es mejor que cambiemos todos primero, porque entonces él por qué tendría que cambiar, ¡nooo ni madres!

Las opciones las he reflexionado mucho, sobre todo cuando voy sobre las escaleras eléctricas (pegado al lateral derecho, claro). Tengo dos: 1) Amputarles las piernas, porque nadie que tenga un impedimento real es un estorbo, sino la oportunidad para practicar la conciencia colectiva y la consideración hacia el otro; y 2) Acabar con las escaleras eléctricas y ni modo, todos a caminar.

Ya sé, ya sé, la segunda no es una buena opción, sino la expansión impune del imperio de los estorbos.

Ciudad Universitaria, México.

leo.muller.platz@gmail.com

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http://almomento.mx/van-90-de-renovacion-de-escaleras-electricas-del-metro/

 

4 TAQUILLAS

Por Leo Müller.


Sobre la ineficacia del metro.

 

Aunque truene, llueva y relampaguee, el servicio de transporte está siempre preparado para alcanzar los mejores objetivos colectivos. Suele mantenerse la calidad de las instalaciones que se ponen a su disposición e inculcarse en los trabajadores una actitud servicial y resolutiva. Sí.

La noche comienza a colorearse más allá del duro y grisáseo techo de nubes que se acumulan sobre la población. Rayos plateados surcan los ninboestratos que sobre la urbe amenazan con producir el caos… clima épico éste que nos envuelve.

Aquí en Ciudad Universitaria, Olimpo del conocimiento, son las 8:15 pm y multitudes de alumnos llegan a la estación del metro Copilco para mirar una larga fila de ciudadanos esperando comprar sus accesos en la única taquilla abierta, aunque la panorámica ofrece a nuestros ojos una, dos, tres, ¡cuatro taquillas! A cada una la adornan unos letreritos muy bonitos de SÓLO BOLETOS (yo no sabía que se vendiera otra cosa) y las protegen cartulinas blancas o retazos de cualquier papel inútil.

Lo primero que piensa uno es que ahora para comprar un boleto es preciso realizar un trámite completo en el cual se compruebe, mediante original de acta de nacimiento, la nacionalidad mexicana; se expongan los motivos por los cuales desea usted utilizar no otro sino este medio de transporte, pero además comprobar mediante diversas pruebas que dichas razones son seriedad pura y no falsedades a verdad parecidas.

El tiempo para usted no vale nada. Usted sólo sale a la ciudad para pasar el rato, a mirar caras alegres; usted sale a desperdigar el tiempo en las filas que sean necesarias. Bien por usted. A lo mejor y los únicos que tienen mucho trabajo son los servidores públicos, por eso debemos tenerles paciencia por su sacrificio, pues es la razón por la cual hoy usted goza de tan lujosos servicios, hechos de retazos de papel inútil.

Ya cuando uno está en el andén, esperando, no sabría yo decirle exactamente por qué, se percata de que todos tenemos cara de idiotas. Quién sabe… será mejor pensar en por quién vamos a votar en las próximas elecciones (con su magistral sistema electoral, como el del metro) para que no se nos quede esa cara de tarados y pensar en cosas verdaderamente útiles, mientras nos arrebatan el tiempo.

Ciudad Universitaria, México.

leo.muller.platz@gmail.com

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http://www.proceso.com.mx/456138/estudiantes-la-unam-pagaran-3-pesos-en-metro

 

 

CONSEJOS DE LLUVIA

Por Leo Müller.


La inundación de la ciudad.

 

El fabuloso niño que ayudó a usuarios del metro a no mojarse haciendo uso de materiales que el gobierno utiliza para la organización social es, ciertamente, una manifestación de inteligencia. Ese niño se echaría a perder si fuera a la escuela y luchara por llegar a la universidad, porque después sería científico o abogado.

