VOTOS PIRATAS

Por Lucio Severiano.


Sienta bien tomar la pluma una vez más, depuesta meses atrás, con la pura finalidad de denunciar los abusos y crímenes arrojados ya con tanta necedad al abismo de la cotidianidad. Maravillados nos podemos encontrar ante tanto odio irracional y ansias concupiscentes de poder en esta nuestra época, en esta nuestra tierra.

¡Ay! ¡Tiempos grotescos los de ahora! ¡Tiempos de hambre y crímenes electorales! Así, de la nada, de un de repente, sucede que hay que opinar sobre la futura fecha con fama de opípara controversia: ¿quién, de ahora en adelante, será el heresiarca de los banquetes de Palacio Nacional? ¿Quién devorará los platillos más suculentos y exóticos sobre la silla presidencial?

Por mi parte, hablaré más de los accidentes inmediatos que de los hechos aclamados y afamados entre las voces de los pueblos gentiles mexicanos. Uno de estos accidentes más procurados es el del fraude electoral con base en el robo de información. Momentos como los de ahora iluminan las manifestaciones de la corrupción en este país de humillados: Los candidatos tanto compran votos cuanto roban las informaciones de aquel plastiquito que nos da identidad de ciudadano y que además de contener la utilidad de poder beber cerveza en los antros, también nos da el poder del voto: ¡Libre! ¡Libre!

¡Tranquilos! Ni tan libre es el voto ni tan ciudadanos somos ni tan segura está nuestra información. Acontece que candidatos al hambre presidencial, ya sean independientes ya no tan independientes, andan por ahí, por el mundo, como quien dice “ahí nomás”, robando la información de las credenciales de elector para, digámoslo así, piratearse los votos. Sí, se supone que cuando los candidatos piden -¡exigen!- el apoyo al pueblo de gentiles -que somos nosotros, los mexicanotes de bigotote y sombrerotes- deben, con una de esas predilectas aplicacioncillas de celular avaladas por quién sabe cuál ley, tomar foto a la credencial de elector y a la huella, además de recabar la información personal del prestante del apoyo. Eso, repito, se supone que es el camino legal, palabra tan inerte e incomprensible para nuestras mentes: legal, como el café, que por cierto sabe horrible ya.

Pero ¡qué va! Es más padre y divertido irse por el camino ilegal. ¿Cuál es ése? Pues agarrar la información de nuestros conciudadanos, sin preguntarles obviamente… y utilizarla para los fines propios electorales: o sea, piratearse votos. Entonces, por eso es común y ordinario -¡ordinarísimo!- que, uno de estos días, llegue el ciudadano común y corriente (más corriente que común) a su cantón después de un friega (por no decir explotación) laboral y se encuentre con la sorpresota de que hay un recado –mal redactado- embelleciendo (¿o envileciendo?) la puerta de su casa, emitido por la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, más conocida por el ínclito nombre de su inutilidad e ineficiencia, FEPADE.

