EL CERDO HA HABLADO

A mí no me engañas, ¡Cerdo!, ¡Gran Cerdo! Bueno sí. Llevo poco más de diez años pagando el servicio celular que ofreces. Pero incongruencias aparte, no me engañas.

A ti nunca te ha importado este país. Te he visto ya varias veces y sueles aconsejar de dientes para afuera. Propones y propones pero no pones el ejemplo. Eres un farsante más en este mundo de farsantes y haz contribuido como todos al hundimiento de este país de pobres, de hipócritas y de mustios como tú.

Eres lo mismo oportunista que Cerdo. Ahora resulta que llamas a la borregada de reporteros de los medios nacionales para darte una vez más tus aires de grandeza. Ojalá construyas tu aeropuerto y por fin, ya contento con el usufructo, guardes un perenne silencio del alcance de tu ambición.

Yo no creo que se hunda el aeropuerto, ¡Si no se han hundido con el peso de tu ambición y corpulencia, Gran Cerdo, ya nada puede hundirse más en este país hundido!

Una de las grandes virtudes de la lengua española es esa facilidad con la que puede usarse para dar envolturas inocentes y tiernas a las palabras de los más grandes hijos de puta de la nación. Entonces, ahora tú emites humildes opiniones en pro del beneficio de la nación. La nación de la que te has atascado como el Cerdo que eres para alcanzar el poder que le da sentido a tu vida, el combustible de tu ambición. Bien por ti.

A mí me da gusto que mis compatriotas se superen día a día: me da gusto que Aurelio Nuño termine de ler sus libros; me da gusto que Andrés gane amigos de entre, incluso, sus enemigos; me da gusto que Anaya viaje por el mundo y amplíe sus horizontes; me da gusto que Peña haya acabado la carrera con mención honorífica por la tan chingona tesis que se aventó a escribir, contra todo pronóstico por su deficiente intelecto, y le haya demostrado al pueblo iletrado lo que es un hombre de ciencia y letra con valentía y honestidad; me da gusto que cada día seas más rico, Cerdo. Neta.

El Sátiro y yo, Leo Müller, te enviamos un abrazo y a ver qué día que no estés tan ocupado hablando de negocios, nos echamos un vinito y unas putas extranjeras. Adiós.

SÍNDROME CARLOS FUENTES

Por Edgarovich.


Carlos fuentes

Quizás nunca se había escrito tanto como ahora, en este momento de la civilización humana, con tanta gente con tanto acceso a tantos medios masivos para propagar nuestras tantas ocurrencias. Pero esto significa que también los perjuicios de la mala escritura se propagan más que nunca.

Hay un síndrome en particular que es muy común y muy pocas veces se nombra, pero afecta a los entusiastas de la escritura en sus múltiples facetas: literaria, filosófica, científica, periodística… y sí, también la twittera, facebookera y las que más han crecido en los últimos años. Es importante nombrarlo y hablar sobre él, pues es cosa seria que nos daña, nos impide desarrollar nuestra creatividad y, sobre todo, resulta molesto: hablamos del síndrome del escritor que no tiene sentido del humor. Pero como ese nombre no logra dimensionar la gravedad del asunto, preferimos llamarle síndrome de Carlos Fuentes.

Describir este síndrome no es fácil, pero podemos empezar por el auto-diagnóstico, que en cambio sí es muy fácil. Se trata en realidad de un problema de actitud, pero deriva en malformaciones a la hora de escribir. Para realizar un simple test casero sólo se requiere un espejo y uno o dos minutos de su tiempo. Acérquese al espejo y adopte una expresión seria, severa, de gente que piensa. De gente que desprecia a todos, pero de forma inteligente. Entorne los ojos y levante la barbilla. Encuentre en su rostro la expresión de la superioridad intelectual. También gire la cabeza ligeramente hasta que encuentre su ángulo más atractivo. Elija sólo uno. Ponga cara de Carlos Fuentes, para acabar pronto.

El punto es que cuando se vea a sí mismo con esa expresión altiva y solemne, se diga en voz alta: “mi trabajo es cosa seria, soy un escritor serio”. Si no se le retuercen las entrañas por la risa al decir esto, padece usted de nada más y nada menos del síndrome del escritor que no tiene sentido del humor. O síndrome de Carlos Fuentes. Claro que ese test no sirve si uno quiere diagnosticar a alguien más sin que se dé cuenta y, admitámoslo, ésa es siempre la mejor parte. Comenzaremos explicando algunas pruebas para el ámbito de la escritura en facebook, pues resulta la más actual y, admitámoslo, las demás ya no le importan a casi nadie.

Las pruebas consisten en provocar al sospechoso con distintos estímulos y observar sus reacciones, en el mismo espíritu del procedimiento médico que consiste en agujerear a un paciente con objetos punzocortantes para ver si puede sentir dolor. Aquí también hay espacio para ponerse creativo con las pruebas. Por ejemplo, digamos que reacciona usted con un “me da risa” a sus tratados ideológicos de dos párrafos que pone como estado de facebook y la persona reacciona enojándose, entonces padece Carlos Fuentes. Digamos que le pide usted un resumen con dibujitos de sus comentarios que parecen más bien ensayos en sus pseudo-debates, explicándole que no está dispuesto a leer comentarios de más de cincuenta líneas y digamos que la persona se enoja por esta burla, pues entonces padece Carlos Fuentes. Si usted responde con memes altamente cómicos para dar fin a un debate innecesario, irrelevante y tonto, y la persona nunca les da ni un me gusta y además se enoja con usted, padece Carlos Fuentes.

Todo esto, además de enriquecer nuestro entendimiento de la psicología a través de la escritura y de la escritura a través de la psicología, tiene la ventaja de que es divertido imaginar que Carlos Fuentes se hubiera comportado de esta manera de haber manejado alguna vez una cuenta personal de facebook. También puede uno imaginárselo fallando la prueba del espejo una y otra vez. En fin.

 

Imagen tomada de:

http://alternativo.mx/2016/11/un-dia-como-hoy-nace-carlos-fuentes/