Si fuera científico, en lugar de ayudar a las personas a no mojarse, diría cosas frías y calculadas como las que mencionó David K. Adams[1], las cuales, nadie entiende ni entenderá y de las cuales ni siquiera por enterados se darán:

“Climatológicamente, las actuales lluvias en el país son normales, pues la temporada comienza en mayo, generalmente con precipitaciones intensas, incluso con granizo. Continúan en junio y julio, y a mediados de julio y en agosto reducen su frecuencia durante la canícula (periodo más caluroso del año), aunque la intensidad es variable. Así que son lluvias fuertes, pero no anormales”[2]

¡Si fuera abogado peor! Buscaría ser el gobernador de una ciudad desorganizada, sucia, inculta, desobediente y que confunde la demografía con la democracia, el progreso con el aumento indiscriminado de cosas. Ni siendo abogado ni siendo científico, ni usando excusas ni palabras como climatológicamente, sería lo suficientemente útil como para decir lo evidente, lo obvio, lo que duele: ya somos demasiados y no nos soportamos. Ni Mancera soporta mi desobediencia ni yo soporto sus discursos, ni David K. Adams soporta mi ignorancia ni yo soporto su tono aparentemente objetivo, científico, pulcro, estudiado. Ni las personas dejarán de tener hijos ni el gobierno cambiará el funcionamiento habitual de las cosas, porque eso sí lo sabe bien usted, que fue a la escuela: las cosas siempre han sido así.

Pero no me haga caso a mí, sino a la lluvia. Si alguien sabe cómo solucionar los problemas que salieron a flote es la misma lluvia. Lluvia aconsejó hacer algunos cambios, ¿no sabía? ¿No vio a Lluvia en la tele ayer? ¿Ni en el periódico? La lluvia sin doctorado y sin ser de la UNAM, sin título, sin cobrar diez pesos ni impuestos, sin pedir que votemos por ella, nos dio algunos consejos.

La lluvia nos aconsejó cambiar a todos, sí, a todos los choferes de los camiones de transporte público de la ciudad; es más, aconsejó quitarle las concesiones a los dueños originales que se enriquecen con un negocio que promueve un servicio inútil, insano, inseguro, caro, feo, grosero y el cual encona la discordia entre la inocente población civil que sigue reproduciéndose aunque no existan ya camiones suficientes ni espacio para transportarse. El transporte público de la ciudad debe cambiar pronto, no sólo materialmente sino organizativamente. Es un completo insulto que se presuma a la Ciudad de México como una urbe con un gran progreso cuando la cofradía de los transportistas piensa en todo menos en la calidad del servicio. La lluvia radical.

¿Y el desempleo? ¿Qué hacemos con esos choferes? La lluvia nos dice que del ahorro de sus sueldos paguemos la limpieza del drenaje ¿o qué?, ¿no han visto lo poco limpios que son los paraderos, la impunidad con la que tienen alfombrada de basura la ciudad? No son los únicos pero sí claramente unos muy notables participantes. O mejor: si quieren recuperar sus empleos que limpien ellos las coladeras y tuberías. La lluvia se da cuenta de cómo se vuelven aún más insoportables estos servicios de transporte ante su presencia.

La lluvia también aconsejó destituir democráticamente a los servidores públicos incompetentes, es decir, a todos. ¡Ah querido lector! ¿Con este consejo si estás de acuerdo verdad? Te gusta culpar y dejar desempleados a los del gobierno porque ellos son los culpables. Los servidores públicos son el acabose de la pasividad. No se manifiestan, no critican, sólo cobran y obedecen y se manejan por envidias y luchas para ascender, para seguir siendo igual de incompetentes. Las obras que deben supervisar y cuidar, porque se construyen con el dinero de todos, siempre salen mal. Mal el drenaje, mal las calles, mal el cableado, mal, mal, mal. ¿Pues para qué ocupan sus puestos? ¿Para salir en las fotos? ¿Para llegar a la presidencia? La lluvia democrática.