Dispuestas las cosas de ese modo tan azaroso, por no decir estúpido, algunas –o muchas- víctimas son citadas en calidad de testigos con la finalidad de manifestarse con respecto a lo acontecido: ¿y qué es lo acontecido? ¡Pos quién sabe! El papelito pegado como con prit no dice por qué uno tiene que “atestiguar.” Como es natural, y también de esperar, la valerosa institución, con reglamento, regaño, ley y toda la cosa, fundándose en los artículos 21 y 102, Apartado A, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos –los cuales tratan de las garantías individuales y la imposición de las penas (art. 21, Título Primero, Capítulo I)  y el poder judicial (art., 94 & 102, Título tercero, Capítulo IV)-, fundándose también en los artículos 82, 90, 91, 360, 363, 364 y otros más del Código Nacional de Procedimientos Penales –los cuales tratan de las formas de notificación (art., 82), citación (art., 90), forma de realizar las citaciones (art., 91), todos del Libro primero sobre las disposiciones generales, Título IV sobre los actos procedimentales, Capítulo V sobre las notificaciones y citaciones; el deber de testificar (art., 360), citación de testigos (art., 363) y comparecencia obligatoria de testigos (art., 364) –los cuales se encuentran en el Libro Segundo sobre el procedimiento, Título VIII sobre la etapa del juicio, Sección I sobre la prueba testimonial-; reiterándose en 4, fracción I, inciso A), subinciso b), de la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República –Capítulo I sobre las disposiciones preliminares y art., 4 sobre lo correspondiente al ministerio público-; con base en todo esto pues, la FEPADE manda a llamar a la persona afectada para que atestigüe o testifique sobre los hechos investigados. Los hechos investigados… al afectado nunca se le informa acerca de qué hechos se investigan. Por lo cual, con base en todo el peso de las leyes y los artículos antes mencionados, el involucrado no puede rechazar la “cordial invitación” y mucho menos faltar a la testificación porque, en efecto, hay un ultimátum en negritas y subrayado: si no se comparece en el lugar para el día y la hora indicados le puede caer a uno todo el peso del artículo 364 (el de la comparecencia obligatoria) del Código Nacional de Procedimientos Penales, con unas multotas previstas en el artículo 104 (sobre las multas que van desde soltar billete hasta cárcel), fracción I, del Código Nacional de Procedimientos Penales.

De tal manera, a la víctima la hacen ir a las oficinas sin que sepa a qué carajo va, porque eso de testificar sobre lo que uno no conoce, no es testificar. Ahí les encargo sus clases de lógica de bachillerato… bueno, si es que los de la FEPADE se formaron realmente en un bachillerato. Ahora bien, mientras tanto, la víctima tiene que faltar a su trabajo, y mentir sobre el motivo de la falta, pues todos sabemos que eso de apenas empezar un empleo y luego luego faltar, no es bien visto. ¡Imagínense: qué va a decir el jefe si se le comenta que la FEPADE lo está obligando a faltar al trabajo a uno por quién sabe cuál motivo! El jefe, por supuesto, dirá: “¡Esta persona anda en malos pasos políticos… por eso lo investigan!”

Así y todo, sucede que varias gentes – ¡demasiadas!- son citadas por el mismo motivo, el cual no se lo notifican al afectado hasta que lo tienen bien sentado para una “entrevista” (ése es el nombre que le dan). La víctima, por supuesto, después de tantas entrevistas de trabajo, ya no quiere saber nada de “entrevistas.” Pero decía yo que no es hasta la “entrevista” que le explican al involucrado de qué van los “hechos investigados” que se resumen en: fraude electoral y robo de información. Ahí se entera –algo ya muy sabido- que la INE está compuesta por gente corrupta que anda vendiendo la información de los pueblos gentiles mexicanos: ajá, empleados de esa institución expiden información -¡confidencial!- a quién sabe qué candidato. Y se supone que la INE envía los datos y las informaciones sospechosas hacia la FEPADE. A ver, recapitular es la vía de la comprensión: la INE envía a la FEPADE los datos de apoyo que sean sospechosos de ser robados o vendidos de modo que estos datos carecen de foto y huella digital, cosa que no debe faltar cuando se apoya a un candidato independiente: pues parece ser que toda esa información el candidato debe recabarla, como se dijo anteriormente, en una aplicación de celular avalada por la ley ¿cuál ley? ¡Quién sabe!

La FEPADE se percata de que faltan las huellas digitales y las fotos en los registros y manda a llamar a quienes les pertenece la información. Con este modo, se entrevista a las gentes para saber si, en efecto, están apoyando o no a un candidato independiente. Como era de esperar, la gran mayoría no había apoyado ni dado su información a nadie; de tal modo que fueron robados. Y he aquí lo misterioso del asunto: La INE reporta los apoyos sospechosos, pero ¿quién más que la INE contiene la información electoral? Se llega a la conclusión de que la misma institución es la que brinda y vende la información. Cuando se le pregunta a los agentes de la FEPADE y se les interroga quién es el sospechoso de robo de información ya candidatos ya corruptos del INE, aquellos responden que es información confidencial. Finalmente, le piden al sospechoso sus datos personales, registrados en una carta horriblemente redactada, para que el caso personal se sume al expediente de investigación, y que, en teoría, la investigación siga su curso a fin de atrapar a los culpables. La víctima de fraude, además de defraudada porque quién sabe qué va a pasar, sale de las oficinas toda airada, que se lo lleva la chin…

