FIRMAS ESPURIAS

 

En efecto, ya se acerca la fecha con fama de opípara controversia sobre la que debo opinar: las elecciones mexicanas. Pocos casos tan particulares en los cuales se me antoja trasladar el significado del verbo opinar al de la palabra vomitar, y viceversa.

Soy proclive a declarar que las cosas grandilocuentes en este país, cuando se requiere de su fuerza y seguridad, se hacen chiquitas chiquitas. Así las Instituciones de esta gran nación que, ante las cosas más simples, resuelven como resolvería uno de esos animales bípedos llamados ciudadanos que cada vez que producimos en mayor volumen y en menos tiempo.

Hay una frase mexicana (como tantas frases pendejas que aprendemos aquí) que ajusta muy bien con lo que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación acaba de resolver sobre la validez de la candidatura independiente del llamado grandilocuentemente (a lo macho feminicida) El Bronco: ¡Tengan tantita madre!

Ya rebajado el discurso al nivel popular, que es el que se consume como pan caliente, permítame ahora ir cuesta arriba en la expresión verbal. Quiero pensar que este pueblo gentil del que tanto me burlo está cansado de los fraudes. Desde cierto momento en la vida cualquiera entiende que falsificar una firma es algo inapropiado, ilegal, tramposo y motivo suficiente de un gran castigo.

Cuando cursaba la secundaria existía un profesor que nos exigía que algún padre o tutor firmara las crónicas de clase (que él llamaba resúmenes) para que fueran aceptadas para la calificación. Solía amenazarnos diciendo que sin firma no aceptaba nada, pero como nadie era tan teto como para andar solicitando las firma a nuestro padre o tutor, pues la falsificábamos. Bueno, yo la falsificaba. Pero estamos hablando de una estúpida crónica de una estúpida clase que solicitaba un estupendo profesor.

Lo que aquí acaba de acontecer (como diría un policía mexicano) es una falta grave a la Ley y a los Procedimientos. No hay justificación. Además, si usted ya leyó Votos piratas, de mi amigo Lucio Severiano, se habrá enterado de los atropellos (figurados) a los humildes e inocentes ciudadanos (exceptuando a Lucio) que el tribunal acometió. El Tribunal necesita un Tribunal que lo Juzgue por la forma en que acaba de Juzgar.

Ésa es mi humilde vomitada.  🙂

 

Imagen de portada tomada de:

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EL CERDO HA HABLADO

A mí no me engañas, ¡Cerdo!, ¡Gran Cerdo! Bueno sí. Llevo poco más de diez años pagando el servicio celular que ofreces. Pero incongruencias aparte, no me engañas.

A ti nunca te ha importado este país. Te he visto ya varias veces y sueles aconsejar de dientes para afuera. Propones y propones pero no pones el ejemplo. Eres un farsante más en este mundo de farsantes y haz contribuido como todos al hundimiento de este país de pobres, de hipócritas y de mustios como tú.

Eres lo mismo oportunista que Cerdo. Ahora resulta que llamas a la borregada de reporteros de los medios nacionales para darte una vez más tus aires de grandeza. Ojalá construyas tu aeropuerto y por fin, ya contento con el usufructo, guardes un perenne silencio del alcance de tu ambición.

Yo no creo que se hunda el aeropuerto, ¡Si no se han hundido con el peso de tu ambición y corpulencia, Gran Cerdo, ya nada puede hundirse más en este país hundido!

Una de las grandes virtudes de la lengua española es esa facilidad con la que puede usarse para dar envolturas inocentes y tiernas a las palabras de los más grandes hijos de puta de la nación. Entonces, ahora tú emites humildes opiniones en pro del beneficio de la nación. La nación de la que te has atascado como el Cerdo que eres para alcanzar el poder que le da sentido a tu vida, el combustible de tu ambición. Bien por ti.

A mí me da gusto que mis compatriotas se superen día a día: me da gusto que Aurelio Nuño termine de ler sus libros; me da gusto que Andrés gane amigos de entre, incluso, sus enemigos; me da gusto que Anaya viaje por el mundo y amplíe sus horizontes; me da gusto que Peña haya acabado la carrera con mención honorífica por la tan chingona tesis que se aventó a escribir, contra todo pronóstico por su deficiente intelecto, y le haya demostrado al pueblo iletrado lo que es un hombre de ciencia y letra con valentía y honestidad; me da gusto que cada día seas más rico, Cerdo. Neta.

El Sátiro y yo, Leo Müller, te enviamos un abrazo y a ver qué día que no estés tan ocupado hablando de negocios, nos echamos un vinito y unas putas extranjeras. Adiós.