Después la lluvia nos aconsejó no tener ya hijos: “¿No ven lo mucho que envejece esta ciudad? ¿No ven lo agotados que están de todo? ¿No se cansan?” Preguntó. “No”, pensé, “Tenemos cada día una mejor calidad de vida. Además las personas son muy organizadas y empáticas. Nuestros sueldos son de los mejores del mundo y nuestro drenaje y nuestras obras también”.

Sobre el futuro de la ciudad la lluvia me dijo que será una catástrofe si no nos atrevemos a cambiar el funcionamiento habitual de las cosas. Todo se enreda cada vez más con el tiempo. A la cada vez más creciente exigencia de empleos, educación, comida, amor y salud se suman la cada vez más creciente ignorancia, pasividad, desvergüenza, insensatez, corrupción, desorden y odio de todos, pero principalmente de los encargados de ser nuestros servidores, no nuestros amos y señores montados en helicópteros. ¿No necesito abundar en esto o sí?  La lluvia sensata.

En su debido momento de entusiasmo mediático, David K. Adams dijo:

“En la ciudad se hacen esfuerzos ingentes por mantener en funcionamiento las estructuras hidráulicas, se detiene el agua con vasos reguladores en las montañas y se realiza todo tipo de manejos para que no se anegue. En el momento en que desaparezcamos como ciudad, que será en cientos o miles de años, ésta regresará a ser una cuenca lacustre”.[3]

¡El científico aventurando cosas que no se pueden comprobar! ¡Santos paganos de la ciencia, Batman! A ver, investigador, deja de usar lenguaje literario porque dices mucho la ciudad hace… la ciudad dice… como si la ciudad hablara e hiciera cosas, personificando donde no hay hechos comprobables. Y lo más importante, ¿qué tal si terminamos agotando toda el agua como depredadores que somos y secamos la tierra antes de que regrese a ser una cuenca lacustre, como dices tú. Te dan una oportunidad para que digas lo que sí tiene comprobación y evidencia y te pones a filosofar, ¡muy padre tu ciencia!

No hagan caso a los charlatanes de la disfrazada ciencia. La lluvia nos ha dedicado un buen tiempo para tocar fondo acerca del estado en el que nos encontramos como colectividad y basta mirar un poco para comprender que las cosas no pueden seguir funcionando de la misma manera, a menos que queramos ir directo al acabose.

Ciudad Universitaria, México.

leo.muller.platz@gmail.com

Fuentes consultadas:

[1] http://www.elfinanciero.com.mx/nacional/extrema-urbanizacion-causa-de-inundaciones-en-la-cdmx-expertos.html

[2] http://www.animalpolitico.com/2017/09/lluvias-inundaciones-cdmx-atipicas/ (Subrayado del texto original)

[3] http://www.elfinanciero.com.mx/nacional/extrema-urbanizacion-causa-de-inundaciones-en-la-cdmx-expertos.html

 

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https://lasillarota.com/metropoli/consejos-para-sobrevivir-en-temporada-de-lluvias/160754

4 692 000 000

Por Leo Müller.


Sobre la desigualdad.

 

Seguramente la matemática no era su materia predilecta porque son puras abstracciones. Usted, siempre tan práctico, decidió autoproclamarse humilde servidor de lo visible y material, por lo que no se hace de líos mentales inútiles. En resumen, inconscientemente uno creció con más temor a las matemáticas que a la muerte, porque las matemáticas nos hacían ver estúpidos ante el grupo y esa imagen horrible representaba la terrible exclusión social.

No obstante, últimamente todo parece reducirse a números, sobre todo cantidades y sobre todo de dinero. Pero eso usted ya lo sabe: esos son los únicos números que atiende y, sin embargo, tampoco los comprendemos mucho.