Mientras tanto, ya perdió un día de trabajo, de sueldo, y se ganó la desconfianza por parte del jefe: sólo para que dos semanas después la cereza del pastel se le entregue en bandeja de plata: la INE lo busca para hacerle unas preguntas entorno a lo sucedido, y como no encuentra a la víctima en su hogar, deja un recado de que vaya al módulo no sé cuál, a la hora no sé tal, porque cierran a la hora no sé cuál, y menos en domingo, porque en domingo descansan los trabajadores de la INE. La víctima tiene su día de descanso en domingo, y su horario de trabajo finaliza posterior a las actividades laborales de la INE. ¡Resulta que la víctima tiene que faltar a su trabajo, porque los de la INE descansan en domingo! La víctima tiene que vérselas para arreglar lo que los corruptos no arreglan, los que vendieron y filtraron la información: ¡Qué prodigios estos los del fraude electoral! Es que ganar la silla presidencial es sinónimo de robar, sin importar llevarse entre las patas al ciudadano común y ordinario. De este singular modo, todos podemos ser el testigo, la víctima, el sospechoso y el afectado: ¡Lotería electoral!

INNOVADORES DISFRACES

Por Lucio Severiano.


Los comercios en Halloween.

 

No sin usura y con copiosa fructificación la fiesta carnavalesca de Halloween fue importada de nuestros hábiles comerciantes y vecinos, los yanquis. En realidad, cabe mencionar que no es tan gringa, puesto que tengo entendido que sus antecedentes yacen en la nórdica Samhain, o eso leí en una de las tantas historias sobre los pueblos germanos. ¡Los gringos y su siempre sorprendente manera de reinventarlo todo! Por no decir copiar… tá bien, pero no copian tan mal, sino no fueran una potencia mundial. Copiándola los mexicanos de su abusivo vecino, la recibieron con bandeja de plata. ¡De verdad! Cuánto de usufructo los mercaditos, los bazares y las tiendas de ropita no obtienen de los menesteres y artefactos de la fiesta tenebrosa.

Una festividad que, si tal vez en una época muy antigua significó ritual sagrado de los seres humanos en contacto con las potencias ignotas de la madre Naturaleza, ahora no es otra cosa sino un carnaval mercantil disfrazado de fiesta religiosa. Exagero, ya ni eso, más bien pachanga bullanguera, licenciosa y parrandera. Los manes y los númenes nos van a meter un susto por violar sus misteriosos sacramentos. El paganismo también se compra con tarjeta de crédito o débito, a no ser que a cash, cash. Y si no alcanza, los artilugios mágicos necesarios para la caricaturesca pasarela de imbéciles también se hipotecan, se fían, se prestan o se empeñan. Bienvenido sea el maravilloso neoliberalismo a México. No es cierto, neoliberalistas sólo los yanquis, ¿apoco se creyeron esa leyendita cabalística de que nos iban a dejar entrar en su mercado? ¡No! Señor del cetro financiero sólo hay uno, pero su nombre no se menciona porque infunde miedo con armas atómicas.

Uno de estos libertinos me puede objetar que no es posible practicar tradiciones ajenas dado que su introducción se gesta en un devenir histórico. ¿En serio un libertino de éstos elaboraría un argumento tan bien hilvanado? Pero si a lo único que le prestan atención es aquello que les deja un poco de placidez efímera como un coito casual con su novia vestida y maquillada de enfermerita, la cual seguro también es una reverenda ideoooo…logizada. Al fin y al cabo, temo que está en lo cierto, aunque podemos contestarle que ello sería posible si esas costumbres son introducidas a madrazos y a la fuerza, como le hizo la trastornada Iglesia con su religión diabólica, y que de hecho así lo ejecuta de igual manera la cultura gringa,  mas yo no hablo de eso, sino de que la fiesta nos es dada disfrazada de algo que ni nos esperamos porque se viste con los trajes, pinturas y utensilios más maquillados.