Así tenemos que alguien decidió que el famoso futbolista brasileño Neymar valía 222 millones de euros (1) que, si se me permite la ociosa conversión, son aproximadamente $4,692,000,000 de pesos mexicanos. Ese es el precio de la genialidad y ¿acaso alguien osaría criticar que un negocio como lo es el futbol se maneje con esos números en un mundo donde la riqueza está tan bien distribuida? Además, a las sociedades actuales, les surge una como fascinación, como si percibieran el aroma de la gloria al mirar ese espectáculo maravilloso que es la riqueza de los otros. Transitan con los ojos brillosos entre creer que podrían aspirar a eso o sentir que, a pesar de todo se tiene lo necesario para ser felices… empezando por esos hijos tan maravillosos.

Mientras la pasarela de los números y cantidades pasa frente a nosotros, en un fondo de sobrepoblación y pobreza, los medios de comunicación y los gobernantes lanzan datos de millonadas en cuanta cosa pueda ocurrírseles: gastos de campaña, sueldos de altos funcionarios, compras de autos de lujo, robo de dinero público por parte de los gobernadores… ¡Ah! Pero ese es dinero mal habido. Hay dos tipos de millonadas: las conseguidas con trabajo, como las de Slim y las del citado Neymar; y las otras conseguidas con trabajo, como las del Chapo Guzmán y Javier Duarte. ¿Si ve la diferencia?

Todos esos números se van mirando mientras usted va en el metro, en el pesero o camión, caminando, o mientras desayuna, come o cena. Ya en serio, ¿no se pregunta de dónde sale tanto dinero? Y, más allá de si es dinero sucio o limpio, ¿no le indigna escuchar esas cantidades? ¿No se siente acaso terriblemente excluido socialmente?

Se suponía que su inconsciente le aconsejó no estudiar matemáticas para no sentirse así eternamente.

 

Ciudad Universitaria, México.

leo.muller.platz@gmail.com

Fuente consultada:

  1.  Llaneras, K. (2017, 2 de Septiembre). Los fichajes de Mbappé, Neymar y Dembélé son los más inflados de la historia (En línea). El País sección Deportes. Recuperado el 12 de octubre del 2017 de https://elpais.com/deportes/2017/09/01/actualidad/1504286560_022969.html

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http://elsoln1.com/news/2017/oct/17/psg-pagara-3-millones-euros-neymar-balon-oro/

MANIFIESTO DEL SÁTIRO

Por Lucio Severiano y Leo Müller.


 

Sobre las fuentes: el conocimiento pequeñito.

La época actual, donde todo es información, manifiesta como su símbolo característico lo que llamamos las nuevas tecnologías de la comunicación y la información. Todos tenemos acceso a todo y tenemos contacto con todos a través de nuestros juguetes favoritos. Esto nos ha hecho olvidar a menudo que vivimos con una falsa investidura de sabelotodo y sensación de omnipresencia que poco demuestra su efectividad en lo que respecta a la vida diaria, pues, si se mira con atención, al parecer lo que sucede es que con el cuento del conocimiento para todos se ha consolidado una nueva y más efectiva forma de manipulación. A menudo nuestro pensamiento toma la forma de la fuente de la que obtiene su supuesto conocimiento.

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BATALLAS

Es preciso que no nos demoremos en elegir nuestra batalla del catálogo infinito de batallas cotidianas que debemos pelear aunque sea sólo emotiva o mentalmente…

Por Leo Müller.


El funcionamiento cotidiano.

 

Izquierda contra Derecha; UNAM vs Politécnico; Estados Unidos contra México; México contra Venezuela; Inmigrantes contra Nativos; Humanidades contra Ciencias; Ubers contra taxis; Santo contra Blue Demon; Batman contra Guasón; Humanos contra Extraterrestres… Hombres contra Mujeres; Feminismo contra Machismo.

Es preciso que no nos demoremos en elegir nuestra batalla del catálogo infinito de batallas cotidianas que debemos pelear aunque sea sólo emotiva o mentalmente: ¡todo sea por no perder mi identidad! Si no sabe cuál es su batalla, elíjalas todas y, conforme lo demande el flujo informativo, indígnese y emita imágenes y discursos de repudio por sus redes sociales. Organícese una marcha y después vuelva a empezar y vuelva a empezar y vuelva a empezar. Pelee, pelee, pelee. De golpes al vacío y grite a la pared lo mucho que la odia.

Sabremos con el tiempo, tal vez un día que vaya caminando (porque usted camina, no puede ir en automóvil) que estamos condenados al fracaso y a la falsedad. Esa es la idea. Usted sentirá de pronto que carga con una especie de cansancio interior, un cansancio como del alma. Una vez que haga conciencia de esto, recordará todos los esfuerzos que ha hecho por evitar vivir con esa carga y sabrá que todo es inútil. Usted está obligado a elegir la batalla, a defender y emitir una opinión, aunque se canse. Cada batalla generará otra batalla y otra y otra y otra. Todas de alguna manera virtuales, todas de alguna manera derivadas de la realidad.

Hay una especie de aire de ira, desprecio, odio y miedo en nuestra sociedad. Anquilosada como ha sido durante tanto tiempo, dura y violenta, nuestra sociedad trata de evitar esta lúgubre ambientación de sí con las luces emitidas por la pantallitas de sus celulares, con los faros de sus autos, con las series de televisión y el cine, con los libros y los títulos y cargos de toda índole, es decir, con todas esas cosas que difícilmente le reflejarán su monstruosidad. Porque si acaso algo sostiene nuestra común convivencia es nuestro gran gusto por el desparpajo y el disimulo, por la calma y el ritmo ininterrumpido de la vida, aquella que defendemos con actos sólo en nombre de nosotros mismos, pero de palabra en nombre de las grandes causas ya caducas desde hace tiempo. Por eso me parece extraño este circo de sombras que de mañana va a la escuela y por la tarde comenta en Facebook aquello que le preocupa de la sociedad, no de sí mismo, no la autocrítica sino la cursi y llana emisión de sonidos de falso compromiso. Hoy crítico de la epistemología literaria, mañana defensor de los masacrados… ya mañana violaran a una mujer y será mi compromiso incansable el que hable por mí. Total, si no lo hago yo, tarde o temprano alguien lo hará.

Así como algunos no pudimos con el fanfarrón de la esquina cuando éramos niños, algunos nunca pudieron cogerse a la modelo de televisa por zarrapastrosos, pobres y feos y quedaron con el rencor ahogado… y ahogados ahogaron lo único que de luz puede arrojar el mundo: luces falsas y viejas y burdas… como de putero. Porque ¿no es acaso que el mundo es el teatro que a diario me muestran todos cuando dicen vivir por las causas y los supremos bienes civilizatorios y comunes? ¿Yo? ¿Identificarme con alguna lucha? Sí, la de contra todo y por nada a cambio, porque para qué, si hoy puedo disfrutar el fruto prohibido que no probaría nunca si luchara por sus causas estúpidas. No se hagan, hijos de puta: ¿Quién lucho por mí para que no quedara zarrapastroso, pobre y feo?  ¡Cuántos prefieren financiar el teatro de la civilización en lugar de mirar el gratuito paisaje de pobreza y miseria en silencio! Sin opinar, porque aunque no lo parezca nadie les preguntó. Y si acaso tuvieran algo que decir ¡luchen una y otra vez hasta el cansancio!

Mientras usted hace eso yo me encargo de las regulaciones, los impuestos, las culpas, las sentencias, las compras, las importaciones, las exportaciones, la diplomacia, las multas, las leyes, el conocimiento, los pactos, los arreglos, la corrupción, la vigilancia, los castigos, el orden, la educación, el hambre, los descuentos, las comunicaciones, las calles, la iluminación… y como Hidra de Lerna me invento una institución (falsisisisisisísimo uso de la palabra institución) más y una más y una más y una más porque el teatro (falsisisisisisísimo uso de la palabra teatro) que usted paga es de gran producción. No lo olvide.