Claro, mientras los ladrones están disfrazados de políticos, el ciudadano mexicano insignificante y mundano se disfraza de seres inmortales, magníficos y supraterrenales. Tanto los monstruos como los mexicanos comparten entre ellos algo, incluso en la normalidad de cualquier otra fecha del año, esto es, que son inmundos, repugnantes y asquerosos. ¡Qué contraste tan pícaramente macabro! A los engendros apestosos, por cierto, que yo más temo son a los ladroncillos de las calles porque esos adefesios aberrantes sí te andan quitando la vida. Prefiero encontrarme al mismísimo Mefistófeles en un cruce de caminos porque por lo menos con él puedo hacer un trato donde las dos partes salgan ganando, en vez de toparme a un horripilante ratero de barrio y toda su grotesca hueste. El demonio maligno que posee sus cuerpos decadentes es la vorágine codiciosa del lucro y el desempleo devorador de mundos, y por eso roban al mundano transeúnte lo que sea que le hallen.

A cambio de un día de diversión tenebrosa, de una convivencia grupal libidinosamente espeluznante y una comunidad mediocre alcoholizada, trajeada de imágenes dizque tétricas, se les venden películas de terror choteado, vestimentas carísimas sacadas de la imaginación de un chaquetero que se inventa personajes de las mismas películas, motivaciones para sentirse sensual y a la onda, ilusiones de creación artística, como las de los diseños de moda, y un poquito de autoestima para aquellas mentes ridículas y acomplejadas que tienen ansias de ser adoradas como divinidades monstruosas en sus sagrados muros de las redes sociales.

Toda una parafernalia megalómana de narcisistas y metrosexuales representa el acostumbrado carnaval. Y ¿cómo no van a resultar malitos de sus cabecitas, si su sociedad todos los días del año es bien carnavalesca, carnífera, carnicera, sanguinolenta, sanguinaria, sanguínea? Los siguientes son algunos de los cuentos terroríficos de siempre en el folclor mexicano: masacres y violaciones de mujeres a diestra y siniestra, asesinatos y trata de niños a diestra y siniestra, secuestrados con dedos mochos a causa de una recompensa a diestra y siniestra, además de gentes decapitadas por las ocultas mafias a diestra y siniestra.

Yo no entiendo en mi inocencia porqué el mercado mexicano no le hace la competencia al gringo en hacer películas de psicópatas, asesinos seriales y masacres como las de Atenco y Culiacán. Si hicieran más películas mexicanas acerca de carnavales donde el disfraz más común fuera el de asesino, de violador o narco, o el de político (éste sería el más malévolo), así el mercado fílmico tendría un alza inmediata. Ahí está su genio de la lámpara: el lucro fílmico y las tienditas de ropitas macabras, pero con sellito de made in Mexico, sino no.

Los Reyes, Estado de México.

lucius.severianus@gmail.com

 

Imagen de portada tomada de

https://www.bootsforcheaper.com/halloween-adventure-in-nyc/

MANIFIESTO DEL SÁTIRO

Por Lucio Severiano y Leo Müller.


 

Sobre las fuentes: el conocimiento pequeñito.

La época actual, donde todo es información, manifiesta como su símbolo característico lo que llamamos las nuevas tecnologías de la comunicación y la información. Todos tenemos acceso a todo y tenemos contacto con todos a través de nuestros juguetes favoritos. Esto nos ha hecho olvidar a menudo que vivimos con una falsa investidura de sabelotodo y sensación de omnipresencia que poco demuestra su efectividad en lo que respecta a la vida diaria, pues, si se mira con atención, al parecer lo que sucede es que con el cuento del conocimiento para todos se ha consolidado una nueva y más efectiva forma de manipulación. A menudo nuestro pensamiento toma la forma de la fuente de la que obtiene su supuesto conocimiento.

Leer más “MANIFIESTO DEL SÁTIRO”