Otra cosa que regulo son las credenciales para el uso de adjetivos que además yo pongo a circular entre ustedes, ovejas del lenguaje que, cuando yo comienzo a ponerme muy abstracto y usted se espanta, adjetivan con gusto y sin freno: feminazi, chairo, burgués, puta, retrógrada, pendejo. Ahí diviértanse, vulgares y pobres ciudadanos del cosmos. Y si me necesitan, no se preocupen, estoy entre ustedes… infiltrado por supuesto. Tengo pretensiones de pastor del ganado que ustedes siempre representarán para mí.

Ciudad Universitaria, México.

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http://noticiastln.com/todossomosmara-justicia-para-mara/

PROTAGONISMO

Por Leo Müller.


Sobre los falsos líderes.

 

Hay ocasiones en que se siente la ausencia de verdaderos líderes. Sin embargo, algunos agudos observadores se habrán percatado de que nuestra época carece del contexto y tecnología para producirlos de calidad. Lo anterior se debe a una confusión que a menudo privilegia la superficialidad de la pose sobre la autenticidad; por ello, a menudo se toma por liderazgo lo que es puro protagonismo.

El protagonismo es algo falso. Es la simple pretensión de ser el principal para centrar la acción y la atención en una historia también falsa… bueno, digamos ficticia. Algo se trata de obtener sólo para disfrute propio del que busca el protagonismo en toda situación.

Generalmente se ve a grupos de lambiscones alabando al protagonista para obtener el favor de tener también su simulación de gloria a costa de los que podrían más que merecer el título de principales, si de verdad el título existiera.

Es conocido que esta definición de protagonismo cobra dimensiones más que prácticas en el ámbito de la burocracia pues ¿dónde más se puede recibir tan prestigiosa instrucción, que dentro del esquema vertical que vive de producir falsas historias para enaltecer a los más grandes ignorantes e incompetentes de nuestra sociedad actual?

Así pues, tenemos que cuando se les necesita, los que hacen gala de protagonismo no saben qué hacer cuando, supongamos, sucede un terremoto. Pretenden seguir usando las mismas frases y estrategias que usan a diario para dirigir u opinar de todo, pero ahora su inautenticidad, su ignorancia y su chafés se muestra a la vista de todos. En medio de la necesidad cada uno saca a relucir el cobre.

Pero de pronto, muchos de antemano anónimos cobardes, en medio de la catástrofe siguen siendo anónimos pero se envalentonan para ayudar. Y nadie sabe cómo ni cuándo pero se organizan, en medio de las complicaciones nuevas más las cotidianas y muestran que algo sucede con la colaboración anónima sin protagonismos. Por supuesto, esto hace resentir a los protagonistas porque ahora nadie se fija en ellos y entonces, los identificará con más facilidad porque exagerarán aún más su falso y malo histrionismo protagónico.

De cualquier forma y lamentablemente, en algún momento, lo común es que los anónimos pierden estabilidad y se percibe la ausencia de algo, de una pieza, de un líder tal vez. En ese momento se desdibuja lo que al principio era puro nervio y músculo y, como no hay ejemplos a seguir, nadie quiere ser líder. Pocos logran tomar ese papel con autenticidad y se les agradece. Pero luego alguien les ofrece el puesto de líder y allí se jodió la cosa: extrañamente el título de líderes los vuelve inútiles.

Con este ciclo absurdo de circulación de líderes y protagonistas se regresa muy pronto a la normalidad, que en el fondo es lo que el protagonista quiere, pues es obvio que sólo dentro de la mediocre normalidad tienen efecto sus esquemáticas simulaciones, donde ningún adicto a las selfies podrá reprocharle su obsesiva insistencia en querer ser siempre el principal en todo.

 

Ciudad Universitaria, México.

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http://www.liadiznoticias.com/2016/11/nuestros-politicos-ganan-mas-que-la.html

SEGURIDAD EN LAS CUMBRES

Por Leo Müller.


La UNAM ante el feminicidio.

 

La nota periodística se puede reproducir con simpleza y aun así, no amerita suficiente atención. Es usted miembro de una comunidad privilegiada más o menos homogénea y es natural no pensar que pueda estar usted mal, porque usted mismo ha seguido el camino del bien y por eso ha llegado a esta ilustre institución cumbre del escalafón académico. Así que piensa: “Si yo he podido ¿por qué los otros no?” Inmediatamente se responde: “¡Fácil, porque no han seguido el camino del bien!”

Lo anterior lo habilita para opinar y juzgar de los demás los actos, comportamientos, gustos, hábitos, prácticas, inclinaciones y elecciones, las cuales suelen ser distintas a las suyas (si todavía hay variedad, porque recordemos que todos los que llegaron a esta cumbre son más o menos parecidos).

De esta manera el esquema mental está listo para comprender la nota periodística que se reproduce con simpleza: Hallan sin vida a joven en CU (1). A partir de aquí, para la directiva de la institución cumbre todo será un tema de seguridad, el cual nos hará preguntarnos sobre la seguridad de qué, si aquí todo es seguro: el futuro, el prestigio, el empleo, la vida, la razón, el conocimiento, la inteligencia, la salud, los servicios, la diversión, la pluralidad, la economía, el transporte, el progreso, la naturaleza, la creatividad, la crítica, la sexualidad, la tolerancia, todo, todo lo que esté dentro de los límites territoriales de nuestra universidad.

A lo mejor ya le llegó el mundo a la institución cumbre, entonces las conciencias se sacudirán para mirar a la ciudad universitaria no como una burbuja sino como parte del todo… y a lo mejor ni somos tan buenos ni nos hemos ido siempre por el camino del bien, porque aunque se suele hablar de la cumbre como víctima de los problemas, mirada dos veces, es generadora también del problema. Aquí el énfasis: no es sólo que se vea afectada por los problemas sino que es parte del problema. No somos los buenos pues.

Si no cree, porque no puede, porque no quiere, porque anda usted con su pose y su insignia de ganador por haber llegado a lo más alto, mire que el hábitat actual del mal es todo lo que tenga tiempo y espacio, mire a su alrededor. A unos cuantos metros de usted, en este preciso momento a través de unos encumbrados se está reproduciendo el mismo orden social, político y cultural que trata de combatir.

El orden aquí se dicta, a su vez, desde la cumbre que se encuentra dentro de la cumbre a la que usted pertenece. En la torre de Rectoría encontrará usted a un vigilante trajeado en la entrada. La persona principal a la que cuida este vigilante dice que dentro de su territorio no es tan grave la inseguridad; y sin embargo ya ha mandado poner rejas, cámaras, controles y también ha ordenado emitir protocolos, avisos y reglamentos… pero no ha sido capaz de pronunciar una sola palabra respecto a Lesvy Berlín Osorio , ni siquiera de agradecimiento por haberle ahorrado evaluar los riesgos de estudiar dentro de la cumbre.

Lo que sigue es que nos digan: “esfuércense por seguir siendo los mejores, háganse cargo de lo suyo y continúen su camino, que nosotros nos encargaremos de su seguridad”. A lo mejor tienen razón, cada quien a lo suyo, pero ellos lo dicen por protocolo, por puro cuento. Al rector anterior le tenían más ocupado las cumbres todavía más altas a las que aspiraba, por supuesto, por sus méritos. Al actual sus méritos no nos merecen ni unas palabras francas o de indignación. Pero mejor, porque luego suenan muy falsas. El problema es que si no valemos la pena, por qué nos va a proteger.

Ciudad Universitaria, México.

leo.muller.platz@gmail.com

 

Fuente consultada:

  1. Olivares Alonso, Emir. (2017, 4 de mayo). Hallan cadáver de joven atada a una caseta telefónica en CU. La Jornada, pág. 8.

 

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http://www.animalpolitico.com/2017/05/unam-mujer-muerta-videos/